NovelToon NovelToon
LÁGRIMAS DE CRISTAL ROTO

LÁGRIMAS DE CRISTAL ROTO

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Traiciones y engaños / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:7.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Anastasia Valenzuela Herrera huyó de la opulencia y del peso de ser la heredera del imperio de los magnates número uno del mundo, ocultándose bajo la falsa identidad de Anastasia Riquelme. Buscando forjar su propio camino en el extranjero, su vida da un giro devastador la noche en que es brutalmente violada en la oscuridad por un desconocido. Meses después, un desmayo en la universidad revela una verdad inquebrantable: está esperando un hijo de su agresor. En un intento desesperado por proteger a su bebé y evitar la intervención de su poderosa familia, comete el error de aceptar casarse por lo civil con Patricio Zapata, un compañero machista y manipulador.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL JUICIO DEL DESTINO Y LA LLAMADA DE AUXILIO

​El motor de la camioneta blindada rugía en el estacionamiento subterráneo del centro médico. Carmelo Victorino bajó del vehículo sin esperar a sus escoltas, con la mirada clavada en la entrada privada de la clínica de la cual la familia Valenzuela era dueña absoluta. Vestía un traje oscuro arrugado por la noche en vela, y en sus ojos azules, habitualmente fríos e impenetrables, solo quedaba el reflejo de un hombre dispuesto a ser ajusticiado.

​Sandro lo alcanzó a paso apresurado justo en las puertas acristaladas de la recepción.

​—Carmelo piensa bien lo que vas a hacer —le advirtió Sandro en un susurro cargado de aprensión—. Adriel Valenzuela está en este edificio. Si entras a confesar esto sin un equipo de abogados ni una estrategia, te estás entregando directamente a la boca del lobo.

​—He sido un cobarde durante casi siete años Sandro —respondió Carmelo con una frialdad tajante sin detener su avance—. El verdadero infierno no es la cárcel ni la ruina financiera; el infierno ha sido mirar al espejo cada mañana sabiendo que destruí a una inocente. No voy a dar un solo paso atrás.

​Viendo la determinación suicida de su hermano y temiendo que la furia de los Valenzuela desatara una tragedia insalvable, Sandro se rezagó un par de pasos en el vestíbulo. Sacó su teléfono personal con las manos temblorosas y marcó el número de su madre. Sabía que la única persona con la templanza y el carácter suficiente para contener el colapso inminente era ella.

​—¿Sandro? Hijo, ¿qué pasa a esta hora? —respondió la voz de su madre al otro lado de la línea, notando de inmediato la agitación de su hijo menor.

​—Mamá, necesito que escuches con atención y vengas de inmediato al Hospital Valenzuela —dijo Sandro con la voz entrecortada por la desesperación—. No hay tiempo para explicarte todo por teléfono, pero Carmelo está fuera de sí. Se descubrió un secreto del pasado que involucra a la hija de Adriel Valenzuela y a un niño... Carmelo está a punto de entregarse y confesarlo todo frente a la familia Valenzuela. Tienes que venir rápido, mamá, antes de que esto termine en una tragedia.

​—¿En el hospital de los Valenzuela? Voy saliendo de inmediato —respondió su madre sin dudar un solo segundo, reconociendo la gravedad en el tono de Sandro antes de colgar.

​Sandro guardó el teléfono y corrió hacia el ascensor privado para no perder de vista a su hermano.

​En la oficina de la dirección médica, el teléfono sobre el escritorio de caoba sonó tres veces. Adriel Valenzuela atendió con ademán rápido, escuchando la voz del jefe de seguridad del hospital.

​—Señor Valenzuela, el señor Carmelo Victorino acaba de ingresar al edificio. Va subiendo por el ascensor privado hacia la suite de la señorita Anastasia.

​Adriel apretó el auricular con tanta fuerza que sus nudillos crujieron. Sus hijos, Andrés y Adrián, se pusieron de pie al instante al notar la tensión eléctrica en el rostro de su padre.

​—Bloqueen el pasillo. Nadie entra a la habitación de mi hija —ordenó Adriel con una calma aterradora—. Andrés, Adrián, vengan conmigo. El señor Victorino acaba de caminar directo hacia su sentencia.

​En ese preciso instante, la puerta lateral de la oficina se abrió. Un médico genetista con bata blanca ingresó llevando en la mano un sobre amarillo de alta seguridad, sellado con cinta roja.

​—Señor Valenzuela —dijo el médico con tono sobrio—. Tenemos los resultados comparativos del análisis genético de urgencia entre la muestra recuperada de la sala de espera y el menor.

​Adriel le arrebató el sobre de las manos. Con un movimiento brusco rompió el sello y desplegó la hoja de papel oficial. Sus ojos oscuros recorrieron rápidamente los términos técnicos hasta llegar al párrafo final, donde la conclusión resaltaba en negrillas: Probabilidad de Paternidad: 99.999%.

​Un silencio sepulcral, espeso como el plomo, cayó sobre la oficina. Adriel dobló el papel despacio, lo guardó en el bolsillo interior de su saco y miró a sus dos hijos.

​—Está confirmado —sentenció el patriarca, con una voz que helaba la sangre—. Vamos a recibir a nuestro socio.

​Carmelo salió del ascensor y avanzó por el pasillo de la suite privada. Al llegar a la puerta donde descansaba Anastasia, se topó de frente con una muralla infranqueable. Adriel Valenzuela, flanqueado por Andrés y Adrián, le cerraba el paso.

​La mirada entre los dos patriarcas fue como el choque de dos imperios. Adriel observaba al hombre que tenía enfrente con un odio visceral, mientras que Carmelo mantenía la cabeza erguida, aunque su tez permanecía blanca como la cal.

