El Patrón mata sin pestañear. Pero no pudo con el tamplin de Catalina. Ahora la cuida desde lejos, y ella ni sabe que el hombre más temido de la ciudad daría su imperio por otro plato de su comida.
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LA MAMÁ DE CATALINA LLEGA A LA MANSIÓN
Jueves. 8:00 AM.
El portero llamó por el intercomunicador. La voz le temblaba un poco.
"Señor Roldán, hay una señora en la puerta. Dice que es la madre de Catalina.
Está muy alterada. Gritando. Dice que quiere ver a su hija ahora o va a tirar la puerta abajo."
Damián dejó la taza de café en la mesa de mármol. El ruido sonó fuerte en el silencio.
"Pásenla."
Catalina, que estaba comiendo pan tostado en la barra de la cocina, se atragantó.
Tosió y el agua se le fue por el lado equivocado.
"¿Mi mamá? ¿Acá? No, no puede ser. ¿Quién le dijo donde vivo?"
"Respira." Dijo Damián y le pasó una servilleta. "Es tu mamá. Tiene derecho.
Y prefiero que hablemos con ella acá, conmigo al lado, que en la calle."
Catalina asintió. Las manos le temblaban. "Hace 3 meses que no la veo."
5 minutos después Rosa abrió la puerta principal.
Y ahí estaba. Marta. 45 años. Pelo negro con canas atado en una colita baja.
Ropa simple. Jean gastado, remera blanca y ojotas. Y cara de furia de esas que asustan.
"¿Dónde está mi hija?" Dijo sin saludar. Miró a Rosa de arriba a abajo como si fuera la empleada.
Catalina salió corriendo del living. "¡Ma!"
Se abrazaron fuerte. Marta olía a jabón en pan y a lavandina. Olor de casa.
Marta la revisó de arriba a abajo. Le tocó la cara, los brazos.
"Flaca. Ojerosa. ¿Estás comiendo? ¿Dormís? ¿Te está tratando bien este tipo?"
"Si ma, estoy bien." Mintió Catalina. "Te ves cansada."
"Y vos te ves distinta." Dijo Marta. "Más flaca. Más pálida."
Marta soltó a Catalina y miró a Damián de pies a cabeza. De arriba a abajo. Dos veces.
Traje sin corbata. Reloj caro. Pelo perfecto.
"Usted debe ser el millonario."
Damián extendió la mano. Serio. "Damián Roldán. Mucho gusto señora."
Marta no le dio la mano. Se cruzó de brazos. "El gusto no es mío."
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En el living. Silencio incómodo que pesaba.
Rosa sirvió café en tazas finas y se fue rápido. "Cualquier cosa me avisan."
Marta tomó la taza pero no bebió. La dejó en la mesa.
"Quiero que me expliques todo." Dijo Marta mirando fijo a Damián. "Porque en el barrio
dicen que mi hija es la amante de un mafioso. Y yo no crié a mi hija así.
Yo la crié para que trabaje y salga adelante. No para que sea la querida de nadie."
Catalina se puso roja hasta las orejas. "Ma, no es así... no soy su..."
"¿Entonces cómo es?" Marta la cortó. La voz se le quebró. "Porque saliste en la tele.
Porque tu hermano lloró en el colegio. Los nenes le dicen 'hermana de la put4 del rico'.
Porque la vecina me escupió hoy en la verdulería. ¿Sabes lo que es eso?"
Damián intervino. Habló despacio. "Señora, con todo respeto. Catalina y yo nos queremos.
Ella ya no trabaja para mí. Renunció hace semanas. Lo del escándalo fue armado."
"Ah no?" Dijo Marta irónica. "¿Y entonces qué hace viviendo en tu mansión?
¿No tiene su casa? ¿No tiene su familia?"
Catalina bajó la cabeza. "Porque... porque me quedé." Dijo bajito. "Porque no tenía a donde ir.
Y porque... porque lo quiero."
Marta se le quedó mirando. "Mírame a los ojos."
Catalina la miró. Y se quebró. Las lágrimas le salieron solas.
"Lo quiero, ma. De verdad. No es por plata. No es por la casa. Es porque con él me siento segura."
Marta suspiró. Largó todo el aire como si hubiera estado aguantando hace días. "Ay hija..."
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"¿Usted sabe la diferencia de edad que tienen?" Dijo Marta mirando a Damián.
Ahora le hablaba directo a él. "¿Sabe que mi hija tiene 19 y usted 35?
¿Sabe que yo tenía 20 cuando la tuve a ella?"
"Sí." Dijo Damián. No esquivó la mirada. "Y también sé que la respeto.
Que no la obligo a nada. Que duerme en su cuarto. Y que la voy a cuidar con mi vida.
Si alguien le toca un pelo, va a tener que pasar por encima mío."
"Palabras." Dijo Marta. "Todos los hombres dicen eso al principio.
Después cambian. Se aburren. Encuentran otra más joven."
"No soy cualquier hombre." Dijo Damián. Se inclinó para adelante. "Y ella no es cualquier chica.
Yo no la elegí por bonita. La elegí porque es la única persona en 10 años
que me habló sin miedo. Sin pedirme nada. Sin saber quien era yo.
Me retó el primer día. ¿Sabe cuánta gente me reta a mí?"
Marta se quedó callada. Tomó un sorbo de café amargo e hizo una mueca.
"¿Y lo del escándalo? ¿Lo de la tele? ¿Lo de las fotos?"
