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La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Reencarnación
Popularitas:9.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Alessio De Luca compró un esposo omega para que fuera un adorno en su vida de capo, pero esa noche Renato Vieri murió de miedo. En su cuerpo despertó Dante, un alfa estratega que perdió su vida en otro mundo.

Ahora, fingiendo sumisión, Renato usará a Alessio para escalar hasta la cima del hampa. Su plan: ser la mano en la sombra que guíe cada movimiento de su alfa. Pero su verdadera naturaleza empieza a filtrarse en su aroma, lo que debería oler solo a algodón y flor de cerezo comienza a liberar pimienta rosa, un picante que Alessio no puede ignorar.

Entre la atracción de sus feromonas y la admiración por esa mente criminal, el alfa se verá obligado a replantearse todo lo que creía sobre los omegas, el poder y la lealtad. Juntos formarán una alianza letal. Pero cuando la máscara caiga y Alessio descubra que su esposo no es quien dice ser, ¿serán dueños de la ciudad o enemigos mortales?

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Prólogo: El precio de la hoja

La noche pesaba como una losa sobre la mansión De Luca. Renato Vieri lo sabía porque llevaba tres semanas sin poder levantarla de su pecho.

Tres semanas desde que su padre firmó los papeles como quien firma una factura atrasada. Tres semanas desde que los hombres de Alessio De Luca lo recogieron en la puerta de su casa con la frialdad de quien carga un paquete. Tres semanas desde que comprendió, con una claridad que le rajó el pecho, que para su familia nunca había sido un hijo. Era solo un activo, un omega vendible, una deuda saldada con su cuerpo.

Ahora estaba en una habitación que no era suya, en una cama que olía a limpio y a indiferencia. Las sábanas eran de algodón egipcio, la mesita de noche, de caoba, había un jarrón con flores frescas que alguien cambiaba cada mañana sin mirarlo a los ojos. Todo era hermoso. Todo era una jaula.

Renato se incorporó despacio, las sábanas resbalaron por sus muñecas y las dejaron al descubierto. Aún conservaba los moretones de la noche que intentó escapar, no lo habían golpeado —Alessio De Luca no era un hombre que necesitara ensuciarse las manos con un omega—, pero los hombres que lo trajeron sí. Lo habían sujetado con la indiferencia de quien aprieta una fruta para ver si está madura.

Miedo. Eso era todo lo que había sentido desde que cruzó la puerta. Miedo a las miradas de los guardias, que lo recorrían como si calcularan su precio. Miedo a los alfas que visitaban la mansión y cuyas feromonas lo dejaban temblando en los pasillos. Miedo al silencio de su propio esposo, que lo había visto una vez, le había dicho "no des problemas" con una voz que no admitía réplica, y no había vuelto a dirigirle la palabra.

Un adorno, eso era, un florero con patas. Algo que se exhibe en las cenas de gala para que los demás vean que el alfa De Luca tiene un omega, y luego se guarda en un armario hasta la próxima función.

Renato había intentado ser ese adorno. Se había mirado al espejo durante horas, ensayando sonrisas que no le llegaban a los ojos. Se había puesto la ropa que le dejaban en el armario, los tejidos suaves, los colores pastel que hablaban de sumisión. Había bajado la mirada cada vez que un alfa cruzaba su camino.

Pero el miedo no se iba, el miedo vivía en sus huesos. El miedo le decía que en cualquier momento su esposo se cansaría de la farsa y reclamaría lo que había comprado. El miedo le susurraba que los omegas que no cumplían las expectativas desaparecían, y que nadie preguntaba por ellos.

Tres semanas de miedo, de noches en vela, de manos que temblaban sin motivo. De no poder comer, de no poder llorar, de no poder ser nada.

Renato se levantó de la cama. Sus pies descalzos tocaron el mármol frío y sintió que era lo único real en esa habitación. El frío no mentía, el frío no fingía.

Caminó hasta el escritorio. Había visto a los sirvientes entrar a cambiarlo, pero nadie había notado lo que él había escondido en el cajón de la izquierda, debajo de los sobres vacíos. Lo había encontrado el segundo día, cuando aún creía que podía escapar.

La hoja de afeitar estaba donde la dejó; plateada., afilada, pequeña como una promesa.

La tomó con dedos que ya no temblaban, por primera vez en tres semanas, sus manos estaban quietas.

Se sentó en el borde de la cama, sobre las sábanas de algodón que nunca lo habían abrazado. Miró sus muñecas. La piel era pálida, fina, marcada por los dedos de los guardias. Las venas trazaban líneas azules bajo la superficie, como ríos en un mapa de un país que nunca había querido habitar.

Omega, le habían dicho desde niño. No sirves para otra cosa. Tu belleza es tu moneda. Tu sumisión es tu valor.

Había creído que podía ser algo más. Había soñado con un alfa que lo mirara como si valiera algo, con una casa donde su olor a algodón y flor de cerezo fuera bienvenido sin exigir nada a cambio. Había creído que si era lo suficientemente bueno, lo suficientemente dócil, lo suficientemente invisible, tal vez merecería vivir.

Pero no era bueno, no era dócil, no era invisible.

Solo tenía miedo.

La hoja mordió su muñeca izquierda con un dolor limpio, casi cortés. La sangre brotó en un hilo rojo que se deslizó por su antebrazo y cayó sobre el algodón de la cama, manchando de algo real tanta perfección vacía.

Renato suspiró, no era un sollozo, era el sonido de alguien que, por fin, deja de sostener el peso que le pusieron en los hombros antes de que aprendiera a caminar.

Su mano buscó la otra muñeca. La hoja se movió otra vez.

El algodón de la cama absorbió la sangre con la misma indiferencia con que había absorbido sus lágrimas las noches anteriores.

