Laura descubre que su prometido Javier la engaña, tiene otra pareja. No es la primera vez que pasa, ella le habia dado otra oportunidad y creyo que cambio, pero tan solo se habia vuelto mas experto en sus mentiras. El tio de Javier, Ricardo, ofrece su ayuda a Laura, no solo para que salga de ese amor posesivo que tenia su sobrino, sino que a la vez él mismo como su pareja predestinada, al confesar sus sentimientos prohibidos que arrastraba por ella al ser la pareja de su sobrino. ¿Laura podra vengarse de Javier? ¿Laura y Ricardo, Tendrán su final feliz?
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22- Es hora de pagar los platos rotos
🔵JAVIER TORRES
Apenas agarro a Linda del brazo y la jalo fuera de ese maldito salón. Los periodistas eran una jauría. Flash, gritos, micrófonos en la cara.
"¡Infiel!"
"¡Javier, le fuiste infiel a Laura Love!"
"¡Contesta!".
No contesté. No podía. Solo corrí. Linda tropezaba con el vestido y yo solo pensaba: nos van a destrozar.
Afuera, en el estacionamiento, me metí al auto temblando. Linda lloraba a mi lado.
—¿Viste lo que decían? Que Laura fue bondadosa. Bondadosa por cederme su lugar porque estoy embarazada.
Escupí del asco.
—Bondadosa una mierda. Ella le entregó a la prensa toda nuestra historia. Ella me vendió.
***
Los días siguientes fueron un infierno. En todos lados hablaban de lo mismo. Que Laura era una santa por hacerse a un lado. Que yo era un vividor. Los seguidores de Linda se le fueron en manada. Le dejaron de seguir, le tiraban hate en cada post. Su popularidad se desplomó por meterse conmigo. Por meterse en medio de mi relación, decían.
Y yo exploté. Una noche llegué al departamento que le habia comprado y la eché. Le tiré la maleta a la puerta.
—Fuera. Por tu culpa estoy así.
La traté peor que a un perro, lo admito. Estaba ciego de rabia.
Al día siguiente la veo en todas las cámaras. Hecha la víctima. Llorando que no tenía idea de que yo estaba comprometido. Sacó chats, sacó fotos, sacó pruebas de que yo le juraba que Laura y yo estábamos mal. Dijo que yo la engañé a ella también. Que yo le manejaba los canales y le sacaba sus ganancias.
Ahí terminé de hundirme. El público me linchó. Yo era el monstruo, el vividor, el que usaba mujeres.
Llegué a casa de mis padres gritando:
—¡Voy a destruir a los Love!. ¡Laura destruyó mi imagen!. ¡Por su culpa no voy a conseguir más trabajo en mi vida!. ¡Me las va a pagar!.
Mi mamá no me dejó terminar. Me estampó una cachetada que me dejó la cara ardiendo.
—¿Destruir a Laura? Tú fuiste el causante, Javier. Tú. Tenías a la mujer perfecta y la perdiste por calenturiento. No culpes a Laura de tus porquerías.
Me quedé helado. Mi papá se paró enfrente mío, serio como nunca.
—Te vamos a arboletear si hace falta, a ver si las ideas se te acomodan. Se acabó el niñito. De ahora en más vas a actuar como un hombre maduro y enfrentar las consecuencias de lo que hiciste. Laura no te debe nada.
Los miré a los dos y solo podía repetirlo en mi cabeza:
" Laura me destruyó. Los Love me destruyeron. Y yo solo quiero una cosa. Destruir a los Love. Cueste lo que cueste".
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Desde entonces me quede en casa de mis padres, escondiendome como gallina, porque donde sea que fuera, todos me linchaban.
Como nunca estoy levantado a las 7:40 am. Mi mamá pone un plato con dos tostadas frente a mí. Mi papá revisa una libreta de cuentas en la mesa.
—No me alcanza ni para el café de la esquina. ¿Entienden eso? Javier Torres contando monedas para comprar pan.
Reniego lanzando mi billetera.