"Fue Valeria." Dijo Catalina rápido. "La ex de él. Está loca. Quiere destruirlo.
Y me metió a mí en el medio porque sabe que me quiere."
"¿Y tú por qué te metiste?" Dijo Marta.
"Porque lo amo." Dijo Catalina. Y esta vez lo dijo fuerte. Sin temblar. "Porque si me voy,
él se queda solo. Y porque si él se va, yo me muero."
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Marta se paró. Caminó por el living. Miró los cuadros caros.
La tele gigante. El piano que nadie tocaba. Los ventanales.
"Sa bes hija, yo limpio casas hace 20 años.
Conozco a los ricos. Te sonríen, te pagan bien, y a la semana te echan sin motivo.
Te usan para lo que quieren y después te tiran como un trapo viejo."
"Yo no voy a usarla." Dijo Damián. "Se lo juro."
"¿Y si se cansan? ¿Si aparece otra más joven, más linda?
¿Qué va a hacer mi hija? ¿Volver a Quilmes con la cola entre las patas?
¿Sin laburo, sin nada, con el barrio hablándole atrás?"
"No va a pasar." Dijo Damián. "Si ella se quiere ir mañana,
la llevo yo. Con plata, con casa, con trabajo. Porque la quiero bien.
No la quiero atada. La quiero porque quiere estar."
Marta lo miró fijo. Como buscándole la mentira en la cara. Como buscando el punto débil.
"Prométeme algo." Dijo de repente.
"Lo que sea."
"Si le haces llorar, si le pegas, si le gritas, si la humillas...
vengo yo. Y no respondo de lo que haga. ¿Me entendió?"
Damián asintió. "Se lo prometo. Con mi vida."
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Mediodía. Almorzaron los tres en el comedor gigante.
Marta probó la comida de Rosa. Milanesa con puré. "Está rica."
"Gracias." Dijo Rosa desde la cocina, aliviada.
Catalina no podía creer que su mamá estuviera ahí.
En la mansión. Sentada. Tomando vino en copa de cristal.
"Ma, ¿y papá qué dijo? ¿Y Juan?"
"Tu papá dijo que si tú eres feliz, él también.
Pero que si te pasa algo, va a venir con el fierro y los primos."
Dijo Marta y se rió por primera vez. "Y tu hermano preguntó si el millonario tiene Play."
Catalina se rió entre lágrimas. "Dile que no hace falta el fierro.
Y que sí, que hay Play en el cuarto de visitas."
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3:00 PM. Marta y Catalina en el cuarto.
"Enséñame donde duermes." Dijo Marta.
Catalina le mostró la habitación. Enorme. Cama king. Baño privado.
Ropero lleno de ropa nueva con etiquetas.
Marta abrió un cajón. Vestidos. Caros. Zapatos.
"¿Esto te lo compró él?"
"Algunos sí. Otros me los compré yo con lo que ahorré de antes."
Dijo Catalina. "No me obliga a usar nada."
Marta agarró a Catalina de las manos. Le apretó fuerte.
"Hija, escúchame bien. Yo no te voy a decir que lo dejes. Porque ya eres grande.
Pero prométeme que si un día no eres feliz, te vas.
Que no te quedas por lástima. Ni por plata. Ni por miedo. Ni por costumbre."
"Te lo prometo, ma."
"Y otra cosa." Dijo Marta. "No te olvides de donde vienes.
De Quilmes. De la casa chica. De tu gente. De tu hermano.
Que el dinero no te cambie. Que sigas siendo la misma."
"Nunca, ma. Te lo juro."
Se abrazaron. Largo. Marta le acarició el pelo como cuando era chica.
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6:00 PM. Hora de irse.
Damián acompañó a Marta hasta la puerta.
Con 2 guardias y una camioneta negra con chofer.
"Señora, la llevo a su casa. Por favor déjeme. Es por seguridad.
Después de lo que pasó en la tele no quiero que viaje sola."
Marta dudó. Miró la camioneta. "No hace falta..."
"Sí hace falta. Por seguridad. Por Catalina. Por mí."
Marta subió. Antes de cerrar la ventana eléctrica le dijo a Damián:
"Cuídamela. Es todo lo que tengo en esta vida. Si le pasa algo..."
"Lo haré." Dijo Damián. "Se lo prometo."
La camioneta se fue. Damián se quedó mirando hasta que dobló.
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Noche. 11:00 PM. Catalina estaba sola en el cuarto.
Le llegó un mensaje de su mamá al WhatsApp:
"Tu papá dice que el tipo se ve serio.
Que no tiene cara de chorro. Que habla bien.
Me quedo más tranquila.
Te amo hija. Cualquier cosa me llamas. A la hora que sea."
Catalina lloró. Pero esta vez de alivio. De no sentirse sola.
Bajó descalza y encontró a Damián en el sillón. Solo. Mirando la nada. Con un whisky.
"¿Estás bien?" Preguntó bajito.
"Ahora sí." Dijo Damián. "Tu mamá me odia un poco menos. Creo."
"Me defendió." Dijo Catalina. "Te defendió también. Dijo que tienes cara de serio."
Damián la abrazó. La sentó a upa. "Hoy ganamos una batalla.
Mañana seguro viene otra. Valeria no se va a quedar quieta."
"Que venga." Dijo Catalina. "Mientras estemos juntos."
Por primera vez en días, la mansión no se sentía como una cárcel.
Se sentía como un hogar. Se sentía como casa.
*FIN CAPÍTULO 23