Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
NovelToon tiene autorización de ana19 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5: Bajo la misma luna
La mañana llegó acompañada por una espesa neblina que cubría los bosques cercanos a la residencia Beaumont.
El rocío descansaba sobre las flores, y el canto de las aves devolvía la tranquilidad al lugar.
Sin embargo...
Alisa llevaba horas despierta.
Sentada junto a la ventana de su habitación, observaba distraídamente el jardín mientras sostenía una taza de té que ya se había enfriado.
Las imágenes de la noche anterior seguían presentes.
El dragón negro.
Las llamas.
Aquella voz llena de tristeza.
Y esa última frase...
"No me abandones..."
Llevó una mano a su pecho.
—¿Por qué esos sueños parecen tan reales...?
Era como si no fueran simples pesadillas.
Como si fueran recuerdos.
Pero eso era imposible.
Nunca había visto un dragón tan de cerca.
Mucho menos uno capaz de hablar.
Un suave golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.
—¿Puedo pasar?
—Claro, madre.
La baronesa entró con una enorme sonrisa.
—He decidido algo.
Alisa arqueó una ceja.
—¿Qué sucede?
—Hoy será un día solo para nosotras.
La joven sonrió.
—¿Un día de chicas?
—Exactamente.
Hace semanas que solo hablas de libros y pasas encerrada estudiando.
Necesitas distraerte.
—Pero...
—Nada de peros.
Hoy iremos al centro de la capital.
Compraremos vestidos.
Tomaremos té.
Y pasearemos.
Alisa soltó una pequeña risa.
—Está bien...
Tal vez salir ayudaría a despejar su mente.
A varios kilómetros de allí...
Oculto entre las ramas de un enorme árbol del bosque...
Un par de ojos rojos observaban en silencio la residencia Beaumont.
Arion permanecía completamente inmóvil.
Ni siquiera el viento parecía atreverse a mover su capa negra.
Había llegado antes del amanecer.
Ni él mismo entendía por qué.
Solo...
Había sentido el impulso de verla.
Desde aquella distancia podía distinguir perfectamente la ventana de su habitación.
Cuando Alisa apareció unos segundos para abrir las cortinas...
Su corazón volvió a estremecerse.
Aquella extraña calidez regresó una vez más.
—¿Qué eres...?
Nunca antes alguien había alterado tanto sus emociones.
No era deseo.
No era simple curiosidad.
Era algo mucho más profundo.
Algo que comenzaba a asustarlo.
Horas más tarde...
Las calles de la capital rebosaban de vida.
Alisa caminaba junto a su madre observando los escaparates.
Vestidos.
Perfumes.
Sombreros.
Joyas.
Todo parecía brillar bajo el sol.
—Este vestido te quedaría hermoso.
—Madre...
—¿Qué?
—Tengo suficientes vestidos.
—Una dama nunca tiene suficientes vestidos.
Ambas rieron.
Mientras caminaban entre la multitud, varios ciudadanos comenzaron a hacerse a un lado.
Una escolta de caballeros avanzaba por la avenida.
En el centro cabalgaba un joven de cabello dorado.
El príncipe heredero.
Descendió de su caballo al notar la presencia de algunos nobles.
Su mirada recorrió la multitud hasta detenerse en Alisa.
Por un instante...
El tiempo pareció detenerse.
El príncipe sonrió con amabilidad.
—Buenos días.
La baronesa realizó una elegante reverencia.
—Su Alteza.
Alisa la imitó inmediatamente.
—Es un honor conocerlo.
El príncipe observó a la joven durante unos segundos.
—No recuerdo haberla visto en los bailes del palacio.
Alisa sonrió con cierta vergüenza.
—Mi familia rara vez asiste.
—Es una lástima.
Espero verla en la próxima celebración.
Ella asintió.
—Será un honor.
El príncipe dedicó una última sonrisa antes de despedirse.
La escolta continuó su camino.
La baronesa miró a su hija con una expresión divertida.
—Creo que causaste una buena impresión.
Alisa negó rápidamente.
—Solo fue amable.
No imaginaba que...
A varios edificios de distancia...
Alguien había presenciado toda la escena.
Desde la azotea de una antigua torre...
Arion observaba al príncipe alejarse.
Sus ojos rojos descendieron lentamente hacia Alisa.
Luego...
Hacia el lugar donde el príncipe le había sonreído.
Sintió un fuerte dolor en el pecho.
Inesperado.
Molesto.
Una sensación desconocida.
Frunció el ceño.
Su respiración se volvió pesada.
¿Por qué...?
¿Por qué aquella escena le resultaba tan desagradable?
Apretó los puños.
Una pequeña escama negra apareció sobre el dorso de su mano antes de desaparecer.
—Ridículo...
Se obligó a apartar la mirada.
Pero, por más que lo intentara...
No podía borrar aquella imagen de su cabeza.
Esa misma tarde...
El emperador convocó una reunión extraordinaria.
Los aristócratas más importantes del Imperio Cristal ocuparon sus respectivos lugares dentro del enorme salón de cristal.
Duques.
Marqueses.
Condes.
Archimagos.
Generales.
Y, sentado a la derecha del trono...
El Archiduque Arion Drakhar.
El emperador tomó la palabra.
—El extraño fenómeno del cielo rojo ha causado inquietud en todo el continente.
Debemos reforzar las relaciones con los reinos vecinos.
El príncipe heredero dio un paso al frente.
—Padre.
Considero que también deberíamos aumentar la vigilancia sobre los territorios fronterizos.
Si realmente se trata de un fenómeno mágico, debemos actuar con rapidez.
Muchos nobles asintieron.
Entonces...
Arion habló por primera vez.
—No servirá de nada enviar más soldados.
El salón quedó en silencio.
El emperador dirigió la mirada hacia su hermano.
—¿Por qué lo dices?
—Porque esto no es una amenaza militar.
Es algo mucho más antiguo.
Algunos nobles comenzaron a murmurar.
—¿Insinúas que está relacionado con las antiguas leyendas?
—No las llamaría leyendas.
El emperador frunció el ceño.
—Hablas como si supieras algo.
Arion permaneció unos segundos en silencio.
—Aún no tengo pruebas.
Pero si estoy en lo cierto...
El enemigo no será un reino extranjero.
Sino el propio destino.
Sus palabras dejaron un incómodo silencio en todo el salón.
Cuando la reunión terminó...
El sol comenzaba a ocultarse.
Los jardines imperiales se cubrían con los colores dorados del atardecer.
Alisa caminaba lentamente entre los senderos de flores.
Su madre había entrado unos minutos antes al palacio para visitar a una vieja amiga de la nobleza.
—Solo esperaré aquí...
El perfume de las rosas inundaba el ambiente.
Entonces...
Escuchó unos pasos detrás de ella.
Giró lentamente.
Su respiración se detuvo.
Frente a ella...
Vestido completamente de negro...
Se encontraba el mismo hombre con quien había chocado días atrás.
Arion.
Los ojos rojos del Archiduque se encontraron con los de Alisa.
Durante varios segundos...
Ninguno de los dos dijo una sola palabra.
Solo el viento movía suavemente las ramas de los árboles.
Y, sin que ninguno pudiera comprender la razón...
Sus corazones comenzaron a latir exactamente al mismo ritmo.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/