​—Carmelo —dijo Adriel con lentitud, dando un paso al frente—. Qué sorpresa verte en la clínica privada de mi familia. No recuerdo haberte invitado a venir.

​—Don Adriel... —comenzó Carmelo, tragando saliva con dificultad—. No vine por asuntos corporativos ni por cortesía diplomática. Vine porque necesito hablar con usted y con su hija. Necesito decirles la verdad.

​—¿La verdad? —intervino Adrián, apretando la mandíbula mientras contenía las ganas de abalanzarse sobre el magnate—. ¿De qué verdad estás hablando, Victorino?

​Carmelo dio un paso adelante y, ante la estupefacción de Andrés y Adrián, dobló las rodillas hasta quedar completamente arrodillado en el suelo del pasillo, inclinando la cabeza con el rostro bañado en una humillación absoluta.

​—Vine a confesar mi crimen —dijo Carmelo con la voz quebrada por un sollozo profundo que resonó en las paredes—. Hace seis años y nueve meses, en la fiesta de aniversario del conglomerado... fui víctima de un atentado. Me administraron una droga sintética en la bebida que me hizo perder la razón y la voluntad. En medio de un estado delirante y fuera de mí, ataqué a una mujer en la penumbra... Le destruí la vida a Anastasia.

​Adriel no se movió un solo milímetro. Mantenía las manos cruzadas a la espalda, escuchando cada palabra con una rigidez de piedra.

​—Desde esa noche he vivido en el infierno —continuó Carmelo, alzando la vista con los ojos rojos e inyectados en llanto—. No sabía quién era ella. Huí como un cobarde en la oscuridad. He pasado casi siete años sin poder dormir, lleno de crisis de pánico y culpa. Pero anoche... anoche cuando vi a ese niño en este pasillo... vi mi propio rostro. Vi a mi hijo.

​—Tu hijo... —repitió Adriel en un murmullo helado, sacando el sobre amarillo de su saco y arrojándolo sobre el regazo de Carmelo—. Los laboratorios de mi hospital acaban de entregarme esto. Tu ADN coincide exactamente con el de Ariel.

​Carmelo tomó el papel con manos temblorosas, leyendo el resultado mientras las lágrimas empapaban la hoja. Sandro, parado a pocos metros, miraba fijamente hacia el fondo del pasillo, rogando en silencio que su madre apareciera en el ascensor antes de que la situación se desbordara por completo.

​—Acepto lo que usted decida, Don Adriel —suplicó Carmelo, mirando directamente a los ojos del patriarca—. Si quiere llamar a la policía ahora mismo y mandarme a prisión, no pondré a ningún abogado a defenderme. Si quiere destruirme financieramente, entregaré cada acción de mis empresas. Solo le pido... le imploro que me deje pedirle perdón a Anastasia y asegurarme de que a mi hijo jamás le vuelva a faltar nada.

​En ese momento, la puerta de la suite médica se abrió despacio.

​Doña Natalia salió al pasillo apoyando a Anastasia, quien caminaba lentamente sosteniéndose del brazo de su madre. La joven lucía pálida, con la bata de hospital y los rastros de la crisis aún visibles en su rostro, pero sus ojos color miel estaban fijos en el hombre arrodillado sobre el suelo.

​El silencio en el pasillo se volvió sofocante.

​Carmelo levantó la vista y sus ojos azules se encontraron por primera vez de forma consciente con los de Anastasia. La respiración se le cortó de golpe.

​—Perdóname... —susurró Carmelo desde el suelo, sintiendo que la voz se le ahogaba en la garganta—. Por favor... perdóname...

​Anastasia se congeló en su sitio. El timbre de esa voz profunda, marcada por un tono de suplicante agonía, resonó en los rincones más oscuros de su memoria. El recuerdo del hombre en la penumbra, aquél que le pedía perdón entre suspiros mientras la destruía, cobró una claridad aterradora en su mente. Miró el cabello rubio y rizado de Carmelo, luego recordó las facciones del pequeño Ariel y el aire pareció faltarle en los pulmones.

​—Eras tú... —musitó Anastasia con un hilo de voz, sintiendo que las lágrimas brotaban descontroladamente de sus ojos—. Todo este tiempo... fuiste tú.

1
Graciela Saiz
pero si la empresa era familiar, debe haber parte de su madre y sus hermanos 🤷
Graciela Saiz
que mujer tan tonta 🤷
Tere Jimenez
muy buena tu novela hermosa ojalá y nos regales el final muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo
Naibelys Perez: un millón de gracias ❤️ bendiciones 🫂🥰
total 1 replies
Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Mar Sol
¿Cómo es posible que Anastasia sea tan boba? a ella le han hecho la vida imposible, patricio y su madre, no se pone a pensar que su pequeño, puede ser víctima de violencia y lo peor que sus padres lo saben y ni así cree, si a ella le gusta que la maltraten, que lo viva, pero el niño, no.
Mar Sol
Ese cobarde de Patricio y su madre son despreciables, me pregunto ¿dónde está la vigilancia de la familia de Anastasia, por que eso fue lo que dijo el padre de ella.
Mar Sol
Una novela que muestra, que la comunicación es importante en la familia, por cualquier cosa que se presente.
neumidia ruiz
hermosa historia! quiero que paguen los que drogaron a. armero y tambien que la pareja tenga gemelos seria genial para el hermano mayor 👏👏👏👏
neumidia ruiz
hermosa historia! quiero que paguen los que drogaron a. armero y tambien que la pareja tenga gemelos seria genial para el hermano mayor 👏👏👏👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play