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CICATRICES BAJO LA LLUVIA

CICATRICES BAJO LA LLUVIA

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Elena: Una talentosa restauradora de arte que perdió la confianza en su talento tras un accidente que le dejó una leve secuela en la mano derecha. Es perfeccionista, un poco retraída y está tratando de reconstruir su vida en un pueblo costero alejado del caos de la ciudad. podrá encontrar su rumbo en este lugar?

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CAPÍTULO 9: EL SABOR DEL ASFALTO Y LA SOMBRA EN EL ESPEJO

​esa mañana olía a victoria, o al menos eso pensaba Elena mientras contaba, por tercera vez, los fajos de billetes y los comprobantes de transferencia que descansaban sobre la mesa del taller. Julián estaba de pie frente al espejo del baño —un trozo de cristal manchado de cal— intentando anudarse una corbata que parecía tener vida propia.

​—Julián, deja de pelear con la seda. Pareces un hombre siendo estrangulado por una serpiente muy elegante —bromeó Elena, acercándose con una taza de café.

​—Es que esto no es solo una corbata, Elena —gruñó él, con los dedos torpes—. Es el uniforme de arquitecto responsable que no deja que los edificios se caigan. Si llego al juzgado con el cuello desaliñado, el juez pensará que todavía estoy quitándole percebes a los barcos del puerto.

​Elena dejó el café y, con su mano izquierda, tomó los extremos de la corbata. Su mano derecha se apoyó suavemente en el pecho de Julián para mantener el equilibrio. Él se quedó inmóvil, observando cómo ella, con una paciencia infinita, deslizaba la tela hasta formar un nudo perfecto. Estaban tan cerca que Julián podía contar las pequeñas pecas que el sol de invierno había empezado a dibujar en la nariz de Elena.

​—Ahí tienes —dijo ella, dándole un golpecito cariñoso en el pecho—. Ahora pareces alguien que puede ganar un juicio y, de paso, diseñar un rascacielos que no se mueva ni con un terremoto.

​—Gracias —susurró él, atrapando su mano antes de que se retirara—. No sé qué haría sin tu servicio de estilismo de emergencia.

​El momento de ternura fue interrumpido por el estruendo de un motor diesel fuera del taller. Era el viejo jeep de los hermanos Varela, que Julián había tomado prestado para el viaje a la ciudad. El contraste era casi cómico: un hombre vestido con un traje impecable subiéndose a un vehículo que olía a gasóleo y redes de pesca.

​—¡Tráeme un imán de nevera que no sea de un juzgado! —gritó doña Rosario desde su jardín, mientras sacudía una manta—. ¡Y no dejes que esos abogados te roben la sonrisa, que es lo único que tienes que no se puede hipotecar!

​Julián saludó con la mano y arrancó. Elena lo vio alejarse hasta que el jeep fue solo un punto en la carretera de la costa. Sin embargo, su sonrisa se desvaneció cuando notó que, unos metros detrás del jeep, un sedán negro de vidrios tintados —el mismo que había pasado la noche anterior— arrancaba con lentitud, manteniendo una distancia constante.

​—Por favor, que solo sea una coincidencia —murmuró Elena, apretando el sobre con los recibos contra su pecho.

​El viaje de Julián hacia la capital fue un descenso a los infiernos de su pasado. El paisaje verde y salvaje de San Lorenzo fue sustituido por el gris monótono del hormigón y el ruido ensordecedor del tráfico. Al llegar a la sede judicial, los fotógrafos, que parecían tener un sentido del olfato para la desgracia ajena, lo rodearon de inmediato.

​—¡Señor Torres! ¿De dónde salió el dinero de la fianza? ¡Se rumorea que está trabajando de incógnito! ¿Es cierto que hay nuevas pruebas que lo incriminan directamente?

​Julián no respondió. Caminó con la cabeza alta, aunque por dentro sentía que cada flash de las cámaras era un golpe directo a su reconstruida confianza. Dentro del juzgado, el aire estaba viciado y olía a papel viejo y desesperanza.

​su abogado, un hombre llamado Saúl que siempre parecía estar al borde de un ataque de nervios, lo esperaba en el pasillo.

​—Julián, tenemos un problema —dijo Saúl, llevándolo a un rincón—. La fiscalía ha presentado una moción de última hora. Dicen que el dinero de la fianza debe ser investigado. Sugieren que proviene de fuentes no declaradas o lavado de dinero. Ese maldito constructor, Garrido, está moviendo sus hilos para que no quedes en libertad bajo fianza. Quiere que te quedes encerrado mientras dura la instrucción para que no puedas buscar pruebas en su contra.

