Tres amigos fijan un objetivo cada uno y deciden grabar un vídeo esperando poder cumplirlos en un año... pero las situaciones alterarían los planes iniciales.
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Capítulo 2
La forma como ha ocurrido está interacción me genera dudas. Me empiezo a sentir tentado a abandonar el lugar en este momento. Pero solo es una sospecha.
En cualquier caso, me parece claro que no es un simple torneo amistoso. Así que digo a Jonathan: “No pregunté por premios o por costo de inscripción porque creí que sería simplemente un torneo amistoso. Pero parece que no es así.”
Jonathan: “No te preocupes por eso. No tendrás que pagar ni un centavo porque de eso me encargo yo.”
Me viene a la mente la idea de que si hay un costo de inscripción y de allí sale el premio para el ganador, quizás Jonathan ya lo pagó o espera ganar y de allí paga mi inscripción o quizás tiene alguna idea parecida. No me incomoda pagar para entrar a un torneo si fuera el caso, pero creo que prefiero no mencionar esto a Jonathan.
A pesar de las dudas, ya estoy aquí. Así que elijo continuar.
Al entrar al lugar donde se jugarán las partidas veo 8 tableros y en total somos 8 hombres y 8 mujeres. Se hace una especie de sorteo para determinar en qué mesa juega cada quién, pero al parecer… el torneo es de hombres contra mujeres.
Me asignan una mesa y al sentarme, una mujer se sienta del otro lado de la mesa enfrente mío, lo que claramente indica que ya se quién es mi rival en esta primera ronda.
Con todos sentados, Jonathan dice a Gipsy: “¿Iniciamos la primera ronda?”
Gipsy responde: “iniciemos”
La mujer enfrente de mi me tiende la mano, acción típica del inicio de una partida en un torneo. Le doy la mano y empezamos a jugar.
Rápidamente, me doy cuenta de que mi rival no es muy buena jugando ajedrez, pero elijo jugar con lentitud a pesar de tener claro cuál es la jugada que voy a hacer.
Después de un rato escucho a Jonathan decir: “gané”
Y se levanta con una sonrisa que no le cabe en la cara.
Poco después Gipsy también dice: “gane” y se levanta, aunque la noto más moderada en su forma de actuar que a Jonathan.
Decido que es momento de acelerar y derroto a mi rival. Ella se ve triste, a mi criterio demasiado para una partida de ajedrez aunque tenga un costo de inscripción, pero no es la primera vez que veo eso en un torneo.
Las demás partidas terminan y para la siguiente ronda han quedado 4 hombres y 4 mujeres.
Mientras se alistan los 4 tableros algo llama mi atención. Los que han perdido no se han retirado, sino que siguen en el lugar a la espera de los resultados de los ganadores.
No me resulta extraño que los jugadores que pierden vean otras partidas, pero, ¿Qué no se supone que el que perdía se iba? ¿O acaso la idea es que yo en particular no me quede a ver el final? Claro. Quizás estoy siendo paranoico y lo único que Jonathan trataba de decir es que no necesitaba quedarme si lo consideraba una pérdida de tiempo. Igual nadie de los que se queda parece sentirse obligado, si bien resulta obvio que personas favorecen a qué bando.
De todos modos quiero saber más así que me acerco a Jonathan antes de sentarnos a jugar y digo: “Jonathan. Creí que los que perdían se iban.”
Jonathan sonríe y dice: “El club de fans de Gipsy no la van a abandonar, y los que han perdido de mi lado de seguro quieren verme jugar. Es más o menos cuando juega un Gran maestro que todos quieren ver su partida. Sin embargo, ya que están hechos los pareos sería bueno que jugaras esta partida y si después te quieres retirar, aun si logras ganar, sería bueno que lo menciones antes del siguiente pareo.”
Vamos a ver los pareos y es inevitable notar uno en particular… Jonathan vs Gipsy.
Jonathan me dice: “Ahora sí me disculpas, parece que en esta ronda hay que separar a los que saben jugar de los que no.”
Digo: “Tómatelo con calma Jonathan. No conozco a Gipsy pero si tiene un club de fans como dices, debe ser buena.”
Jonathan: “Si, como digas.”
De cualquier forma, juego la siguiente partida. Sin embargo, resulta imposible no notar que todos los perdedores, y algunos jugadores de la segunda ronda observan, algunos constantemente y otros ocasionalmente un solo tablero.
De cualquier modo, me concentro en mi juego y aunque mi adversaria es mejor que la anterior, igual me resulta relativamente fácil obtener ventaja.
Algún tiempo después, cuando ya tenía ventaja decisiva en la partida, escucho un golpe en una mesa.
Al observar, veo que Jonathan, que había dado el golpe le tiende la mano a Gipsy. Después del apretón de manos Jonathan se retira claramente amargado mientras que todas las demás mujeres que ya terminaron sus partidas felicitan a Gipsy.
Allí noto que solo falta mi partida por terminar. Las mujeres gradualmente se acercan a ver y noto cara de disgusto en ellas.
Sin embargo, lo que más me sorprendió fue lo que pasó cuando Gipsy se acercó.
Al ver la partida, Gipsy le tocó el hombro a mi rival y le dijo: “ya no juegues eso.”
Mi rival me tiende la mano en señal de rendición y se ve que le salen lágrimas de sus ojos.
Le doy la mano y después las mujeres la rodean y la consuelan con palabras. Me retiro del tablero escuchando que le dicen: “tranquila”, “solo queda él”, “Jonathan ya fue derrotado” y de allí simplemente voy a ver a Jonathan.
Esta situación me tiene demasiado tenso. Encuentro a Jonathan quién parece como si le acabaran de asesinar a su madre.
Digo: “Tranquilo Jonathan. Se nota que Gipsy es una buena jugadora. Seguro es capaz de derrotar a muchos adversarios y por eso tiene un club de fans.”
Jonathan se ve claramente amargado y no dice ninguna palabra.
En eso Gipsy se asoma y al ver a Jonathan simplemente me dice a la distancia: “5 minutos de descanso y de allí toca la siguiente ronda.”
Entonces Jonathan reacciona y dice: “pero los otros 2 participantes hombres no ganaron.” Y entonces me mira fijamente y dice: “¿Ganaste?”
Digo: “sí, pero igual ya me voy. No me siento cómodo aquí.”
Jonathan: “NO. ¿Cómo que te vas? Eres el único que nos queda.”
Digo: “Deja que las mujeres ganen. Creo que algunas ya están bastante afectadas.”
Jonathan: “Necesito que te quedes y ganes. Eres claramente mejor de lo que creía. Por favor, ayúdame.”
Digo, pensando en lo que me es obvio y con algo de enojo: “Jonathan, ¿Qué es lo que no me has contado?”
Jonathan claramente nervioso dice: “hicimos una apuesta. Debes ganar o estaré en problemas.”
Digo, algo enojado: “no me gustan las apuestas y tú lo sabes perfectamente.”
Jonathan: “lo sé. Por eso no te lo dije. No pensé que esto llegaría a pasar, pero las mujeres fueron mejor en ajedrez de lo que creía.”
Digo: “pues entonces diles que los hombres perdieron y paga la apuesta.”
Jonathan con miedo a mi reacción dice: “no tengo plata para pagar la apuesta.”