Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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Heridas que regresan
Toqué la puerta varias veces, pero nadie abría. Me desesperé aún más y empecé a golpearla. Tomé una piedra y rompí la chapa. Entré de inmediato.
La casa estaba destrozada y había varias cosas en el suelo. Incluso había vidrios.
—Cálmate, cálmate —me dije una y otra vez—. Respira profundo.
Y me dirigí a la habitación de Emily, pero mientras subía las escaleras, un viejo recuerdo que pensé que había olvidado vino a mi mente. Un recuerdo que me causaba tanto dolor: el día en que mi padre nos abandonó. Yo estaba encerrada en un armario con Harry. Él solo tenía seis años. Desde allí escuchamos su discusión.
—No puedo seguir con esto.
—Por favor, no me dejes —la voz sollozante de mi madre aún podía escucharla—. No puedo estar sola. Por favor, no me dejes. Te lo ruego, George. Por favor, no lo hagas.
—Perdóname.
La puerta se cerró de inmediato y luego escuchamos ese disparo.
Mi corazón tembló. Volví a mí. La puerta de la habitación estaba cerrada. La golpeé y esta se abrió de inmediato, pero lo que vi me dejó sin aliento.
Emily estaba en el suelo y, a su alrededor, había sangre. Corrí hacia ella, la tomé entre mis brazos. Estaba inconsciente. Me di cuenta de que tenía un golpe en su frente. Su rostro estaba cubierto de sangre. Tomé el celular y luego llamé una ambulancia. Mientras esperaba, llamé a Ethan. Él me respondió de inmediato.
—Cariño, necesito que vayas al hospital.
—Valeria, ¿qué pasa? —su voz se oía preocupada.
—Necesito que llames a mi madre y a los padres de Emily. Vine a su casa y la encontré en el suelo. Tiene una herida en su frente, está cubierta de sangre. Ya llamé a la ambulancia.
—Valeria, por favor, cálmate. Ya salgo para el hospital, pero haré las llamadas antes. Tranquila, todo va a estar bien.
—Lo haré. Por favor, no tardes. Nos veremos allá.
Él colgó la llamada.
No pasó mucho para que la ambulancia llegara.
Desde que llegamos, ella fue atendida. Yo me reuní con Ethan. Estaba tan asustada que me lancé a sus brazos. Mi mamá llegó con los padres de Emily. Por suerte, ella estaba bien. Se le bajó la presión tuvo un mareo y cayó. pero en la caída se golpeó con la mesa la frente, pero, por suerte, el golpe no fue grave. Ella y el bebé estaban bien.
Los padres de Emily y mi madre se quedaron con ella. Yo salí con Ethan afuera del hospital, pero no pude decirle nada sobre Harry. No estaba segura si debía decirle, aunque por los rumores era evidente que se enterarían.
Pero me preguntaba si los comentarios que hacían eran verdaderos o solo eran habladurias.
—¿Te pasa algo?
—No, estoy... solo aún estoy preocupada.
—Gracias al cielo, Emily está bien. No tienes por qué preocuparte.
—¿Lograste llegar a tiempo?
—Sí, llegué a tiempo.
—¿Por qué fuiste a la casa de Emily? Si no estoy mal, aún estabas en horario laboral. ¿Ella te puso algún mensaje o Harry?
—No, solo tuve una corazonada, nada más.
—Entiendo, aunque es extraño.
—Un poco.
Mientras observaba a Ethan, los recuerdos de Emily venían a mi mente: cuando estaba en el suelo, cómo la casa estaba desordenada y llena de vidrios. La conversación de esas maestras venía a mi mente una y otra vez. Pero ¿podría creer aquello?. ¿Cómo era posible que mi hermano la hubiese engañado?
Tomé la mano de mi esposo con fuerza y me recosté en su hombro. Yo me sentía tan agradecida de tenerlo a él. En todos estos años, él ha sido tan bueno conmigo.
—Eres mi bendición.
—Y tú la mía.
—Valeria.
—Madre.
Dirigí mi mirada hacia ella. Estaba tan seria. Su rostro mostraba angustia. Se acercó a nosotros, miró a Ethan.
—Ethan, necesito hablar con mi hija, por favor.
Al escucharla, me di cuenta de inmediato de que ella quería hablar sobre Harry y Emily. Era evidente por la forma en que hablaba. A Ethan le pareció extraño, pero solo se alejó. Yo me quedé sola con ella en la mesa. No había personas a nuestro alrededor, así que no había ningún problema en que habláramos.
—Valeria, ¿sabes qué está pasando entre tu hermano y Emily? Su actitud es rara. Él llegó hace poco. Los dejamos solos en la habitación, pero solo un momento después él salió. Parecía preocupado. Cuando me acerqué a Emily, ella estaba molesta. En realidad, no entiendo qué sucede.
—No lo sé, mamá. En verdad no lo sé.
A mí no me correspondía decírselo a ella y tampoco quería generar rumores que ni siquiera sabía si eran ciertos, aunque por lo que mi madre me decía empezaba a dudar aún más de que fueran falsos.
—Está bien, querida. Cuando Emily se recupere, hablaré con Harry. Ahora no es buen momento.
—Sí, mamá, tienes razón.
—Emily estará hospitalizada hasta mañana. Le pregunté si la acompañaba y ella me dijo que se quedaría sola. Incluso les pidió a sus padres que regresaran a casa. Tú también deberías hacerlo. Ya es tarde. Mañana Ethan y tú deben ir temprano al trabajo.
—Sí, mamá, pero primero me despediré de Emily.
—¿Ya te vas?
—Sí, ya me iré.
—Hablaremos después. Adiós.
—Adiós, mamá.
Me dirigí hacia la habitación de Emily. Aunque estaba nerviosa, respiré, tomé fuerzas y toqué la puerta.
—Adelante.
Di un paso y la vi en la camilla. Estaba pálida. Ella parecía desconcertada. Observaba hacia la ventana, la noche y la hermosa luna que se alcanzaba a divisar.
—Es hermosa.
—Sí, lo es, preciosa.
—¿Cómo te sientes?
—Mucho mejor.
—Gracias, Valeria, por lo que hiciste por nosotros.
—Fue un placer.
— Alan estará muy orgulloso cuando sepa que su tía le salvó la vida.
—Gracias, Emily.
—Estoy feliz de que estén bien. Me preocupé mucho. Mi madre me dijo que les dijiste que te quedarías sola. ¿Estás bien con ello? Si quieres, yo puedo...
—No, tranquila. Yo estoy muy bien.
—Está bien. Entonces mañana vendré por ti para llevarte a casa.
—Sí, es perfecto. Te esperaré.
—Ya tengo que irme.
—Adiós, Emily.
—Adiós, Valeria. Muchas gracias por todo.