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La Luna renacida del Alpha

La Luna renacida del Alpha

Status: En proceso
Genre:Venganza / Hombre lobo / Venganza de la protagonista / Reencarnación
Popularitas:58.6k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valeria Luna Marín murió traicionada por el hombre al que eligió y por la hermana que juraba amarla. Le arrancaron la voz, quebraron a su loba y colgaron su nombre como una advertencia para toda la manada.
Pero antes de que la muerte la reclamara, Sebastián de la Vega, el Alpha que ella había rechazado, llegó por ella entre sangre y fuego.
Cuando Valeria despierta en el pasado, vuelve a la noche en que estaba a punto de rechazar su vínculo con Sebastián. Esta vez no huirá. Esta vez escuchará el aroma que su loba siempre reconoció.
Mientras un falso heredero, una falsa Luna y un Consejo corrupto conspiran para robar la corona de Silver Moon, Valeria deberá abrir el Moon Archive, recuperar su voz y decidir si está lista para aceptar la marca del Alpha que nunca dejó de pertenecerle.
Porque Sebastián no solo quiere salvarla.
Quiere poner la manada entera a los pies de su Luna.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 003: No voy a rechazarlo

Sebastián no respondió de inmediato.

La frase de Valeria quedó entre los dos, rara y peligrosa, como una copa de cristal puesta al borde de una mesa.

—¿Matarte? —repitió él.

No sonó incrédulo. Sonó peor: atento.

Valeria agradeció esa diferencia. En la otra vida, demasiada gente había confundido la dulzura de Isabela con inocencia. Sebastián, al menos, nunca había sido tan fácil de engañar. Su problema era otro: él había creído que Valeria quería ser engañada.

Y no podía culparlo.

Desde el pasillo llegó un murmullo. Isabela seguía allí, aunque la orden de Alpha la había obligado a alejarse unos pasos. Valeria percibía su aroma filtrándose por debajo de la puerta: gardenia, azúcar quemada y esa hebra amarga de acónito que ahora le parecía imposible no haber notado antes.

—Déjala entrar —dijo Valeria.

Los ojos de Sebastián se endurecieron.

—No.

Una palabra. Seca.

Su lobo estuvo de acuerdo. La habitación pareció bajar un grado.

Valeria apretó los dedos sobre la tela arrugada de su vestido.

—Si la dejas afuera, va a llorar frente al Consejo y dirá que me tienes encerrada. Si la dejo hablar aquí, la puedo hacer equivocarse.

—Hace unos minutos estabas temblando.

—Sigo temblando.

Sebastián bajó la mirada a sus manos. Valeria no intentó ocultarlas. Sí, le temblaban. Sí, todavía sentía plata donde no había plata y el eco de una muerte que él no podía ver. Pero el miedo ya no la llevaba hacia la puerta.

La mantenía despierta.

—Entonces no voy a darte otra escena para sobrevivir —dijo él.

El calor le subió a los ojos.

Qué fácil habría sido odiarlo si fuera el monstruo que Isabela le había vendido. Pero ahí estaba: furioso, dominante, con el lobo arañándole la piel, y aun así negándose a usarla como cebo.

—No necesito que me des la escena —dijo Valeria—. Necesito que no me la quites.

Sebastián la miró largo.

El silencio entre ellos no fue cómodo. Tenía filo. Tenía memoria. Tenía todas las veces que ella había usado su paciencia como una puerta de salida.

Al final, él giró hacia la entrada.

—Entras cuando yo lo diga —ordenó.

Del otro lado, Isabela soltó un pequeño sollozo.

—Alpha Sebastián, yo solo...

—Cuando yo lo diga.

La madera vibró con la segunda orden. Valeria sintió el peso de la autoridad en la lengua, como si el aire se hubiera vuelto más espeso. No iba dirigida a ella, pero su cuerpo quiso obedecer de todos modos.

La puerta se abrió.

Isabela apareció con los ojos húmedos, una bata de seda color marfil sobre el vestido de noche y el cabello suelto en ondas perfectas. Parecía una muchacha sacada de la cama por la preocupación.

Valeria vio lo que antes no había querido ver: las uñas demasiado limpias, el pulso demasiado tranquilo, el modo en que sus ojos revisaron primero a Sebastián, luego la cama, luego el cuello de Valeria.

