Scarlett, Santiago y Ángel eran tres hermanos unidos por algo más fuerte que la sangre: el amor y la lealtad. Vivían una vida tranquila, lejos de problemas, en una casa humilde donde las risas de sus padres llenaban cada rincón. Scarlett era inteligente y valiente; Santiago, serio y protector; y Ángel, el menor, noble pero impulsivo. Nunca buscaron enemigos ni conflictos, pero una noche todo cambió. Unos hombres desconocidos entraron a su hogar y asesinaron brutalmente a sus padres frente a ellos. Desde ese instante, el dolor se convirtió en odio. Los tres hermanos hicieron una promesa sobre las tumbas de sus padres: encontrar a los culpables y cobrar venganza, aunque eso significara perderse a sí mismos en el camino.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 13: La noticia que cambió el silencio
La mansión estaba extrañamente tranquila esa mañana.
No había discusiones, ni llamadas urgentes, ni escoltas entrando y saliendo como normalmente pasaba. Todo se sentía lento, silencioso… raro.
Y ahora que lo pienso, quizá las cosas importantes siempre llegan así.
Sin avisar.
Sin ruido.
Victoria llevaba días diferente. Al principio pensé que era cansancio. Últimamente todos vivíamos bajo presión constante, así que verla agotada no parecía extraño. Pero después empecé a notar pequeñas cosas.
Se despertaba más tarde.
Comía menos algunas veces y otras parecía tener demasiada hambre.
Y estaba más sensible.
No lo decía, pero yo la conocía demasiado bien.
Esa mañana la encontré sentada en el borde de la cama, mirando hacia el suelo con una expresión pensativa.
—¿Qué tienes? —pregunté mientras cerraba la puerta.
Ella levantó la mirada rápidamente.
—Nada.
Fruncí el ceño.
—Victoria… te conozco.
Ella suspiró.
—Solo me siento rara últimamente.
Me acerqué un poco más.
—¿Rara cómo?
Se quedó callada unos segundos antes de responder.
—No sé… cansada. Mareada a veces.
La observé en silencio.
—¿Desde cuándo?
—Hace días.
Me senté a su lado.
—¿Y por qué no me dijiste?
Victoria soltó una pequeña sonrisa.
—Porque pensé que se me iba a pasar.
La miré fijamente.
Y entonces algo cruzó por mi mente.
No dije nada de inmediato.
Pero creo que ella lo notó por mi expresión.
Porque abrió los ojos apenas un poco más.
—No estarás pensando lo mismo que yo… ¿verdad?
Yo respiré hondo.
—No sé.
El silencio se quedó entre nosotros unos segundos.
Victoria miró hacia otro lado.
—Debe ser estrés —dijo rápidamente.
Pero su voz no sonaba convencida.
La seguí mirando.
Y mientras más pensaba en todo… más sentido empezaba a tener.
Ella se levantó nerviosa.
—No, no… imposible.
—Victoria…
—Santiago, no.
Pero ya estaba alterada.
Caminaba de un lado a otro del cuarto, pasándose las manos por el cabello.
—No puede ser ahora…
Me levanté y me acerqué a ella.
—Tranquila.
Ella me miró.
Y por primera vez en mucho tiempo… parecía asustada de verdad.
No por enemigos.
No por negocios.
No por problemas.
Por algo completamente diferente.
—¿Y si sí? —preguntó en voz baja.
No respondí rápido.
Porque sinceramente… yo tampoco sabía cómo reaccionar.
La vida que llevábamos no era precisamente tranquila.
Y aun así, la idea empezó a quedarse en mi cabeza.
Victoria embarazada.
Ella bajó la mirada.
—Voy a comprar una prueba —dijo finalmente.
Asentí lentamente.
Y aunque intenté mantener la calma, en el fondo sentí algo extraño.
Nervios.
Horas después, el ambiente en la casa era incómodo.
Scarlett notó de inmediato que algo pasaba.
—¿Por qué parecen tan tensos? —preguntó mientras entraba a la cocina.
Victoria casi ni la miró.
—Nada.
Scarlett frunció el ceño.
—Ajá… claro.
Ángel también apareció poco después.
—¿Qué pasó ahora?
Yo me pasé la mano por la nuca.
—Estamos esperando algo.
Scarlett nos observó en silencio.
Y entonces entendió.
Sus ojos se abrieron apenas un poco.
—No me digan que…
Victoria la miró rápidamente.
—Todavía no sabemos nada.
El silencio cayó de inmediato.
Ángel abrió los ojos.
—¿Victoria…?
Ella asintió apenas.
Karina apareció detrás de él y se quedó congelada al escuchar la conversación.
—¿En serio? —preguntó sorprendida.
Victoria respiró hondo.
—Todavía no sabemos.
Pero todos ya estaban nerviosos.
Incluso Scarlett.
Y eso era raro.
Pasaron unos minutos eternos.
Victoria salió del baño lentamente.
Tenía la prueba en la mano.
Yo sentí que el corazón me golpeaba fuerte.
Ella nos miró.
Luego me miró a mí.
Y habló bajito.
—Santiago…
Tragué saliva.
—¿Sí?
Sus ojos se llenaron de algo que no veía hace mucho tiempo.
No era miedo.
No era tensión.
Era emoción.
—Estoy embarazada.
El silencio fue absoluto.
Nadie habló durante unos segundos.
Yo solo me quedé mirándola.
Como si mi mente necesitara tiempo para entenderlo.
Victoria soltó una pequeña risa nerviosa.
—Di algo…
Y ahí reaccioné.
Me acerqué rápido a ella.
—¿De verdad? —pregunté casi sin voz.
Ella asintió.
Y sonrió.
Sentí algo romperse dentro de mí… pero no de dolor.
Era otra cosa.
Algo cálido.
Algo que no sentía desde hace años.
La abracé fuerte.
Victoria también me abrazó.
Y por primera vez en muchísimo tiempo… sentí paz.
Scarlett sonrió levemente desde atrás.
Ángel soltó una risa sorprendido.
Karina se llevó las manos a la boca emocionada.
—No puedo creerlo… —dijo Ángel.
Victoria se separó un poco de mí.
Tenía lágrimas en los ojos.
—Yo tampoco.
La miré fijamente.
Y entendí algo en ese instante.
Durante años vivimos rodeados de rabia, tensión, planes, vigilancia y miedo.
Pero esa noticia…
esa pequeña noticia…
acababa de traer algo distinto a la casa.
Esperanza.
Scarlett se acercó lentamente.
—Bueno… supongo que ahora sí tenemos algo realmente importante que proteger.
Victoria sonrió.
Karina también.
Ángel negó con la cabeza todavía impresionado.
—Santiago va a ser papá…
Yo solté una risa baja.
Todavía me costaba creerlo.
Miré a Victoria otra vez.
Y ella puso mi mano sobre su vientre.
Todavía no podía sentirse nada.
Todavía era temprano.
Pero aun así…
sentí que el mundo acababa de cambiar otra vez.