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La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

Status: Terminada
Genre:Apoyo mutuo / Aventura Urbana / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:7.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: La noticia que nos cambió la vida

Aquella mañana comenzó como cualquier otra en nuestra finca. El canto de los gallos nos despertó antes de que saliera el sol y todos nos preparamos para iniciar una nueva jornada de trabajo. Sin embargo, ninguno imaginaba que ese día traería una noticia que cambiaría nuestras vidas para siempre.

Todo empezó unas semanas antes. Mi cuñada Sara Zuluaga llevaba varios días sintiéndose diferente. Al principio nadie le dio mucha importancia porque pensábamos que podía ser cansancio. Después de todo, ella había estado ayudando mucho en la finca y aún seguía adaptándose completamente a la vida del campo.

Una mañana, mientras desayunábamos, noté que Sara apenas probó la comida.

—¿Qué le pasa, cuñis? —le pregunté.

—No sé, Hernán. Desde hace días me siento rara. Me da sueño a toda hora y a veces me mareo.

Mi mamá la observó con atención.

—¿Y desde cuándo está así?

—Como dos semanas más o menos —respondió Sara.

Felipe también comenzó a preocuparse.

—Yo le he dicho que vayamos al médico, pero ella insiste en que no es nada.

Sara sonrió tratando de tranquilizarnos.

—Seguro es cansancio.

Pero los días siguieron pasando y ella no mejoraba.

Una tarde, mientras mi mamá preparaba café en la cocina, Sara sintió un fuerte mareo. Por fortuna alcanzó a sentarse antes de caerse.

Melissa fue la primera en darse cuenta.

—¡Mami, venga rápido! ¡Sara se siente mal!

Todos corrimos hacia ella. Sara estaba pálida y parecía muy débil.

—¿Está bien? —preguntó Felipe preocupado.

—Me siento mareada —respondió ella.

Mi hermano no lo pensó dos veces.

—Mañana mismo la llevo al pueblo.

Sara intentó decir que no era necesario, pero nadie le hizo caso.

A la mañana siguiente Felipe se levantó más temprano que de costumbre. Preparó la moto mientras Sara terminaba de arreglarse.

—Cuídense mucho —les dijo mi mamá.

—No demoramos —respondió Felipe.

Los vimos salir por el camino de la finca rumbo al pueblo. Durante toda la mañana seguimos trabajando, pero la verdad era que todos estábamos pendientes de ellos.

Mientras limpiaba una cerca dañada junto a mi papá, no podía dejar de pensar en lo que estaría pasando.

—¿Usted cree que sea algo grave? —pregunté.

—Esperemos que no, mijo —contestó él.

Pasaron varias horas sin noticias.

Al mediodía regresamos a la casa para almorzar. Mi mamá estaba inquieta y miraba constantemente su teléfono.

—Todavía no llaman —dijo.

Melissa también parecía preocupada.

—¿Sara está enferma?

—Esperemos que no, princesa —respondió mi mamá.

Cuando ya eran casi las dos de la tarde escuchamos el ruido de una motocicleta acercándose por el camino principal.

—Llegaron —dijo mi papá.

Todos salimos al corredor.

Lo primero que noté fue que Felipe tenía una enorme sonrisa en el rostro.

Sara también sonreía.

Entonces entendí que no era una mala noticia.

—¿Qué pasó? —preguntó mi mamá.

Felipe se bajó de la moto y tomó la mano de Sara.

—Pues resulta que no está enferma.

Todos nos quedamos mirándolo.

—¿Entonces?

Felipe soltó una carcajada.

—¡Vamos a ser papás!

Por unos segundos nadie dijo nada.

Luego mi mamá comenzó a llorar de felicidad.

—¡Dios mío! ¡Voy a ser abuela!

Sara también tenía los ojos llenos de lágrimas.

Melissa saltó emocionada.

—¿Voy a tener un sobrinito?

—O una sobrinita —dijo Sara riendo.

La felicidad invadió toda la casa.

Mi papá abrazó a Felipe con fuerza.

—Felicitaciones, hijo.

Yo también corrí a abrazarlos.

—¡No lo puedo creer!

Sara nos contó cómo había ocurrido todo.

Cuando llegaron al centro médico del pueblo, el doctor comenzó a hacerle algunas preguntas sobre los síntomas que tenía.

Los mareos, el cansancio constante y la falta de apetito llamaron la atención del médico.

Después de varios exámenes les pidió esperar unos minutos.

Según nos contó Felipe, esos minutos parecieron eternos.

Finalmente el doctor regresó con una sonrisa.

—Felicitaciones. Van a tener un bebé.

Felipe dijo que por un momento se quedó sin palabras.

Sara tampoco podía creerlo.

Durante el camino de regreso a la finca no dejaron de hablar sobre la noticia.

Ahora, mientras nos contaban todo aquello, la emoción seguía creciendo.

Mi mamá ya estaba pensando en nombres.

Melissa quería comprar juguetes.

Mi papá hablaba sobre cómo iba a enseñarle al bebé las costumbres del campo.

Y yo simplemente observaba la felicidad de mi familia.

Esa noche nadie quería irse a dormir.

Nos sentamos todos en el corredor de la casa mientras el cielo se llenaba de estrellas.

El ambiente estaba lleno de alegría.

Felipe no dejaba de sonreír.

Sara parecía emocionada y nerviosa al mismo tiempo.

—La verdad todavía no me lo creo —confesó.

—Ya verá que va a ser una gran mamá —le dijo mi mamá.

—Y Felipe un gran papá —agregó mi papá.

Todos estuvimos de acuerdo.

Mientras escuchaba las conversaciones, pensé en lo rápido que cambia la vida.

Unos años atrás Sara era una muchacha de ciudad que apenas conocía nuestra finca. Ahora formaba parte de la familia y estaba esperando un bebé.

Era increíble cómo el destino podía unir personas tan diferentes.

Antes de irme a dormir observé nuevamente a mi familia.

Felipe abrazaba a Sara.

Melissa hablaba emocionada sobre los juegos que le enseñaría al bebé.

Mis padres no podían ocultar su felicidad.

Y yo sentí una enorme alegría por todos ellos.

Aquella noche entendí que algunas noticias tienen el poder de cambiar una familia para siempre. La llegada de ese bebé aún tardaría varios meses, pero desde ese mismo instante ya era amado por todos.

Sin saberlo, una nueva etapa acababa de comenzar para nuestra familia, una etapa llena de ilusión, esperanza y sueños que apenas empezaban a construirse entre las montañas y cafetales de nuestra querida tierra quindiana.

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Kayra Villavicencio
Y el papá
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