—Tuve que vender la casa de Palermo. La vendí mal, apurado, porque los acreedores ya me respiraban en la nuca. Después fue el auto. El auto que tanto amaba, se lo llevó un tipo que ni me miró a los ojos. Firmé y ya. Con eso pagué la mitad de las deudas. La otra mitad salió de mis cuentas... De esas cuentas que nadie sabía que tenía. Las secretas. No sé cómo se enteraron, pero me las vaciaron. Un día tenía 80 mil dólares escondidos y al otro día cero.
—Hijo, aquí no se paga con lástima. Si vas a vivir bajo este techo, pones para la luz, para el gas y para el mercado. Como todos.
Me dijo mi madre, mi propia madre, remarcando que debia pagar todo lo que use en su casa. La misma casa que me vio crecer. No tenia otro lugar donde ir, no me queda otra que esconder la cola entre las patas, agachar cabeza y solo aceptar lo que me impongan.
—Ya sé, mamá. Ya sé. Ayer dejé 40 mil pesos en la mesita. Es todo lo que me quedó después de pagarle al banco. Cuarenta mil. Antes me gastaba eso en una cena con vino.
—Lo peor fue descubrir lo de la boda. Cuando empezaron a llegar las facturas, pensé que Laura o su familia las iban a cubrir. Flores, salón, catering, el vestido... Todo. Fui a reclamarle a los Love y el abogado de Laura me miró como si yo fuera idiota, de ellos no hay rastros, si quiero hablar o reclamar solo con el abogado.
"Javier, todo está a nombre de los Torres. Ustedes firmaron. Nosotros no pusimos un peso".
—Me quería morir. Toda la boda, cada centro de mesa, cada copa, estaba a mi nombre. A nombre de papá. Los Love no pusieron ni para los recuerditos.
Hablo en voz alta, es todo lo que me queda, mi voz y poder descargar mi frustración de algun modo.
—Por eso estamos hasta el cuello. Porque firmaste como un nene encandilado y no leíste nada. Ahora el salón, la decoradora y hasta el DJ nos están cobrando a nosotros.
Mi padre elevo la voz golpeando con el puño la mesa.
Me paso las manos por la cara.
—Y yo me acuerdo de Laura. Me acuerdo de las veces que le mentía. "Amor, este mes estamos ajustados". "Amor, hay que ahorrar para la boda". Mentira. Yo me iba tres días a Punta del Este y le decía que tenía reuniones. Me quedaba en el Four Seasons y le mandaba una foto de una sala de juntas vacía. Ella hacía malabares con la tarjeta para comprar las cosas de la casa. Calculaba cada peso. Yo me reía por dentro.
—Ahora soy yo el que cuenta. Soy yo el que mira el precio del jabón y lo vuelve a dejar. Soy yo el que camina porque no tengo para el taxi. Nunca supe lo que era no tener un peso en el bolsillo. Nunca. Laura sí lo sabía. Y yo me burlaba.
Mi padre deja la taza con fuerza en la mesa.
—Entonces ya sabes lo que ella pasó por tu culpa. Bienvenido a la vida real, Javier.
Aprieto la tostada hasta romperla.
—Antes yo tenía viajes, hoteles, restaurantes. Mujeres que me decían que sí por la billetera. Ahora tengo acreedores, facturas y la mirada de ustedes dos juzgándome en cada desayuno.
—No me queda nada, papá. Nada. Y lo que más me quema es que Laura tenía razón. Siempre tuvo razón.
Mi padre, el señor Torres, cierra la libreta.
—No. Lo que te quema es que por fin te toca pagar. Y vas a pagar hasta el último centavo. Trabajando. Como un hombre.
—¿Y si no consigo trabajo? ¿Y si nadie me contrata por todo el escándalo?
—Crees que inicie como empresario... No señor... Desde abajo me hice... Fregando pisos, haciendo mandados... Por lo que tu señorito, iniciaras limpiando esta casa, cocinas y vas a buscar trabajo todos los días a las 8. De lo que sea. Se acabó el vividor.
Sentencio mi padre.
Me trago la saliva y miro las dos tostadas.
—Entendido.
Le respondi, no era el momento de hacerme el gallo, aún no.
Laura no es la del problema eres tu queridito mira que quedó embarazada de tu tío , tu debes ser estéril