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Obligada A Amarte

Obligada A Amarte

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mujeriego enamorado / Posesivo / Atracción entre enemigos / Arrogante / Amor-odio / Completas
Popularitas:83k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Siempre pensé que mi destino lo elegiría yo. Desde que era niña había sido un espíritu libre con sueños y anhelos que marcaban mi futuro, hasta el día que conocí a Marcelo Villavicencio y mi vida dio un giro de ciento ochenta grados.
Él era el peligro envuelto en deseo, la tentación que sabía que me destruiría, y el misterio más grande: ¿Por qué me había elegido a ella, la única mujer que no estaba dispuesta a rendirse? Ahora, mí única batalla era impedir que esa obligación impuesta se convirtiera en un amor real.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo III El encuentro

Punto de vista de Diana

Recibir el mensaje de las Empresas Villavicencio fue un bálsamo para mi corazón herido, una prueba de que, a pesar de todo, aún podía controlar mi camino. Decidí descansar bien y presentarme a la entrevista como toda una profesional.

A la mañana siguiente me levanté con el sonido de la alarma. Aún podía sentir el golpe que mi padre me dio en el rostro, pero me apresuré a mirarme al espejo para descubrir que no tenía rastros visibles de su violencia. Suspiré aliviada. Fui a mi guardarropa y saqué el traje más formal que tenía: un pantalón de sastre color negro, con una camisa de satín y un chaleco del mismo color.

Entré al baño y, después de asearme, me dispuse a maquillarme de manera natural. Recogí mi cabello castaño en una cola alta, dejando que las ondas cayeran sobre mi espalda. Me puse el traje de sastre y, al verme al espejo, no me reconocí. Realmente, este no era mi estilo, pero si quería dar una buena impresión, debía dejar mis jeans de lado y verme como una profesional.

Salí de la casa antes de que mi maravillosa familia se despertara. Este día no quería dramas en mi vida; yo solo quería ser independiente y empezar a ganar mi propio dinero. Subí a mi auto y, de inmediato, recordé cómo la estúpida de Fabiana lo había usado. Ella lo hacía para que los de seguridad reportaran que era yo quien salía por las noches y no volvía hasta altas horas de la madrugada; era una víbora ponzoñosa y tenía todo planeado para incriminarme.

Sacudí esos recuerdos de mi cabeza para proceder a retirarme de la mansión. "Después de la entrevista de trabajo llevo el coche a lavar," pensé, no quería seguir oliendo la podredumbre de Fabiana en él.

Conduje durante veinte minutos hasta las Empresas Villavicencio. En la entrada ya me esperaba mi amiga Irene con una gran sonrisa.

—Sabía que te iban a llamar —comentó, guiándome al interior del edificio.

—No te puedo mentir, estoy muy nerviosa —confesé con inquietud.

—Tranquila, amiga. El encargado de Recursos Humanos es muy amable, él te tratará bien.

"Por lo menos no me entrevistaría con Marcelo Villavicencio", pensé. Eso sí sería bastante malo para mí, ya que él tiene fama de frío y despiadado.

Irene me condujo hasta el área de Recursos Humanos y me explicó hasta dónde debía ir. Ella no podía acompañarme, pues su turno estaba por empezar. Caminé por un largo pasillo lleno de lujos y un piso reluciente, pero lo que más atrajo mi atención fue que en ese lugar no había nadie más. Imaginaba que estaría lleno de personas optando por el puesto.

Me presenté con una secretaria que estaba sola en la inmensidad de aquel lugar. La mujer, de rostro serio, me indicó con un gesto ascender al siguiente piso.

—El señor Villavicencio la espera —dijo sin más.

Mi respiración se detuvo. —¿El encargado de Recursos Humanos?

—No, señorita Vega —respondió ella, sin siquiera levantar la vista—. El Señor Marcelo Villavicencio. Suba por el ascensor privado, es la única forma de llegar a su oficina.

La noticia me golpeó como un rayo. El plan de una "entrevista tranquila" se había esfumado. De repente, la amabilidad de Recursos Humanos era una burda excusa para llevarme directamente a la cima, al depredador que había visto ayer en la entrada.

Tomé el ascensor de metal pulido. Mientras subía, vi mi reflejo en las puertas: una profesional en un traje de sastre, pero con un corazón latiendo como un pájaro asustado. El viaje terminó con un ding casi inaudible.

