Morí… y ahora soy la esposa omega del villano.
Según la historia, debía morir.
Según yo, voy a conquistarlo primero.
El problema…
Es que el villano empezó a obsesionarse conmigo antes de lo previsto.
Y ahora no sé quién está reescribiendo a quién.
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Capitulo 3-Nadie Dudará Que Eres Mío
Las puertas del salón se cerraron tras Adrian Laurent, pero el aire no volvió a ser el mismo.
El silencio quedó suspendido entre nosotros.
Cassian no apartó la mirada de la puerta por varios segundos. Su expresión era ilegible, pero la tensión en su postura lo decía todo.
Yo tampoco hablé.
Esperé.
Porque en la novela original, este era el punto exacto donde comenzaba el cambio. Donde la curiosidad del villano por el heredero se transformaba en interés.
Pero eso no había ocurrido.
Su mano seguía firme en mi cintura.
—Lo recuerdas —dije finalmente.
No fue una pregunta.
Cassian bajó la mirada hacia mí.
—Sí.
Su voz era más grave de lo habitual.
—Recuerdo que debía interesarme.
Mi respiración se volvió más lenta.
—Y no lo hiciste.
Sus dedos se tensaron apenas.
—No.
Silencio.
No hubo duda en su respuesta.
Eso significaba que no era solo instinto. Era elección.
—¿Por qué? —pregunté.
Cassian dio un paso, obligándome a retroceder hasta que mi espalda rozó el borde de la mesa.
No fue brusco.
Pero sí dominante.
—Porque también recuerdo algo más.
Su mirada descendió lentamente por mi rostro, como si confirmara que estaba frente a alguien real.
—Recuerdo un funeral.
Mi corazón dio un golpe seco.
—Recuerdo tu cuerpo inmóvil —continuó—. Y recuerdo que después de eso, nada tuvo sentido.
La sinceridad en su voz no era teatral. No era calculada.
Era cruda.
—No quiero esa versión —añadió.
No hablaba del imperio.
No hablaba del poder.
Hablaba de mí.
—Entonces cámbiala —susurré.
Sus ojos se oscurecieron apenas.
—La cambiaré.
No pidió ayuda.
No hizo una promesa compartida.
Lo afirmó como una decisión propia.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Cassian D’Avermont no protegía por cariño.
Protegía por posesión.
Y algo en su forma de mirarme comenzaba a parecerse demasiado a eso.
Esa noche no pude dormir.
La imagen de Adrian, su sonrisa segura, su luz natural, seguía rondando mi mente. En la historia original, él no era un antagonista. Era el héroe.
Pero yo tampoco quería ser un personaje secundario destinado a morir.
El sonido de la puerta abriéndose me hizo incorporarme.
Cassian entró sin anunciarse.
Vestido aún de negro, impecable, como si la noche misma lo hubiera moldeado.
Cerró la puerta detrás de él.
—¿Ocurre algo? —pregunté.
Se acercó lentamente.
—Quiero entender.
Se detuvo frente a la cama.
—¿Desde cuándo decidiste dejar de temerme?
Su pregunta era directa.
No superficial.
Respiré hondo.
—Desde que entendí que no eres el monstruo que todos creen.
Sus ojos se estrecharon apenas.
—Hablas como si me conocieras.
Si supieras cuánto.
—Tal vez siempre te observé más de lo que pensabas.
Cassian apoyó una rodilla sobre el colchón.
Luego la otra.
Se inclinó hacia mí.
No me tocó.
Pero su presencia era abrumadora.
—En esos recuerdos —murmuró— tú me evitabas. Bajabas la cabeza. Temblabas.
Su mirada descendió a mis labios.
—Ahora me miras como si no te importara lo que pueda hacerte.
Mi pulso se aceleró.
—No me importa.
Sus dedos subieron lentamente hasta mi cuello.
No apretaron.
Pero tampoco eran suaves.
—Eso es peligroso.
—¿Para quién?
Silencio.
Su respiración rozaba mi piel.
—Para ti.
—No lo creo.
Lo sostuve la mirada sin apartarla.
Algo en sus ojos cambió.
No era solo deseo.
Era decisión.
Su frente tocó la mía.
Un contacto mínimo.
Pero suficiente para que el aire se volviera pesado.
—No quiero verte morir —dijo en voz baja.
Mi pecho se contrajo.
—Entonces protégeme.
Sus dedos se tensaron.
Por primera vez, Cassian dudó.
Porque proteger significaba apego.
Y el apego es una grieta en la armadura de cualquier villano.
Se apartó apenas, pero no se alejó.
—No te acerques demasiado al heredero.
Ah.
Allí estaba.
—¿Celoso? —pregunté con suavidad.
Sus ojos se oscurecieron de inmediato.
—No me gusta cómo te miró.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—Solo fue cortesía.
—No.
Su mano bajó a mi cintura, firme.
—Te evaluó.
Silencio.
—Y no estás disponible para ser evaluado.
Mi respiración se volvió irregular.
—¿No lo estoy?
Cassian me sostuvo el mentón con firmeza.
—No.
Una sola palabra.
Pero cargada de significado.
Se inclinó apenas más cerca.
—Me aseguraré de que todos lo sepan.
Mi pulso latía con fuerza.
Esto no estaba ocurriendo tan rápido en la novela.
La obsesión tardaba capítulos en formarse.
Aquí…
Apenas estamos comenzando el tercero.
—¿Y si me niego? —susurré.
Sus pupilas se dilataron.
—No lo harás.
—¿Tan seguro estás?
Su pulgar rozó apenas mi labio inferior.
Un gesto lento.
Consciente.
—Sí.
Silencio.
—Porque aunque dices que no me temes… tampoco quieres que mire a nadie más.
Mi respiración se cortó.
Eso fue un golpe directo.
Intenté responder.
No pude.
Sus labios descendieron lentamente.
No fue un beso.
Fue una distancia suspendida.
Un límite a punto de romperse.
—Elian —murmuró.
Mi nombre en su voz sonaba distinto.
Más oscuro.
Más personal.
—No juegues conmigo si no estás dispuesto a asumir las consecuencias.
Mi corazón latía demasiado fuerte.
Pero no retrocedí.
—Entonces no pierdas.
Un segundo.
Dos.
Y entonces, finalmente, sus labios rozaron los míos.
No fue suave.
No fue desesperado.
Fue firme.
Reclamante.
Como si estuviera marcando el inicio de algo.
Cuando se separó, su mirada era distinta.
Más profunda.
Más posesiva.
—Desde hoy —dijo con voz baja— nadie dudará de que eres mío.
El aire se volvió denso.
Y por primera vez desde que desperté en este mundo…
Sentí que el mayor peligro no era morir en el capítulo 23.
Era convertirme en la razón por la que el villano decidiera destruirlo todo.
Y, honestamente…
No estaba seguro de querer detenerlo. 😏🔥
...****************...
Cassian recuerda el futuro…
y decidió cambiarlo.
Pero hay algo aún más peligroso que el destino original:
lo que un villano es capaz de hacer cuando se obsesiona.
Díganme la verdad 👀
¿Creen que Cassian realmente protegerá a Elian…
o que su obsesión terminará destruyendo todo el imperio?