Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 3: La guerra que no esperaba
El silencio en el comedor era tan pesado que parecía llenar cada rincón de la mansión.
Camila podía sentir las miradas sobre ella.
La madre de Adrián la observaba con atención, como si intentara descifrar quién era realmente. El padre mantenía una expresión dura, apoyado en su bastón. Y Valeria… Valeria la miraba como si fuera un intruso que debía desaparecer.
Camila intentó mantenerse tranquila.
Pero su corazón latía con fuerza.
Adrián seguía de pie a su lado, con una calma que parecía imposible en una situación como esa.
—Adrián —dijo finalmente su madre—, ¿puedes explicarnos qué está pasando?
Él respondió con tranquilidad.
—Ya lo dije. Camila es mi esposa.
La mujer frunció el ceño.
—No estamos hablando de un negocio. Estamos hablando de matrimonio.
El padre de Adrián habló entonces con una voz grave.
—Nos enteramos de esto hace diez segundos.
Sus ojos se movieron hacia Camila.
—Y nadie sabe quién es esta mujer.
Camila sintió un pequeño nudo en el estómago.
Antes de que pudiera decir algo, Valeria dio un paso hacia adelante.
—Yo también quisiera saberlo —dijo con una sonrisa que no era amable—. Porque hasta hace unas semanas, Adrián y yo teníamos planes muy distintos.
Camila giró la cabeza lentamente hacia Adrián.
—¿Planes?
Valeria respondió antes que él.
—Estábamos comprometidos.
Las palabras cayeron en la habitación como una bomba.
Camila sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Miró a Adrián.
—¿Es verdad?
Adrián no mostró ninguna emoción.
—Eso ya terminó.
Valeria soltó una risa corta.
—¿Terminó? Qué curioso… yo no recuerdo haber terminado nada.
El padre de Adrián golpeó suavemente el suelo con su bastón.
—Esto es un desastre.
La madre suspiró.
—Adrián, siempre has sido impulsivo, pero esto…
Sus ojos volvieron a Camila.
—Esto es demasiado.
Camila sintió que la estaban juzgando sin siquiera conocerla.
—No era mi intención causar problemas —dijo finalmente.
Valeria arqueó una ceja.
—Oh, estoy segura de que no.
Camila la miró con firmeza.
—Solo estoy aquí porque Adrián me pidió que estuviera.
Valeria cruzó los brazos.
—Claro. Y estoy segura de que lo hiciste por amor.
La ironía en su voz era evidente.
Camila guardó silencio.
Valeria dio otro paso, acercándose un poco más.
—Dime algo —continuó—. ¿Cuánto tiempo llevas conociendo a Adrián?
Camila dudó.
—No mucho.
Valeria sonrió con una mezcla de burla y desprecio.
—Entonces supongo que fue amor a primera vista.
El comentario provocó que la madre de Adrián frunciera el ceño.
Adrián intervino.
—Esto no es asunto tuyo, Valeria.
Ella lo miró con intensidad.
—Claro que lo es.
Luego volvió su atención hacia Camila.
—Porque si crees que puedes llegar aquí y ocupar mi lugar…
Su voz se volvió más fría.
—Te equivocas.
Camila sostuvo su mirada.
—No estoy ocupando el lugar de nadie.
Valeria soltó una pequeña risa.
—Eso lo veremos.
El padre de Adrián habló nuevamente.
—Quiero saber quién es esta mujer.
Adrián respondió con calma.
—Se llama Camila Torres.
—Eso ya lo sabemos —dijo el hombre—. Quiero saber de dónde viene.
Camila sintió todas las miradas sobre ella otra vez.
Respiró profundo.
—Crecí en esta ciudad.
Valeria intervino.
—¿Y tu familia?
—Mi madre.
—¿Solo tu madre?
Camila sintió que el interrogatorio empezaba a incomodarla.
—Sí.
Valeria inclinó ligeramente la cabeza.
—Qué interesante.
Adrián frunció el ceño.
—Suficiente.
Pero Valeria no se detuvo.
—¿Trabajas?
Camila respondió con honestidad.
—Trabajaba.
—¿Trabajabas?
—Perdí mi empleo hace poco.
Valeria sonrió lentamente.
—Ahora todo tiene sentido.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Valeria caminó alrededor de la mesa, observándola con atención.
—Una chica sin trabajo… de una familia humilde… que de repente aparece casada con uno de los hombres más ricos de la ciudad.
Se detuvo frente a ella.
—Es casi una historia de cuento.
El tono de burla era evidente.
Adrián habló con frialdad.
—Valeria.
—Solo estoy siendo sincera.
Camila apretó ligeramente los dedos.
—No sabes nada sobre mí.
Valeria se inclinó un poco hacia ella.
—No todavía.
Sus ojos brillaban con una intensidad inquietante.
—Pero voy a averiguarlo.
El padre de Adrián suspiró.
—Esto no tiene sentido.
La madre se levantó lentamente.
—Necesitamos hablar contigo, Adrián.
Él respondió sin dudar.
—Ahora no.
El hombre lo miró con severidad.
—Entonces hablaremos después.
Ambos salieron del comedor.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Valeria miró a Camila durante unos segundos más.
Luego tomó su bolso.
—Disfruta tu nueva vida mientras puedas.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Valeria sonrió.
—Que en esta familia… nada es tan sencillo como parece.
Caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo.
—Ah, y una cosa más.
Miró directamente a Camila.
—Las mentiras siempre salen a la luz.
Luego desapareció por el pasillo.
Camila soltó el aire lentamente.
—Esto fue horrible.
Adrián se acercó un poco más.
—Te advertí que no sería fácil.
Camila lo miró.
—No me advertiste que tu ex prometida estaría aquí.
Adrián guardó silencio unos segundos.
—Valeria no acepta perder.
Camila cruzó los brazos.
—Pues parece que tampoco acepta tu matrimonio.
Adrián respondió con calma.
—No importa lo que piense.
Camila lo observó.
—Tal vez debería importarte.
En ese momento, el teléfono de Adrián vibró.
Miró la pantalla.
Su expresión cambió ligeramente.
Camila lo notó.
—¿Qué pasa?
Adrián giró el teléfono hacia ella.
Había una noticia en la pantalla.
Una foto.
Era la entrada de la mansión.
Y en la imagen aparecían Camila y Adrián entrando juntos la noche anterior.
El titular decía:
“El millonario Adrián Vega se casa en secreto con una misteriosa mujer.”
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Esto… esto se está volviendo público.
Adrián guardó el teléfono.
—Sí.
Camila lo miró con preocupación.
—¿Eso es malo?
Adrián respondió con una voz tranquila… pero peligrosa.
—Depende.
—¿De qué?
Adrián la observó fijamente.
—De quién más vea esta noticia.
Camila frunció el ceño.
—No entiendo.
Adrián se acercó un poco más.
—Hay personas que no estarán felices de saber que ahora eres mi esposa.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Personas como Valeria?
Adrián negó ligeramente.
—Mucho peores.
El silencio llenó la habitación.
Camila sintió que algo oscuro se escondía detrás de esas palabras.
—Adrián…
—¿Sí?
—¿En qué clase de problema me metí?
Adrián la miró con calma.
Pero lo que dijo después hizo que el miedo recorriera todo su cuerpo.
—En uno del que tal vez no puedas salir.