Al salir, la atmósfera era diferente: silencio absoluto y una vista panorámica de toda la ciudad que me hizo sentir pequeña. Solo había una puerta, maciza y oscura. Toqué con un temblor que no pude disimular.

—Adelante —escuché una voz grave y profunda, sin un ápice de calidez.

Abrí la puerta y entré en una oficina del tamaño de mi casa. Al centro, detrás de un escritorio de caoba oscura que parecía un altar, estaba él. Sus ojos, ese azul gélido que recordaba, se fijaron en mí como si yo fuera un objeto a analizar. No había sonrisa, ni saludo, solo esa mirada de depredador.

—Diana Vega —dijo, nombrando mi identidad con una autoridad que me hizo retroceder un paso—. Pase y tome asiento.

Su tono de voz era firme, lo cual era el contraste ideal a su expresión. Tragué saliva, acercándome a él y manteniendo la firmeza en mi andar. No podía verme débil ante el hombre más intimidante que había visto en mi vida.

—Gracias, señor Villavicencio —respondí con firmeza, aunque por dentro era un manojo de nervios.

Él tomó lo que parecía ser mi currículum y empezó a observarlo con determinación. Había algo en su expresión que me hacía querer salir corriendo de aquella oficina, pero el saber que esta era mi única oportunidad de ser libre me mantuvo pegada a la silla.

—Graduada con honores, excelente recomendación de sus profesores, nada de experiencia laboral. Hija de Luis Vega, mi principal competidor. —Quedé atónita ante su comentario, pues yo no sabía nada de la empresa que mi padre manejaba—. Tiene muchas agallas para venir aquí y querer un puesto en el área de administración. ¿Acaso su padre la envió como espía?

—¿Qué? No, no es así. Yo no tengo idea de lo que me está hablando —me apresuré a decir—. Los negocios de mi padre no me interesan para nada, yo solo vi la oportunidad de un buen trabajo en esta empresa y por eso me postulé.

Marcelo se quedó mirándome fijamente, como si quisiera leer mi alma. No iba a negar que esa actitud me dejó bastante nerviosa; él me intimidaba, aunque también me hacía sentir algo extraño.

—Por obvias razones no puedo contratarla, señorita Vega.

Ese había sido un golpe duro a mis sueños de ser libre. La burbuja de ilusiones se había reventado, dejándome un mal sabor de boca. Tampoco le rogaría a este prepotente el puesto, no pensaba humillarme ante nadie, así que tomé mi currículum y me dispuse a irme.

—Aún no he terminado —dijo el sujeto cuando estaba por empezar mi andar—. No la contrataré como administradora de mi empresa, pero sí como mi secretaria.

Quedé en shock. Yo no había estudiado tantos años para terminar de secretaria de un arrogante y frío CEO, pero mi necesidad de libertad me estaba asfixiando, por lo que ahora me encontraba contra la espada y la pared.

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Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que hermosa novela, cada vez me sorprendes más, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bueno, era hora de que empiecen a pagar todas sus fechorías 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado, padre no es el que engendra sino el que cría, pero tu lo hiciste bastante mal, no supiste criar a ninguna, ella era solo una niña
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena jugada de ellos, me imagine la cara de Luis, eso es solo el principio de lo que te toca pagar jaja 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado infeliz, ojalá y lo hagan pagar por todo el daño causado 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta familia esta metida hasta las masas en todo lo sucedido con Diana y su madre, gente mas desgraciada
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena, Diana al fin dejo de ser sumisa y se está convirtiendo en una mujer de gran carácter
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuidado que los siguen, espeto esta ves se den cuenta
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay pobre Diana, al fin le contó
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Las dudas de ella son razonables, cuéntale hombre si no la perderás
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuéntale hombre, ella lo entenderá, después no te querrá si le sigues ocultando cosas
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo infeliz como tan miserable, lo que hacen por dinero 😱🤔👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Marcelo cuéntale si no ella se enojara después
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esos son unos desgraciados infelices, unas verdaderas ratas
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Pero listo guardias son más pajarones
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que les pase nada no mas, por favor escritora 🤔👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Diana cuídate de la la zorra de tu hermanastra ella es tan mala como tu supuesta familia
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Así debe ser siempre, poner a las zorras en su lugar
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Bonito capitulo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
De quien sera hija Diana, esa mi inquietud, porque por algo se odian estas familias
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