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MIELY

MIELY

Status: En proceso
Genre:Terror / Maldición / Leyendas de fantasmas / Poderosas criaturas sobrenaturales / Casos sin resolver / Mitos y leyendas / Completas
Popularitas:95
Nilai: 5
nombre de autor: Powder34

Sydney Brown, una joven asocial desafortunada se ve forzada a trabajar en los baños de un templo.

Unos baños que cargan con una maldición que acecha desde los rincones en una espiral de rencor y odio que parece no terminar jamás.

Donde deberá elegir si...

¿Ser una heroína?

¿Ayudar a la maldición?

¿O no hacer nada y observar como el rencor destruye a las personas de su alrededor?

NovelToon tiene autorización de Powder34 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo #3: Miho Yoshido

La mañana siguiente para mi desgracia, fui forzada de nuevo a regresar a ese lugar maldito. Aunque esta vez, mientras subía las escaleras que llevaban al templo me encontré con un hombre que se encontraba rezando frente a una tumba.

—Tú… tú debes ser la nueva ¿verdad?

En cuanto me di cuenta de que él se percató de mi presencia solté un chillido de rata y un pequeño salto. Nerviosa asentí mientras jugaba con el cordón de mi sudadera.

—Eres idéntica a una mujer que vivió aquí hace mucho tiempo, ella… ella era mi hija

—Ka-Kairo… ¿verdad?

—Sí, se lo puso su madre ¿Cuál es tu nombre? Señorita

—¡Sy-Sydney!

—Es un hermoso nombre, déjame adivinar, lo eligió tu mamá

—S-sí, bue-bueno… —abrumada apreté los puños y me fui de ahí corriendo—. ¡Ya-Ya me voy!

De la misma forma que el día anterior, grabé algunos vídeos en los tiempos muertos del trabajo, así no molestaría a los clientes con mi otro empleo.

Aun así, eso llamó la atención de algunos de los clientes, entre esos clientes estaba Miho Yoshido, una chica que siempre llegaba vendada, y que tenía una voz bastante relajada.

—E-Eres una de esas chicas…

—¿Huh? Ah… eh… —dije quieta con una toalla en mis manos intentando procesar qué responder—.

—¿Cuál es tu canal? Así tal vez puedo seguirte, suelo ver vídeos cuando hago los quehaceres

—M-Miely —respondí abrazando la toalla y agachando la cabeza—.

—Jaja, es un nombre muy bonito y curioso ¿De dónde lo sacaste?

—De-de un sueño… yo… yo era una heroína llamada Red Harper muy poderosa y te-tenía una hija lla-llamada Gumi

—No tengas pena, es un hermoso nombre y creo que te queda muy bien —extendió su mano hacia mi—. Y por cierto, Miely, por… Por… Por favor, no le digas nada a mi esposo, él no debe saber que estoy aquí

—Ah… S-Sí, no se preocupe —dije dándole la toalla para después agarrar el dinero—.

La señorita Yoshido era una mujer que me daba escalofríos, había algo en ella que me daba mala espina, creía que solo era su extraña amabilidad que contrastaba con las heridas que siempre tenía pero al menos era mejor cliente que algunos.

—¡Eres muy lenta! Dame lo que te pedí, rápido y como es posible que contraten a una chica que no es parte de nuestra cultura

—L-lo siento

—¡Cállate! Me repugnan las personas que se intentan adueñar de nuestros lugares sagrados como este, no entiendo porque los Shirakawa permiten paso a ustedes los habitantes de este repulsivo país

Algunos se notaban enojados conmigo por algo cultural, suponía que solo eran delirios de viejos, o eso intentaba pensar para no tratarlos mal. Ya que no quería hacer enojar a los Shirakawa —los dueños del lugar— siendo que eso le podría ocasionar problemas a Sebastián.

—Oye, eres muy joven ¿Qué edad tienes?

—Die-dieciocho —dije dándole la toalla—.