Buscaba marcas.

Buscaba daño.

O buscaba comprobar que el daño no había funcionado.

—Val —susurró Isabela—. Gracias a la Luna estás bien.

Valeria no contestó.

Isabela avanzó un paso. Sebastián no se movió, pero su sombra bastó para detenerla. La joven bajó la cabeza con una sumisión perfecta.

—Perdón, Alpha. No quise desobedecer. Solo estaba preocupada por mi hermana. Ella no ha sido ella misma desde que se anunció el contrato.

—¿No he sido yo misma? —preguntó Valeria.

Isabela abrió los ojos, como si la voz de Valeria le hubiera dado esperanza.

—No, mi vida. Has estado desesperada. Ayer dijiste que preferías morir antes que aceptar esto.

Sebastián se quedó demasiado quieto.

El golpe era bueno. Isabela sabía dónde ponerlo. La vieja Valeria lo habría negado a medias, habría llorado, habría mirado a Sebastián con rencor por obligarla a elegir delante de todos.

La nueva Valeria recordó su lengua cortada y sonrió apenas.

—Dije muchas estupideces ayer.

La sonrisa de Isabela titubeó.

—Valeria...

—También dijiste tú muchas cosas, Isa.

Sebastián volvió la cabeza hacia ella.

Valeria se obligó a respirar. El aroma de él seguía cerca, cedro y tormenta, sosteniéndola sin tocarla. Su loba, débil, empujó contra sus costillas.

*No bajes la cabeza.*

No lo hizo.

—Dijiste que Sebastián nunca me permitiría ser libre —continuó—. Que si aceptaba el contrato, me iba a encerrar en esta casa hasta que mi familia dejara de reclamarme.

Isabela apretó los labios.

—Lo dije porque te quiero.

—También dijiste que Adrián estaba dispuesto a llevarme lejos.

El nombre ensució el aire.

Isabela miró a Sebastián con miedo calculado.

—No quería que sonara así. Adrián solo ofreció ayuda. Como amigo.

—¿Como amigo? —Valeria inclinó la cabeza—. Qué curioso. Hace una hora me dijiste que él me amaba desde siempre.

Por primera vez, Isabela tardó en responder.

Sebastián no habló. No necesitaba hacerlo. Su dominio llenaba la habitación de una presión baja, constante, obligando a cada mentira a salir más pesada.

—Estabas alterada —dijo Isabela al fin—. Tal vez entendiste mal.

—Tal vez.

Valeria bajó la mirada a la mesita junto a la cama. La taza seguía allí.

Por un instante, el recuerdo de otra taza, otra miel, otro amargor le cerró la garganta. No era la misma noche. No era la misma muerte. Aun así, su cuerpo no entendía de líneas temporales.

Se acercó a la mesa.

Sebastián dio un paso con ella.

Isabela también.

Demasiado rápido.

—No tomes eso —dijo Isabela.

El silencio cayó.

Valeria dejó la mano suspendida a centímetros de la taza.

—¿Por qué?

Isabela parpadeó.

—Porque... porque ya está frío.

Valeria casi rió. No por gracia, sino por la torpeza de la mentira cuando una la miraba de frente.

Sebastián inhaló.

Muy despacio.

El dorado volvió a encenderse en sus ojos.

—Acónito —dijo.

Isabela palideció.

—No. Eso es imposible.

—No dije que lo fuera —respondió él.

Valeria tomó la taza por el asa. El olor era leve, escondido bajo manzanilla y miel, pero estaba allí. Verde. Amargo. Mortal si se repetía noche tras noche.

—Me la trajiste tú —dijo.

—Porque no habías comido nada.

—Y porque querías que saliera confundida, débil, diciendo delante del Consejo que rechazaba el contrato.

Isabela abrió la boca.

Valeria no la dejó entrar.

—No voy a rechazarlo.

La frase salió clara.

No fue un grito. No necesitó serlo.

Los ojos de Isabela se abrieron con una incredulidad fea, desnuda.

Sebastián dejó de respirar.

Valeria sintió el tirón del vínculo, todavía incierto, todavía sin nombre completo, pero vivo entre los dos. Le ardió bajo la piel como una brasa que alguien protegía con las manos.