Renato se recostó. El techo era blanco, inmaculado, como debía ser un omega. Como él nunca había podido ser.

Cerró los ojos.

El mundo empezó a desdibujarse en los bordes, como una fotografía que se quema desde los extremos hacia el centro. Ya no sentía la suavidad de las sábanas, el olor de las flores del jarrón se apagaba.

Al fin, pensó, al fin ya no tengo miedo.

La última imagen que su mente alcanzó a formar fue la de su madre, de espaldas, firmando los papeles sin volverse a mirarlo.

Luego, nada.

 

En algún otro lugar, en algún otro tiempo, un hombre caía de rodillas sobre el asfalto.

Dante Falcone sintió la bala antes de oírla, un golpe seco en el costado, un ardor que se extendió por su pecho como tinta sobre papel secante. El humo de la pólvora le picaba en la nariz, mezclado con el olor a gasolina y a sangre —su sangre— que brotaba caliente entre sus dedos.

A su alrededor, el tiroteo seguía. Gritos. Disparos. El ruido metálico de los coches chocando contra las vallas.

Pero él ya no estaba en esa pelea. Su cuerpo se negaba a obedecer, las piernas le fallaron y el asfalto le subió al encuentro con la cortesía brutal de quien sabe que está recibiendo a un moribundo.

—¡Dante! —la voz de su jefe llegaba de lejos, distorsionada como si hablara desde el fondo de un túnel.

Quiso responder, levantarse. Quiso cumplir con la única promesa que había hecho en su vida: protegerlo hasta el final.

Pero su cuerpo era una jaula que se cerraba sobre él, y las llaves ya no estaban en sus manos.

—Corre —susurró. No sabía si alguien lo oyó.

La noche se deshacía en manchas, las luces de los faros se volvían estrellas borrosas, el ruido se apagaba como si alguien estuviera bajando el volumen del mundo.

Dante Falcone, mano derecha del capo más temido de su ciudad, alfa que nunca había doblado la rodilla ante nadie, se dejó caer de lado sobre el asfalto caliente.

Sus ojos grises se fijaron en un punto del cielo que no alcanzaba a ver.

Quince años, pensó, quince años de lealtad. Y esto es lo que queda.

La sangre seguía brotando. La vida se escurría entre sus dedos como agua de un cántaro roto.

Cerró los ojos.

Y en el momento exacto en que la oscuridad se lo tragó por completo, algo lo tiró hacia abajo. No hacia el asfalto, no hacia la muerte que esperaba; sino hacia algo más profundo, más antiguo, como si el universo entero lo estuviera aspirando hacia un punto donde el tiempo se plegaba sobre sí mismo.

Una caída que no era caída, un vacío que era plenitud.

Y entonces, el dolor.

No el de la bala, no el de la vida escapándose. Un dolor nuevo, extraño, que venía de sus muñecas, de sus brazos, de un cuerpo que no era el suyo. Un cuerpo que pesaba menos, que olía distinto, que temblaba con un miedo que él nunca había conocido.

Dante abrió los ojos.

El techo era blanco, las sábanas eran de algodón, había sangre en sus muñecas, pero no era la suya.

Y en algún lugar, muy cerca, un reloj marcaba la hora de empezar de nuevo.

1
ILikeYourFather
Omg si
Nilda Ayala
ya me imaginé a Renato con su escuadrón de omegas, entrenados para todo tipo de situaciones, escalando hasta ser los primeros
Amantedelpan
Espero con ansias cuando Renato y Ale se besen apasionados sin soltarse, y Renato se de cuenta de su atracción sin remedio por Renato 😁
Gracias por el cap🫶🫂
☆Nanu☆
me encanta esta tensión!!!😏 Ya quiero que Ren lo deje sin aliento, que Ale sienta lo que quiere provocar!!! un pequeñín cambio de roles 🤪🤓
Nerezka Martinez
claro que si , interesante muy interesante 👌😉😉
Maru19 Sevilla
Se están acercando 🤭
Marlucha💋
El café que yo tomo tiene Cardamomo!, sabroso!💜
Nidia Mojica
Renato Y Alessio ahí van. Con Marco y Rocco creo es mas complicado.
☆Nanu☆
los secundarios duros se ablandan!!! 😅😏
Ale cada día me gusta más, está aprendiendo a coexistir con todo lo que es y significa Ren. Todavía falta pero va por buen camino🤓🤓🤓
ILikeYourFather
👀
Nidia Mojica
Renato sabe lo que hace y Alessio poco a poco empieza a ceder.
Amantedelpan
Ya cayooooo😝
☆Nanu☆
que se traen Rocco y Marco???🤓
ILikeYourFather: sabia q no solo yo lo habia pensado
total 3 replies
Maru19 Sevilla
Quiera o no va ha reconocer la valía de Renato
🔪Rachell Foster 💕🇲🇽
Tension~
Nidia Mojica
Leo el capituoo casi sin respirar cuando esos dos se enfrentan 😱 pero me encanta.
Nidia Mojica
Masoquistas ambos 🤔.
Hanabi Montano: Dígamos que los atrae el desafío 🤭🤭 Les gusta lo que no pueden controlar fácilmente
total 1 replies
Marlucha💋
Eso si debió contarte admitirlo y decirlo Alessio!, pero es un gran paso sigue por ahí mijo☺️
Hanabi Montano: Poco a poco va reconociendo el valor de Renato, todavía le cuesta, pero ya es algo
total 1 replies
Marlucha💋
Uyyÿ! Renato eso si que fue un certero golpe al orgullo de Alessio🤭🤭
Marlucha💋
Ha!, aunque te duela Alessio? necesitas el consejo o estrategias de Renato
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