—Hermosa y joven, ahora comprendo porque los Shirakawa te contrataron a pesar de tener defectos culturales —me quedé callada con cara de poker mientras agarraba el dinero del cliente—. Dime, hermosa ¿Puedes darme tu número? Así puedo mostrarte más cosas de mi cultura

—Ahm…

—Se nota que sabes cocinar, hmph, claro eres mujer lo llevas en tu sangre, aunque conmigo es posible que bajes un poco de peso porque estás un poco… solo dame tu número, guapa

Asentí nerviosa para después sacar mi celular, anoté un número falso en mi blog de notas para después mostrárselo. Él lo anotó ignorante de que era un número falso, me quedé callada por más tiempo, con la esperanza de que se fuera y él se fue, no sin antes guiñarme un ojo.

“Solo espero y no me mate” pensé respirando para calmarme un poco

—¡Oye! No te quedes ahí —se quejó un cliente indignado mientras golpeaba la mesa con su palma—. No estás aquí para estar en celo con los chicos guapos, ustedes los de esta ciudad son unos… —soltó un largo suspiro—. Por favor, solo dame una toalla

—Ah… eh… ¡Lo-Lo siento!, enseguida

Mientras seguía atendiendo a los clientes, la señorita Yoshido se encontraba bañándose cuando pudo ver a una mujer con cabello negro en una de las duchas, su piel estaba pálida y su rostro estaba demacrado.

La señorita Yoshido cerró los ojos para intentar relajarse, pero a los pocos momentos de cerrar los ojos escuchó a una mujer que la estaba llamando. Ella estaba por abrir los ojos cuando fue sumergida a la fuerza en el agua por unas manos pálidas que salieron del fondo del agua.

La señorita Yoshido pataleo e intentó gritar con todas sus fuerzas, mientras algo en el fondo del agua estaba intentando matarla.

Debido a que me estaba cagando encima, tuve que entrar al baño de mujeres para usar un pequeño retrete japonés que había dentro, la señorita Yoshido parecía que iba a morir ahogada cuando al entrar me di cuenta de lo que estaba pensando.

—Se-señorita Yo-Yoshido

Me acerqué a ella tragando saliva, solo que al acercarme lo suficiente, lo que la había sumergido, la había soltado. La señorita Yoshido salió a la superficie estando bastante aterrada y jadeando.

—¿Qué mierda? ¿Hay alguien más aquí?

—Ahm… ¡¿Pa-Pasa algo?! Se-señorita

—No, no pasa nada, gracias Miely —jadeó saliendo del agua—.

Me quedé de piedra al ver a la señorita Yoshido sin ropa, aparte de que tenía un cuerpo bastante delgado tanto que se notaban sus huesos, tenía cortes y moretones. Sentías el dolor con solo verla, ahora entendía por qué siempre me decía que no le dijera nada a su esposo.

Mientras hacía uso del baño, no dejaba de pensar en cómo era su vida, vivir atrapada en un lugar donde solo te esperaba un trato horrible por quien se supone que te ama. Solo pensarlo me causaba un dolor en el estómago, no sé cómo ella soportaba tanto dolor sin romperse.

Los días en los que la señorita Yoshido venía a bañarse, solía quedarse en el interior del templo. Los baños solo eran una extensión del templo por lo que los clientes recurrentes no solo venían a bañarse sino que iban al lugar principal de la colina.

Porque sí, se me había olvidado contarles que mi trabajo estaba en la cima de una colina, al lado de un gigantesco templo japonés dedicado a Inari, la diosa Zorro. De ahí que cada día subiera y bajara unas escaleras decoradas con estatuas de Zorro.

En mis horas de descanso solía ver a la señorita Yoshido hablar con los Shirakawa por largas horas, por sus heridas entendía que eso lo hacía para no regresar a su casa.

Sentía mucha pena por ella, incluso quería a veces decirle que se quedara en mi casa para que no regresará a su casa, pero… jugar a ser héroe, le podría provocar más problemas a mis padres o aún peor a la señorita Yoshido.

Lo único que podría hacer era desearle buena suerte a la señorita Yoshido para que algún día pudiera salir de ese lugar y que ese día fuera pronto.

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