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La Esposa Perfecta

La Esposa Perfecta

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor tras matrimonio / Completas
Popularitas:24.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Victoria Davenport lo tenía todo: un matrimonio perfecto ante los ojos del mundo y una vida rodeada de lujo. Pero tras las paredes de cristal, su esposo Mathews Sinclair la había condenado al olvido. Fue entonces cuando apareció Jhonatan Blake, un hombre tan prohibido como irresistible, que le devolvió el fuego que creía muerto. Entre la culpa, el deseo y una verdad que amenaza con destruirlo todo, Victoria deberá elegir entre la jaula dorada de su matrimonio o el abismo ardiente de una pasión imposible.

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Después del fuego

Desperté con los ojos entreabiertos, el cuerpo todavía temblando suavemente por cada roce, cada beso, cada susurro de la noche anterior. El sol se filtraba tímidamente por la ventana, dibujando líneas doradas sobre las sábanas desordenadas.

Y sobre su espalda.

Jonathan dormía de lado, una mano extendida hacia el lugar que yo había ocupado hacía apenas unos segundos. Su respiración era profunda, tranquila… como si no hubiera incendiado mi mundo horas antes.

Lo observé en silencio.

La firmeza de su mandíbula.

La calma en su expresión.

La seguridad incluso dormido.

Y mi pecho se apretó.

Porque yo no me sentía tranquila.

Me sentía expuesta.

Me sentía vulnerable.

Me sentía peligrosamente viva.

Me levanté despacio, tratando de no hacer ruido. El simple roce de mis pies contra el suelo frío me recordó cada instante compartido. Mi piel aún conservaba su calor. Mi cuerpo tenía memoria propia.

Al incorporarme, una ligera molestia en mis piernas me hizo cerrar los ojos un segundo.

No era dolor.

Era recuerdo.

Y el recuerdo ardía.

Busqué mi ropa con torpeza. El vestido estaba en el suelo, arrugado. Mis tacones bajo la mesa. Mi bolso abierto.

Mi ropa interior… no aparecía.

Un rubor me subió por el cuello al recordar el momento exacto en que él la había apartado sin dejar de mirarme a los ojos.

—Mírame —me había dicho en voz baja—. No apartes la mirada.

Y no lo hice.

Ahora, frente al espejo del baño de su habitación, me observé.

Tenía marcas sutiles en el cuello.

Los labios ligeramente hinchados.

Los ojos… distintos.

Más intensos.

Más despiertos.

—¿Qué hiciste? —susurré a mi reflejo.

No había respuesta.

Solo la verdad.

Había querido.

Había aceptado.

Había respondido.

Me vestí con manos aún inestables. Cada cierre, cada ajuste del vestido, era un intento inútil de volver a la mujer que era antes de cruzar esa puerta.

Cuando tomé mi bolso, su voz me detuvo.

—¿Te vas sin despedirte?

Me quedé congelada.

No lo había escuchado levantarse.

Giré lentamente.

Estaba sentado en la cama, el cabello desordenado, la mirada fija en mí. No parecía enojado. Ni sorprendido.

Parecía… atento.

—No quería despertarte —respondí, intentando sonar firme.

—Me gusta despertar contigo.

Esa frase me golpeó directo al estómago.

—No hagas esto más difícil.

—¿Difícil para quién? —preguntó con calma, levantándose.

Se acercó sin prisa. Yo retrocedí apenas un paso.

—Para mí.

—Victoria… —dijo mi nombre con esa suavidad peligrosa—. Lo de anoche no fue un error.

—No digas eso.

—Fue real.

—Fue impulsivo.

—Fue honesto.

Su cercanía me desarmaba. El olor de su piel, la proximidad, el recuerdo inmediato.

—No puedes decidir eso por mí —murmuré.

—Entonces dime tú qué fue.

Abrí la boca.

Y no salió nada.

Porque no había sido un simple desliz.

Había sido deseo contenido.

Había sido elección.

—No debió pasar —susurré finalmente.

Él me sostuvo la mirada.

—Pero pasó.

El silencio entre nosotros se cargó de cosas no resueltas.

—No te estoy pidiendo nada —continuó—. Ni promesas. Ni explicaciones. Solo que no te mientas.

Eso dolió más que cualquier reproche.

—No me busques —dije, aunque mi voz no sonó convencida.

Su expresión cambió apenas.

—¿Eso es lo que quieres?

No respondí.

Porque no lo sabía.

Me giré y salí antes de que pudiera quebrarme.

El trayecto a casa fue una tortura.

Cada semáforo era un recuerdo.

Cada curva, una imagen de sus manos en mi cintura.

Mi cuerpo reaccionaba sin permiso. El simple roce del cinturón de seguridad contra mi piel me hacía consciente de lo sensible que seguía.

—Contrólate —me ordené en voz baja dentro del auto.

Pero mi mente no obedecía.

Recordaba cómo me había mirado. Cómo me había sostenido como si yo fuera algo frágil y poderoso al mismo tiempo.

Y lo peor no era la culpa.

Era que lo extrañaba.

Habían pasado menos de dos horas.

Y ya lo extrañaba.

Al llegar a casa, subí directo al baño. Cerré la puerta con llave. Necesitaba silencio.

Necesitaba agua.

Me metí en la ducha y dejé que el agua caliente recorriera mi cuerpo. Intenté concentrarme en el sonido constante, en el vapor llenando el espacio.

