SIN SPOILER
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LA OBLIGASION DE UNA REINA
El amanecer llegó cubierto por una espesa neblina.
La lluvia finalmente había cesado, pero el castillo seguía envuelto en un ambiente sombrío.
Las campanas aún sonaban lentamente en honor a la supuesta princesa fallecida.
Los sirvientes caminaban cabizbajos.
Las doncellas susurraban oraciones.
Y en todo el reino…
nadie imaginaba que la verdadera heredera seguía viva.
Dentro de la habitación real, las enormes ventanas dejaban entrar una luz grisácea.
Victoria permanecía recostada sobre la cama.
Su rostro lucía agotado.
Más que la noche anterior.
Mucho más.
Las sábanas desordenadas y el evidente cansancio en su expresión dejaban ver que apenas había dormido.
La reina observaba el techo en silencio.
Vacía.
Las puertas se abrieron suavemente.
La partera principal entró acompañada por dos asistentes que llevaban agua caliente y hierbas medicinales.
La mujer hizo una reverencia.
—Buenos días, majestad.
Victoria apenas respondió con un leve movimiento de cabeza.
La partera se acercó lentamente para revisarla.
Pero apenas observó las marcas recientes sobre la piel de la reina…
su expresión cambió.
La mujer guardó silencio unos segundos.
Demasiados.
Después suspiró discretamente.
—Majestad…
Victoria desvió la mirada avergonzada.
No hacía falta explicar nada.
La partera llevaba demasiados años atendiendo a mujeres nobles como para no entender lo ocurrido.
El rey no había respetado el descanso de la reina después del parto.
Y eso era peligroso.
El cuerpo de Victoria todavía estaba débil.
Cansado.
Lastimado.
La mujer comenzó a revisar cuidadosamente el estado de la reina mientras las asistentes evitaban mirar directamente.
El ambiente se volvió incómodo.
Finalmente, la partera habló en voz baja.
—Su majestad debió descansar más tiempo.
Victoria soltó una risa amarga.
—No parecía ser importante para el rey.
La mujer no respondió de inmediato.
Porque sabía perfectamente que decir algo incorrecto podía costarle el puesto… o algo peor.
Terminó de revisar a la reina y acomodó lentamente las mantas.
—Por fortuna, no parece haber daños graves.
Victoria cerró los ojos unos segundos.
La partera dudó antes de continuar.
—No creo que vuelva a quedar embarazada tan pronto después del parto.
Aquello parecía ser lo único que realmente tranquilizaría al rey.
Pero luego agregó con firmeza:
—Sin embargo, eso no significa que no pueda tener más hijos en el futuro.
La reina abrió lentamente los ojos.
—¿De verdad?
—Sí, majestad. Su cuerpo sigue siendo capaz de dar herederos… pero necesita tiempo para recuperarse adecuadamente.
Victoria guardó silencio.
La palabra “herederos” le dejó un sabor amargo.
Porque apenas unas horas antes…
había tenido una hija.
Una hija viva.
Pero ahora todos actuaban como si jamás hubiera existido.
La partera comenzó a preparar algunas hierbas medicinales cerca de la cama.
El suave aroma llenó la habitación.
—Debe alimentarse bien —explicó la mujer—. Y también descansar.
Victoria soltó una pequeña sonrisa cansada.
—Eso tampoco parece importarle demasiado al rey.
La partera bajó la mirada con prudencia.
No podía criticar directamente al monarca.
Aunque en el fondo sintiera compasión por la reina.
Después de varios segundos, habló nuevamente.
—Majestad… quizá debería intentar no pensar demasiado en lo ocurrido anoche.
Pero eso era imposible.
Cada vez que Victoria cerraba los ojos…
veía el rostro de la bebé.
Sus pequeños dedos.
Sus ojos diferentes.
Y el momento exacto en que se la llevaron lejos de ella.
La reina sintió un dolor extraño en el pecho.
No sabía si era culpa.
O arrepentimiento.
Tal vez ambas cosas.
—¿Cree que realmente era un mal presagio? —preguntó de repente.
La partera se quedó inmóvil.
Aquella pregunta era peligrosa.
Muy peligrosa.
La mujer eligió cuidadosamente sus palabras.
—Las personas temen lo que no entienden.
Victoria permaneció en silencio.
La respuesta no era un sí.
Pero tampoco un no.
La reina observó la luz gris entrar por la ventana.
Y por primera vez…
una pequeña duda comenzó a crecer dentro de ella.
¿Y si habían cometido un error?
Muy lejos del castillo…
la antigua torre del mago permanecía inmóvil entre montañas cubiertas por niebla.
Oscura.
Abandonada.
Olvidada por el reino.
Dentro de aquel enorme lugar silencioso…
el suave llanto de una bebé recién nacida resonaba entre las viejas paredes de piedra