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SOMBRAS DE AETHELGARD

SOMBRAS DE AETHELGARD

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor prohibido / Amor-odio / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Completa
SOMBRAS DE AETHELGARDEn el corazón de Aethelgard, los secretos pesan más que las coronas.

Isolde tiene solo diecisiete años, ojos del color del cielo y una fragilidad que parece quebrarse con el viento. Criada para obedecer, es entregada como un trofeo al hombre más temido del reino: Alaric "El Carnicero". Un gigante de casi dos metros con mirada de asesino y manos acostumbradas a la sangre. Todos dicen que es un monstruo, un mujeriego sin alma, y el miedo de Isolde es tan real como el frío de las paredes del castillo.

Pero tras los muros de su habitación, la realidad es otra. Mientras Isolde intenta demostrar que ya es una mujer y exige el lugar que le corresponde en su cama, Alaric la rechaza con una brutalidad que la deja sin aliento. La sujeta con manos de hierro, la maltrata con palabras cortantes y la mantiene a una distancia que ella no comprende. Él la ve como una niña; ella lo ve como su dueño.

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Capítulo 15: El Despertar de la Loba

El sonido de un gancho de metal chocando contra la piedra del balcón fue apenas un susurro en medio del estruendo de la batalla de abajo, pero para Isolde, fue como un trueno. Estaba sola en la torre de mando, con la daga de mango de hueso apretada en su mano derecha. Sus nudillos estaban blancos y su respiración era corta.

No tuvo tiempo de gritar.

Una sombra masiva saltó por el balcón, rompiendo el cristal. Era un mercenario de las Tierras Bajas, un hombre con la cara tatuada y una mirada que prometía cosas peores que la muerte. Al ver a Isolde, tan pequeña y delgada en su vestido burdeos bajo la armadura ligera, soltó una carcajada sucia.

—Vaya, el Duque tiene un tesoro muy frágil escondido aquí —dijo el hombre, avanzando con una red y un mazo—. Valerius pagará mucho oro por entregarte entera, niña.

Isolde retrocedió, su espalda chocando contra la pared de piedra fría. El miedo intentó paralizarla, pero entonces recordó el calor de Alaric la noche anterior, la fuerza de su cuerpo y la forma en que él la miraba ahora, como si fuera su igual.

—No soy una niña —dijo Isolde, y su voz no tembló.

El mercenario se lanzó hacia ella. Isolde, aprovechando su poca estatura y su agilidad, se agachó y rodó por el suelo, esquivando el manotazo del hombre. Cuando él se giró, furioso, ella no esperó. Se lanzó hacia adelante y hundió la daga de hueso en el muslo del mercenario.

El hombre rugió de dolor, pero su fuerza era demasiada. De un revés, golpeó a Isolde en la cara, lanzándola contra el diván. Ella sintió el sabor metálico de la sangre en su boca. El mundo le dio vueltas.

—¡Maldita zorra! —gritó el mercenario, levantando el mazo.

Mientras tanto, en la muralla principal, Alaric acababa de decapitar a un capitán de la corona cuando un presentimiento atroz le recorrió la espina dorsal. Se giró hacia la torre de mando y vio la silueta del mercenario recortada contra la luz de las velas.

—¡ISOLDE! —el grito de Alaric desgarró el aire, un sonido tan cargado de angustia y furia que los hombres de ambos bandos se detuvieron por un segundo.

Se lanzó desde la muralla, cayendo cuatro metros sobre un carro de heno, y corrió hacia la torre como una bestia herida. No usó las escaleras; trepó por la misma cuerda que los mercenarios habían dejado colgada, sus manos de acero destrozando la soga mientras subía con una fuerza animal.

Entró por el ventanal roto justo cuando el mercenario iba a descargar el mazo sobre Isolde.

Alaric no usó su espada. Se lanzó sobre el hombre con sus manos desnudas. El impacto fue tan violento que ambos atravesaron la puerta de madera de la habitación, cayendo al pasillo de piedra.

Lo que siguió fue una carnicería. Alaric, poseído por una furia ciega al ver la mancha de sangre en el labio de su esposa, agarró al mercenario por la cabeza y la estrelló una, dos, tres veces contra la pared hasta que el sonido de la piedra chocando contra el hueso fue lo único que quedó.

Cuando el hombre cayó muerto, Alaric se giró hacia la habitación. Estaba cubierto de sangre, su respiración era un rugido ronco y sus ojos café estaban desorbitados.

Entró y vio a Isolde levantándose, limpiándose la sangre de la boca con el dorso de la mano, todavía sosteniendo la daga. Estaba pálida, delgada, pero sus ojos azules brillaban con una luz de acero que él nunca había visto.

Alaric caminó hacia ella y, con una brutalidad desesperada, la agarró por los hombros y la pegó contra su pecho.

—¡Te dije que te quedaras quieta! —le gritó, pero su voz se quebró. La apretó con tanta fuerza que a Isolde le costó respirar—. Si te hubiera perdido... si ese hombre te hubiera...

—Él no me hizo nada, Alaric —susurró ella, abrazándolo por la cintura, sintiendo el calor abrasador de su cuerpo—. Yo me defendí. Lo herí.

Alaric se separó de ella lo justo para mirarla a la cara. Le agarró la mandíbula con su mano gigante, obligándola a mirarlo. Vio el golpe en su mejilla, la marca roja que empezaba a hincharse. Sus dedos temblaron de rabia y remordimiento.

—Nadie vuelve a tocarte —dijo él, su voz era una promesa de muerte para el resto del mundo—. Mañana salimos de aquí. Valerius ha traído demasiada gente. La Fortaleza de Hierro va a caer, pero nosotros no.

—¿A dónde iremos? —preguntó ella.

—Al Sur. A las tierras de mi madre. Al lugar donde aprendí que a veces, para ser un rey, hay que ser primero un monstruo.

Alaric la levantó en vilo y la llevó hacia el rincón más seguro de la torre. El asedio continuaba afuera, pero en esa habitación, bajo el olor a sangre y pólvora, Alaric e Isolde sabían que la verdadera guerra acababa de empezar. Y que ahora, eran dos lobos peleando espalda contra espalda.

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Helizahira Cohen
voy a empezar esta, lei tu primera novela entre Mareas muy bonita
Nelida Fuenteseca
Bastante caprichosita!!!
b zamitiz
🙂
Alexandra Ortiz Posada
Buen comienzo, gracias por compartir tu talento, bendiciones
mailyn rodriguez
Hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi. gracias.
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