NovelToon NovelToon
EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Mafia
Popularitas:836
Nilai: 5
nombre de autor: miamartina

Soy Natalia Salazar. Tengo veintitrés años y jamás imaginé que una amistad de la infancia pudiera convertirse en algo más.

En Puerto Marina nadie pronunciaba el apellido Salazar sin bajar la voz. Mi padre era el hombre más temido de la ciudad, y crecer bajo su sombra significó vivir entre guardaespaldas, reglas y puertas cerradas. Mientras otros hacían amigos en la escuela o salían los fines de semana, yo aprendí a mirar el mundo desde lejos.

Pero no estaba completamente sola.

Tenía a Marcos y a Alex.

Nos conocíamos desde niños y, aunque rara vez podíamos vernos fuera de los eventos organizados por nuestras familias, ellos eran lo más parecido a una vida normal que había tenido.

Hasta aquella noche.

Lo vi entre la multitud y algo cambió.

No fue una mirada, ni una sonrisa, ni una palabra bonita. Fue algo peor: la sensación de que, por primera vez en mi vida, estaba a punto de desear algo que nunca debería haber querido.

NovelToon tiene autorización de miamartina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

TRECE AÑOS DESPUÉS

Marcos

Trece años...

Trece años habían pasado desde la última vez que vi a Natalia.

Apoyé el vaso de whisky sobre la baranda del balcón y observé el inmenso jardín iluminado por la luna.

Y ahí estaba.

Sentada sola.

Mirando el paisaje.

Exactamente igual que cuando era una niña.

Sonreí sin darme cuenta.

Algunas personas cambian con los años.

Ella seguía refugiándose en el mismo lugar.

Seguía buscando tranquilidad entre el silencio y las estrellas.

Mientras la observaba, todos los recuerdos comenzaron a regresar.

Cuando era niño, una tarde mi madre no podía quedarse conmigo. Mi padre debía viajar a Puerto Marina para reunirse con un viejo amigo y, por alguna razón que todavía hoy no logro explicar, le pedí que me llevara con él.

Nunca hacía ese tipo de pedidos.

Pero aquel día no quería quedarme solo.

Mi padre aceptó.

Cuando llegamos, otra familia ya estaba entrando a la enorme mansión.

Era Armando Torres junto a su hijo, Alex, que ya era mi amigo.

Entramos juntos.

La casa era inmensa.

Elegante.

Pero transmitía una extraña sensación de vacío.

Fue entonces cuando la vi.

Una niña mucho más pequeña que nosotros apareció para recibirnos.

Tenía el cabello perfectamente acomodado, un vestido impecable y una expresión tan seria que parecía impropia para alguien de su edad.

Nos saludó con educación.

Demasiada educación para una niña.

Durante la cena apenas habló.

Casi no probó la comida.

Alex fue el primero en darse cuenta.

—Creo que está triste... —me susurró.

Cuando los adultos terminaron de comer, nos enviaron al segundo piso para jugar mientras ellos resolvían asuntos importantes.

La biblioteca era enorme.

Nunca había visto tantos libros juntos.

Alex y yo comenzamos a leer unas historietas, hasta que notamos que Natalia ya no estaba.

La buscamos por toda la habitación.

Hasta que la encontramos.

Estaba sentada junto a una ventana escondida entre los estantes.

Mirando el paisaje.

Como si esperara algo.

O a alguien.

Me acerqué despacio.

—¿Estás bien?

Ella no respondio

—¿Estás llorando?

Negó con la cabeza.

Alex, sin decir nada, tomó una historieta y se la extendió.

—Vení con nosotros.

Al principio dudó.Pero terminó aceptando.

Y después de unos minutos...

Se rió.

Fue una risa pequeña.

Sincera.

Y en ese instante entendí que Natalia no era una niña fría.

Solo era una niña que nunca había tenido con quién reír.

Esa imagen quedó grabada en mi memoria para siempre.

Vivimos tres años en Puerto Marina.

Y todas las tardes le pedía a mi padre que me llevara a la mansión de los Salazar.

No iba por los enormes jardines.

Ni por la biblioteca.

Iba porque allí estaban mis dos mejores amigos.

Hasta que un día todo cambió.

—No, hijo.—Levanté la vista.

—¿Por qué?—Mi padre suspiró.

—Debemos irnos de Puerto Marina. Hoy mismo.

Sentí que el mundo se detenía.

Sabía que algún día podía ocurrir.

Pero jamás imaginé que sería tan pronto.

Las valijas estuvieron listas en pocas horas.

Pensé en despedirme.

Pensé en correr hasta la mansión.

Pensé en decirle a Natalia que iba a volver.

Pero no fui capaz.

Sabía que verla llorar me rompería por completo.

Así que me fui.

Sin despedirme.

Y ese fue el mayor error de mi vida.

Cuando terminé la escuela, comencé a trabajar junto a mi padre.

Al principio me asignaba tareas sencillas.

Después llegaron los documentos de exportación.

Las firmas.

Las rutas comerciales.

Y, con el tiempo, terminé encargándome del transporte de armamento, tanto legal como ilegal.

El trabajo ocupó casi toda mi vida.

Pero había noches...

En las que recordaba aquellos jardines.

Aquella biblioteca.

Y a la niña que siempre encontraba mirando el paisaje.

Muchas veces pensé en escribirle.

Pero las palabras en una carta nunca me parecieron suficientes.

Si alguna vez volvía a verla...

Quería decírselas mirándola a los ojos.

Volví al presente.

Natalia seguía sentada en el jardín.

Tomé aire.

Bajé las escaleras.

Caminé por uno de los pasillos menos transitados hasta quedar oculto por la oscuridad de unos arbustos.

Entonces hablé.

—Nunca te gustó el ruido.

Ella se sobresaltó.

—Disculpe... ¿Nos conocemos?

Sentí un pequeño vacío en el pecho.

Sonreí con nostalgia.

—Solo pasaron trece años... ¿Ya me olvidaste?

Ella permaneció inmóvil unos segundos.

Hasta que sus labios pronunciaron mi nombre.

—...¿Marcos?

Mi corazón volvió a latir con fuerza.

—Entonces todavía me recordás.

Hubo un largo silencio.

Quise aprovecharlo.

—Perdón por no haber ido aquella tarde. Yo...

—No hace falta que se disculpe, señor.

Su voz fue fría.

Tan fría como la expresión con la que la conocí años atrás.

Se levantó para marcharse.

Sin pensarlo, pronuncié su nombre.

—Natalia...

Se detuvo.

Pero no se dio vuelta.

—¿Sí, señor?

Respiré hondo.

—No siempre voy a poder estar cerca... pero te prometo que, de ahora en adelante, vamos a vernos mucho más seguido.

No respondió.

Solo regresó al salón.

Yo dejé escapar una leve risa.

Tal vez todavía estuviera enojada.

Y tenía derecho a estarlo.

Pero verla otra vez ya era mucho más de lo que imaginé durante trece años.

Aquella noche, antes de dormir, solo pude pensar en una cosa.

No iba a volver a perder la oportunidad de estar cerca de ella.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play