—No voy a rechazar a Sebastián de la Vega —repitió—. No esta noche. No mañana. No por Adrián Rojas. No por ti.

El aroma de Isabela cambió.

La gardenia se pudrió.

Sebastián avanzó entonces. No tocó a Valeria. Se puso a su lado, hombro con hombro, y esa simple elección hizo que el pecho de ella doliera de una manera nueva.

—Escuchaste a Valeria —dijo él—. Sal.

—Alpha...

—Y deja la taza.

Isabela tragó saliva.

Por un segundo, su máscara se agrietó. Valeria vio odio. No celos, no preocupación, no miedo por una hermana. Odio puro, viejo, hambriento.

Luego volvió el llanto.

—Vas a arrepentirte de esto, Val.

—Ya me arrepentí de suficiente por una vida entera.

Isabela no entendió la frase.

Sebastián sí notó el peso detrás de ella.

Cuando la puerta se cerró, el silencio no trajo calma. Trajo preguntas.

Valeria dejó la taza sobre la mesa y por fin permitió que sus piernas fallaran. Sebastián la sostuvo antes de que cayera.

Esta vez no retiró la mano.

El calor de sus dedos atravesó la tela.

—Necesito que me expliques cómo sabías lo del acónito —dijo él.

Valeria levantó la vista.

La respuesta completa podía romperlo todo.

Pero ya no quería construir otra vida sobre silencios.

—Te voy a explicar lo que pueda —dijo—. Y después, si todavía quieres encerrarme, al menos hazlo sabiendo que esta vez no voy a escapar hacia él.

Sebastián la miró como si esa promesa le doliera.

—No necesito encerrarte para que te quedes.

El corazón de Valeria tropezó.

Él soltó su brazo despacio, como si el contacto también le costara.

—Pero todos los demás sí se van.

Abrió la puerta de golpe.

Dos centinelas que fingían no escuchar se enderezaron al instante.

La voz de Sebastián bajó, quieta, definitiva.

—Nadie entra. Nadie sale. Y si Adrián Rojas pisa esta ala antes del amanecer, lo quiero de rodillas.

Los centinelas mostraron el cuello.

—Sí, Alpha.

Sebastián cerró la puerta.

Ahora sí, quedaron solos.

Y Valeria supo que la parte difícil apenas empezaba.

1
Angy Palacios
me encantó la narrativa,fue justa y precisa.
felicitaciones, primera historia que me deja satisfecha. 👏👏👏👏👏👏.
un abracito y gracias por tan bella historia.
Marleys Sofia Cervantes
Que viva el amor yupi
y los cachorros para cuando
Marleys Sofia Cervantes
Así se habla 👏🥰👏🥰👏😂👏🥰👏🥰
Luz Mery Suarez
ya está bueno mastique el cuello Arturo es un maldito codicioso
Luz Mery Suarez
ya la loba de de Vale a dormido mucho que se ponga mosca porque lo que se viene es guerra
Marleys Sofia Cervantes
In pasó a la vez
Marleys Sofia Cervantes
Dios por fin
Marleys Sofia Cervantes
otro enemigo mas
Marleys Sofia Cervantes
Todos juntos victoria segura
Marleys Sofia Cervantes
Dale en las pelotas a ver si deja de joder Adrián
Marleys Sofia Cervantes
La verdad sale
tarde
pero sale
Marleys Sofia Cervantes
por lo menos hizo algo bien el alfa
Marleys Sofia Cervantes
Vamos Sebastián dale una palera 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Gladys Torres
yo he leído muchas historias de Lobos y tengo entendido que se marcan mientras tienen sexos con más emociones bueno cada uno escribe a su manera sigo para ver como termina esta buena 💪💖
Sofia Carruso
A pelear otra vez👏👏👏👏
Sofia Carruso
Tu si críticas deja terminar la obra y si no busca otras con que entretenerte
Maryels Yulid Ribeiro
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Maryels Yulid Ribeiro
Si
si
si
Estás novelas no son el tipo chicle de novelas de hombres lobos que son posesivos y que se curan solo son el tipo de novela que el alpha tiene que reconstruir un corazón y esperar y sufrir ufff Pacho
Maryels Yulid Ribeiro
estos dos llevan más golpe 😂😂😂😂
Maryels Yulid Ribeiro
ufff Pacho ya ni se que pensar
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