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CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

CENIZAS DE UNA MÁGICA NOCHE

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:452
Nilai: 5
nombre de autor: Eliette Maldondo Velazquez

nada es para siempre

NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

3

Taras regresó de la cocina a paso rápido, llevando un vaso de agua fría en una mano y dos pastillas efervescentes en la otra. Se detuvo frente al sillón y prácticamente le arrojó los medicamentos a las manos , mirándolo con una severidad que no admitía más quejas.

—Ten, tómate esto. Date un baño rápido y baja. Nos vamos en exactamente cinco minutos —sentenció Taras, cruzándose de brazos y revisando su propio reloj de pulsera con impaciencia.

El rubio miró el vaso con desconfianza, como si el agua fuera a envenenarlo, y luego levantó los ojos hacia su primo, adoptando su mejor cara de cordero degollado. Sabía perfectamente qué hilos mover para negociar con él.

—Dame treinta minutos... —suplicó el heredero, estirando las palabras con pereza—. Treinta minutos y te compro una botella del mejor vodka de exportación que encuentres en este mercado. De ese que te gusta a ti.

—No —respondió Taras de inmediato, sin parpadear.

—Anda... —insistió el rubio, juntando las manos en un gesto de ruego.

—No.

—Anda, sí, sí, sí, sí, no seas malo —repitió como un niño pequeño, balanceándose en el sillón.

Taras suspiró profundamente, frotándose el puente de la nariz. Sabía que si bajaban en ese estado, la reunión de negocios sería un desastre absoluto. Además, la mención de un soborno siempre abría una pequeña ventana de oportunidad si se sabía negociar bien. Miró a su primo de arriba abajo, calculando el costo del retraso.

—Te doy cuarenta y cinco minutos —cedió Taras, apuntándolo con el dedo índice en tono de advertencia—. Cuarenta y cinco minutos exactos, y a cambio me compras el último reloj que acaba de salir al mercado. Ese de la edición limitada que viste en la revista el mes pasado.

El heredero sonrió de oreja a oreja, viendo la victoria prácticamente en sus manos. Cuando se trataba de gastar dinero, a él no le importaba en lo más mínimo el precio, con tal de ganar un poco de tiempo para recuperar la dignidad.

—Una hora completa y te compro dos de esos relojes —contraatacó el rubio, guiñándole un ojo.

Taras guardó silencio durante dos segundos, fingiendo que lo meditaba seriamente, aunque por dentro ya había aceptado la oferta. Dos relojes de esa categoría valían totalmente la pena el retraso ante los socios locales.

—Muévete. Ni un minuto más ni uno menos—advirtió Taras, dándose la vuelta.

—¡Sí! Gracias, gracias, gracias —exclamó el rubio, saltando del sillón con una energía renovada que no parecía propia de alguien con una resaca monumental. Se lanzó hacia Taras y le plantó un sonoro beso en la mejilla—. ¿Quién es el niñero más lindo de este mundo? ¡Mi gruñón favorito!

Taras lo empujó con brusquedad, limpiándose la mejilla con el dorso de la mano y poniendo una cara de absoluto asco.

—¡Quítate! No me des besos, animal, me dejas toda tu baba en la mejilla. Y te lo he dicho mil veces: no soy tu niñero, soy tu primo. Muévete de una vez antes de que me arrepienta y te baje a rastras por las escaleras.

Taras salió del departamento a paso firme, cerrando la pesada puerta principal detrás de él con un golpe seco. El silencio volvió a reinar en el enorme y caótico penthouse, dejando al rubio completamente solo con el desorden de su fiesta fallida.

La sonrisa del heredero se desvaneció en el acto. Soltó un largo suspiro, tomó el vaso de agua de un solo trago y dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándola en el respaldo del sofá. Miró hacia el techo alto y luego bajó la vista hacia su propio cuerpo, frunciendo el ceño con una mezcla de profunda frustración y tristeza.

—Ay... esta vez sí me pasé —habló al aire, en la solemnidad de la sala vacía. Luego, bajó la mirada hacia sus pantalones, dándose una palmada suave en el muslo—. Pero tú también me volviste a fallar, amigo. En serio, ¿cuándo vamos a dejar de ser nuevos?

Se pasó una mano por el rostro, verdaderamente confundido por su propia situación. No entendía qué estaba haciendo mal o qué pasaba con su cabeza y su cuerpo.

—¿Es que no quieres estar con una hermosa chica o qué? Dime, ¿qué es lo que quieres? —continuó su monólogo, reprochándose a sí mismo—. Te he dado de todo. Te he puesto enfrente a modelos de pasarela internacional, a las hijas de los jefes de los clanes más importantes de nuestra tierra, te he traído actrices famosas... de todo. Y tú, nada más no quieres reaccionar.

Caminó hacia el gran ventanal del penthouse, mirando el horizonte de la ciudad. El sol de la mañana empezaba a golpear los cristales, obligándolo a entrecerrar los ojos. La presión familiar y el peso del apellido le cayeron encima de golpe.

—A este paso no voy a dar descendencia nunca. Mi padre me va a desheredar si se entera de esto. Dieciocho años y sigo nuevo... Qué feo, de verdad, qué horror. Y para colmo de males, feo no soy. Sé perfectamente lo que valgo y lo que provoco. Pero aquí sigo, invicto por las razones equivocadas.

Con un último suspiro de resignación, el heredero caminó a paso lento hacia el baño principal, desabrochándose los botones de la camisa que le quedaban y preparándose para enfrentar el agua fría, con la esperanza de que el baño no solo le quitara la resaca, sino también la racha de mala suerte que lo perseguía.

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