​Julián sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

—¿Lavado de dinero? ¡Fue una subasta en un pueblo de pescadores! ¡Vendimos cuadros y una pieza de madera!

​—Lo sé, pero ellos dicen que es sospechoso que una restauradora retirada y un arquitecto defenestrado recauden diez mil euros en una noche. Necesitamos las facturas, los nombres de los compradores... todo. Si no, el juez podría denegar la fianza hoy mismo.

​Mientras tanto, en San Lorenzo, Elena no podía estarse quieta. El presentimiento del sedán negro la carcomía. Decidió cerrar el taller e ir al café de Marta para distraerse, pero al cruzar la calle, el coche negro se detuvo justo a su lado.

​La ventanilla se bajó lentamente. Un hombre de unos cincuenta años, con un traje que costaba más que todo el taller de Elena y una sonrisa de tiburón, la miró fijamente.

​—¿Señorita Elena Valente? —preguntó con una voz suave que le dio escalofríos—. Me llamo Ernesto Garrido. Soy el dueño de la constructora que... bueno, que empleaba al joven Julián.

​Elena se quedó petrificada. Sus dedos empezaron a temblar violentamente, pero esta vez no era por la lesión, sino por la furia contenida.

​—Usted no debería estar aquí —dijo ella, tratando de mantener la voz firme.

​—Solo he venido a hacerle una oferta de vecindad —continuó Garrido, sin bajar del coche—. He oído que es usted una restauradora excelente. Es una pena que su talento se desperdicie en este pueblo mugriento. Tengo una colección privada en Madrid que necesita atención... y estoy dispuesto a pagar lo suficiente como para que su amigo Julián no tenga que preocuparse por abogados nunca más. A cambio, claro está, de que él acepte la responsabilidad del error técnico y se retire del caso. Una jubilación dorada para ambos, ¿qué le parece?

​Elena lo miró con un desprecio tan absoluto que el hombre borró su sonrisa por un milisegundo.

​—Julián no es alguien que se vende, señor Garrido. Y yo no restauro basura, restauro arte. Y usted... usted es solo un montón de escombros bien vestidos.

​—Tenga cuidado, señorita —amenazó él, subiendo la ventanilla—. Los escombros pueden ser muy pesados si te caen encima.

​El coche arrancó, dejando a Elena temblando en mitad de la calle. Corrió al café y llamó a Julián, pero él no contestaba. Estaba en la sala de vistas, enfrentándose a un juez que miraba con escepticismo el origen de sus ocho mil quinientos euros de madera y óleo.

​Julián salio del juzgado, no con la libertad que esperaba, sino con una prórroga de 48 horas para demostrar que su dinero era limpio. Al llegar al jeep, encontró un sobre en el parabrisas. Dentro no había una multa, sino una fotografía de Elena caminando hacia el taller esa misma mañana, vista desde la mira de una cámara.

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✿.。.:* ☆𝙰𝚗𝚗𝚒𝚔𝚊✿.。.:* ☆:.
😌
Rositha🌹📝📚
Excelente 🙏🌷
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
muy buen cap 👏👏👏
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
yo quiero que sea niña
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
es cierto que la fertilidad aumenta luego del primer embarazo?
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
AAAAH 😱jajajaja el muchacho lo volvió a hacer, que linda familia, cada vez se hace más grande
Andrea
Adorable
🦋 Vαηυн ✨🦋
Bueno, yo no sabía que los colores se sentían incomprendidos 🤣🤣
🦋 Vαηυн ✨🦋
🤣🤣🤣🤣 Como sería el moco de trol?? 🤣🤣
yewein¥§
sexo no 🤕
yewein¥§
Cupido un poroto 😁🥵 quiero zexo ver🤧
yewein¥§
son iguales 🤓
yewein¥§
le gustó el nombre 😁
yewein¥§
son 2 gotas de agua
yewein¥§
encontraste tu alma gemela 🤓
yewein¥§
yo Cristian 😁
yewein¥§
que está lloviendo no sabía ☂️
yewein¥§
pobre universo siempre sale siendo acusado 🤓
yewein¥§
es la correcta embarazala😁
yewein¥§
que te den cómo cajón que no cierra🥵
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