Pero mis manos, traicioneras, recorrieron mi piel recordando.

El cuello.

La cintura.

Las caderas.

Un suspiro escapó sin que pudiera evitarlo.

—Basta —me dije.

Apoyé la frente contra el azulejo.

No podía permitirme esto.

No podía querer repetirlo.

El teléfono vibró afuera.

Mi corazón dio un salto inmediato.

Lo sabía.

Salí envuelta en la toalla, dejando pequeñas gotas en el suelo. Miré la pantalla.

Jonathan.

Mensaje.

No llamada.

Mensaje.

Mi pulso se aceleró.

Lo abrí.

“Llegaste bien?”

Nada más.

Ni presión.

Ni reclamo.

Solo eso.

Y fue suficiente para desarmarme.

Dejé el teléfono sobre la encimera como si quemara.

No debía responder.

No debía.

Pero la idea de ignorarlo me dejó un vacío inesperado.

El teléfono vibró otra vez.

“Sé que estás huyendo.”

Contuve la respiración.

“Solo quiero saber si estás bien.”

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

Porque no era un hombre arrogante reclamando.

Era alguien que se preocupaba.

Y eso lo hacía peor.

Me senté en el borde de la bañera, abrazándome.

—No puedo hacer esto —susurré.

Pero la verdad era más cruda.

No sabía si quería dejar de hacerlo.

El teléfono vibró por tercera vez.

“Si decides que fue un error, lo aceptaré. Pero no digas que no lo sentiste.”

Las lágrimas rodaron sin permiso.

Lo había sentido.

Demasiado.

Me miré en el espejo otra vez.

No veía solo culpa.

Veía deseo.

Veía miedo.

Veía una mujer que había despertado algo que llevaba años dormido.

Tomé el teléfono con manos temblorosas.

Escribí.

Borré.

Escribí otra vez.

Finalmente envié:

“Llegué bien.”

Tres palabras.

Seguras.

Distantes.

El mensaje apareció como leído casi de inmediato.

La respuesta no tardó.

“Eso es lo único que necesitaba saber.”

Unos segundos después:

“Y que no te arrepientes.”

Mi respiración se volvió inestable.

No respondí.

Pero mi silencio no era negación.

Era lucha.

Porque la culpa me aplastaba…

Y aun así, si cerraba los ojos, podía sentirlo otra vez.

Y una parte de mí, la más peligrosa, la más honesta…

No quería que aquella noche hubiera sido la última.

1
Franco Gomez
/Smile//Smile/
Gilma Graciano
que encuentro tan explosivo se lo merecen Jonathan se ve más interesado por victoria qué su propio esposo 😭😭😂😂
Gilma Graciano
vamos victoria te mereces ese premio ve y disfruta con Jonathan 🤭🤭🤭🤭💛💛💛💛🥰🥰🥰👌👌👌
Gilma Graciano
wuau que manera de Jonathan de seducir es increíble me tiene atrapada hasta yo me dejaría seducir jajaja 😂😂😭😭
Martha Lucia Sanchez Pasachova
está buena la novela y ella tiene derecho a ser amada pero no entiendo porq no es sincera con el esposo es como si quisiera seguir con el esposo para no perder la comodidad se debe hacer las cosas bien si no hay amor chao pero con la verdad siempre por delante .. encuentros en todo sitio y ella no es sincera
Vianey Bravo
👏👏👏👏Hermosa historia
Me atrapo, y me encanto.
Adriana Flores
😍
Maria M. Rosario
muy bonita. realidades de la vida.
Yuleima Lucena
Que historia tan hermosa 🥰 de verdad me cautivo desde el primer capítulo de verdad muchas felicidades
Yuleima Lucena
que hermoso 😍🥰 felicidades
Yuleima Lucena
Que alegría que desperto
Vianey Bravo
Me encanto!! Me encanto!!
Tienes mucho talento 👏👏👏🥰🥰
Lilia Dos Santos
creo que ya es hora de salir de ese matrimonio. No entiendo porque aun están juntos si cada uno esta con otra persona. El consiguió con su indiferencia matar el amor que un día ella sintió por el. Además el la engaña con su secretaria . Ella ya no siente nada por el. Es imposible seguir así.
Dilia De Freitas Teixeira
me encanto
Dilia De Freitas Teixeira
s hermoso
Nilce montilla
que bella historia muchas felicidades a la autora cada capítulo me enganchaba más que sigas con muchas historia más tan lindas 👏👏👏👏
Nilce montilla
que bello por fin una luz
Ingrid Gabriela Bucarey Nuñez
quiero leer más es mi única entretención gracias me cautivo esta historia quiero llegar al final feliz
Yuleima Lucena
pobre Jhonatan que no le pase nada y pueda disfrutar de su bebé
Yuleima Lucena: una niña
total 2 replies
Ingrid Gabriela Bucarey Nuñez
no puedo colocar cinco estrellas ya que quede sin leer el final de la historia yo sé que es mucho trabajo escribir pero nos merecemos el final cuando nos han tenido intrigada y leyendo rápido para llegar al final mmm me carga leer sin final ya que se demoran y pierdes el hilo de la historia
l.queen: Querida lectora, está historia tiene menos de ocho días desde que fue publicada. Mantén la calma, el final se acerca.
total 1 replies
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