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Debajo De Tus Sábanas

Debajo De Tus Sábanas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Todos sabían que Víctor Moreira se había convertido en un hombre solitario tras su reciente y complicado divorcio con Ángela. Desde entonces, se había concentrado exclusivamente en una sola cosa: ser un padre intachable, enfocado en su trabajo y, sobre todo, en proteger el bienestar de su hija Angélica, una adolescente de quince años.
Pero nadie sabía sobre esos deseos sexuales que se encendieron con cada mirada recibida por Cecilia Morales, su nueva secretaria de veinte años. Una joven que fingía ser tímida, discreta y sumamente profesional ante el mundo, cuando en realidad ocultaba fantasías intensas y deseaba a ese hombre mayor y con autoridad solo para ella.

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Capitulo 21

Un mes de silencio absoluto en la intimidad puede transformar el cuerpo y la mente de una mujer. Para Cecilia, las últimas cuatro semanas no habían sido una condena, sino una metamorfosis. La decisión de poner una pausa en su relación secreta con Víctor había sido un trago amargo, pero necesario. Él necesitaba el cien por ciento de su atención para lidiar con la rebeldía de Angélica y estabilizar su rol de padre soltero, y Cecilia, fiel a su devoción por el hombre que la gobernaba, aceptó la orden con una docilidad impecable.

Sin embargo, estar en pausa no significaba estar estancada. Cecilia había aprovechado ese tiempo para enterrar su pasado por completo. Los mensajes de texto manipuladores de su madre, Elena, ahora morían en una lista de números bloqueados; y el recuerdo patético de su exnovio Esteban había sido borrado como un boceto mal hecho. Cecilia ya no era la chica que dudaba de sus propios deseos. Había adoptado nuevos hábitos: comenzó a practicar yoga de alta intensidad para moldear aún más sus curvas, leía literatura clásica sobre psicología del control y dedicaba sus noches a consentirse a sí misma, manteniendo su piel tersa, perfumada con esa icónica fragancia a vainilla y madera, lista para el momento en que su dueño reclamara el regreso al juego.

El lunes por la mañana, la atmósfera en el piso doce de la empresa estaba cargada de una expectación casi mística. Era el primer día del mes tras la tregua, y Cecilia llegó a la recepción decidida a demostrarle a Víctor que la distancia solo había perfeccionado su sumisión.

Vestía un traje sastre de tres piezas en un tono azul cobalto profundo. El chaleco, ajustado al milímetro, marcaba el nacimiento de su escote con una elegancia peligrosa, mientras que el pantalón de vestir de tiro alto se amoldaba a sus caderas, acentuando el vaivén de su caminata. Tenía el cabello rubio perfectamente lacio, cayendo como una cascada brillante sobre sus hombros. La vulnerabilidad del pasado había desaparecido; ahora emanaba la seguridad magnética de una mujer que sabe exactamente el poder que tiene sobre el hombre que está detrás del cristal polarizado.

A las diez en punto, la puerta del despacho principal se abrió.

Víctor Moreira salió al pasillo. Su imponente presencia física de treinta años seguía mandando en toda la habitación, pero su rostro serio y maduro lucía notablemente más relajado. El mes de dedicación exclusiva a su hija había dado frutos: los límites estrictos habían funcionado, Angélica estaba más centrada y el caos del divorcio finalmente empezaba a disiparse. Sin embargo, en cuanto sus ojos oscuros se clavaron en la nueva imagen de Cecilia, toda la calma que Víctor había acumulado se evaporó en un segundo.

Se detuvo frente al mostrador de mármol, apoyando una mano firme sobre la superficie. Sus pupilas se dilataron al recorrer el satén del chaleco de ella y la línea impecable de su cuello. La tensión sexual que habían mantenido congelada durante treinta días regresó con la fuerza de un tsunami, densa, caliente y casi tangible.

—Buenos días, señorita Morales —dijo Víctor. Su voz de mando habitual sonó más baja, una vibración ronca que impactó directo en el vientre de Cecilia.

—Buenos días, señor Moreira —respondió ella en un hilo de voz suave, dócil, pero sosteniéndole una mirada cargada de un atrevimiento salvaje que lo desafiaba abiertamente. No se movió, manteniéndose en su postura profesional—. Aquí tiene los reportes financieros listos para la junta de la tarde. Como puede ver, todo ha estado bajo absoluto orden en su ausencia.

Víctor dio un paso imperceptible hacia adelante, acortando la distancia. El aroma dulce y embriagador de la vainilla lo golpeó de frente, nublándole el buen juicio. Notó de inmediato el cambio en ella: la madurez en sus gestos, la seguridad con la que se plantaba frente a él y la total ausencia de esa timidez nerviosa de los primeros meses. Su secretaria había enterrado sus fantasmas, y el resultado era una tentación maldita que lo estaba volviendo loco.

—Veo que ha adquirido nuevos hábitos, Cecilia —le murmuró Víctor con un tono peligrosamente bajo, asegurándose de que su voz no resonara en el pasillo—. Te ves... diferente. Más segura.

—Tuve un mes entero para pensar en sus reglas, señor —confesó ella en un susurro ardiente, inclinándose sutilmente hacia él por encima del mostrador—. Decidí deshacerme de todo lo que me estorbaba. Mi pasado ya no existe. Ahora solo queda la mujer que usted moldeó.

Víctor apretó la mandíbula, sintiendo que la sangre le hervía por los celos retroactivos y el deseo reprimido. Saber que ella se había limpiado de las toxicidades de su madre y de su exnovio solo para entregarse más a su autoridad era la mayor fantasía que un hombre dominante podía pedir.

—A mi oficina. Ahora mismo —ordenó Víctor con una firmeza implacable que no admitía réplicas.

Cecilia se levantó despacio, tomó la carpeta de documentos y caminó detrás de él, disfrutando de la maravillosa sensación de sumisión que le provocaba su voz de mando. En cuanto entraron al despacho, el clic definitivo del pestillo de la puerta trasera rompió cualquier rastro de distancia profesional.

Víctor no esperó. Se giró con la velocidad de un depredador, la tomó del brazo con una firmeza posesiva y la arrastró hacia la pared de caoba, acorralándola con su imponente contextura física. Sus rostros quedaron a milímetros, compartiendo el mismo aire caliente.

—Se terminó la pausa, Cecilia —sentenció Víctor, mirándola desde arriba con esa superioridad natural que a ella tanto la desarmaba—. Ya me encargué de mi familia, ya puse el orden que mi hija necesitaba. Ahora es mi turno de volver a tomar lo que es mío.

—He estado esperando sus órdenes durante treinta días, Víctor... —rogó ella en un gemido ronco, enredando sus dedos en las solapas de su saco gris marengo, arqueando el cuerpo para pegar su pecho al de él—. Muéstreme que sigue siendo el dueño de mi voluntad.

Víctor soltó un gruñido bajo, posesivo, y mandó el autocontrol al demonio. La tomó de la nuca con fuerza, enredando los dedos en su cabello rubio, y atrapó sus labios en un beso salvaje, profundo y hambriento. Fue un reclamo crudo, la liberación de toda la tensión acumulada de un mes de abstinencia y miradas discretas. Cecilia correspondió con la misma intensidad, entregándose por completo al delicioso peso de su dominación.

Sin romper el beso, las manos grandes y cálidas de Víctor viajaron por la cintura de Cecilia, bajando por sus caderas con una confianza renovada, reconociendo el cuerpo firme y esculpido de su secretaria. La levantó por los muslos con una facilidad pasmosa y la sentó sobre el borde del escritorio de caoba, haciendo a un lado los papeles del día.

—A partir de hoy, tus nuevos hábitos también me pertenecen —le murmuró él contra los labios, con la respiración entrecortada, mientras subía la tela de su pantalón para acariciar la piel caliente de sus piernas—. En esta oficina, debajo de las sábanas de nuestro secreto, yo sigo dictando las condiciones. Y tú vas a obedecer cada una de ellas.

—Sí, señor... siempre —respondió Cecilia con un atrevimiento salvaje en los ojos, sabiendo que la pausa había terminado y que el control absoluto de su placer estaba, una vez más, en las manos perfectas de su implacable jefe.

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Kookie
ojalá subas capitulos muchos
Kookie
tuvieron un bebé
Kookie
ya se la ganó
Kookie
tanto tiempo pasó
Kookie
entiendo a Ceci
Kookie
ya empezó el juego
Kookie
la odiosa de su ex esposa
Kookie
se está poniendo bueno
Kookie
la niña le dió su merecido a esa bruja
Kookie
no tenía que irse
Kookie
más trasfondo de la madre
Kookie
uffffff
Kookie
Ya le confesó 🤭🤭
Kookie
Más capitulos plis
SAQ
Red
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