Alessia Ferrer acepta casarse con el heredero de una familia rival para investigar la muerte de su hermano.
Lo que no esperaba descubrir es que su nuevo esposo también está buscando al asesino… y que ambos podrían estar viviendo con el enemigo dentro de sus propias familias.
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Secretos a la Vista
La noche había caído sobre la ciudad, y la mansión Ferrer estaba silenciosa, salvo por el murmullo lejano de los coches y luces que llegaban desde las ventanas abiertas. Alessia revisaba nuevamente los informes que Thiago había obtenido durante el día. Cada línea de texto, cada registro bancario o comunicación interceptada, estaba lleno de pistas que apuntaban a Matteo Rinaldi y sus planes, pero la sensación de que algo se les escapaba la mantenía alerta.
Thiago apareció detrás de ella, apoyando una mano en el respaldo de la silla.
—¿Dormiste algo? —preguntó, con una sonrisa ligera, pero su mirada no dejaba de observarla con intensidad.
—Nada suficiente —respondió Alessia—. Pero no importa. Cada segundo cuenta.
Él se inclinó sobre la mesa, examinando los documentos junto a ella.
—Rinaldi se está moviendo demasiado rápido. Si no interceptamos la información antes de mañana, alguien más podría aprovecharse.
Alessia suspiró, sintiendo la presión sobre sus hombros como un peso tangible.
—Entonces necesitamos un plan sólido. Y esta vez, sin margen de error.
Thiago la miró, sus ojos oscuros brillando con intensidad bajo la luz tenue del despacho.
—Confío en ti, Alessia. No solo como mi prometida… sino como mi socia en esto.
—Eso no me tranquiliza —dijo ella con una leve sonrisa—. Solo me hace más consciente de que no podemos fallar.
Hubo un momento de silencio mientras sus manos se rozaban accidentalmente al señalar los documentos. La electricidad entre ellos era innegable, un recordatorio silencioso de que, incluso en medio del peligro, lo que sentían no podía ignorarse.
—Thiago —susurró Alessia, bajando la voz—, debemos mantener la cabeza fría. El enemigo no puede percibir ninguna debilidad.
—Lo sé —respondió él—. Pero tampoco puedo ignorar lo que siento.
La tensión entre ellos se mezclaba con la adrenalina de la misión. Cada decisión, cada paso hacia Rinaldi, estaba cargado de riesgo, y la complicidad silenciosa que compartían hacía que el peligro se sintiera incluso más intenso. Alessia notó cómo Thiago, sin decir nada, ajustaba ligeramente su postura para protegerla con solo un movimiento sutil de su brazo, un gesto que la hizo estremecerse sin que pudiera evitarlo.
—¿Qué propones? —preguntó Alessia, recobrando la concentración.
—Primero, necesitamos infiltrarnos en el almacén donde Matteo guarda parte de la documentación clave —dijo Thiago—. Sin que nadie nos vea. Luego, asegurarnos de que toda la información que recupere no caiga en manos equivocadas.
Alessia asintió. Cada movimiento debía ser calculado con precisión, y cada segundo contaba. Sabía que cualquier error podía costarles no solo la misión, sino también la seguridad de la familia. Su mirada se encontró con la de Thiago, y en ella vio determinación, pero también algo más profundo, un vínculo que crecía en cada misión compartida.
—Vamos —dijo Thiago finalmente, tomando su mano con firmeza—. Juntos.
Alessia lo miró, y por un instante, todos los miedos y tensiones se diluyeron. En ese gesto simple había promesas de protección, complicidad… y algo más profundo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar. Su corazón latía más rápido, pero no de miedo: de anticipación.
Caminando hacia la oscuridad de la ciudad, se movían como sombras entre las luces de la noche. Cada esquina, cada callejón podía esconder un peligro, pero también la oportunidad de acercarse a la verdad. Alessia comprendió que la información que buscaban no solo afectaría a Matteo Rinaldi, sino que también podía cambiar el equilibrio de poder de las familias para siempre.
Mientras avanzaban, Alessia sintió que algo dentro de ella cambiaba. Ya no era solo la hija de los Ferrer, ni la prometida de Thiago. Era alguien dispuesta a enfrentarse a lo imposible, a desafiar secretos que habían estado ocultos demasiado tiempo y a asumir riesgos que antes jamás habría imaginado. Y mientras Thiago caminaba a su lado, su cercanía le recordaba que no estaba sola en esto.
La noche se convirtió en su aliada, y el silencio en su cómplice. Pero Alessia sabía que cada paso los acercaba no solo a la verdad, sino también a emociones que desafiaban la lógica: el miedo mezclado con deseo, la tensión convertida en atracción, y la certeza de que, pase lo que pase, lo que sentían el uno por el otro estaba fuera de cualquier cálculo estratégico.
Y así, con el pulso acelerado y la mente alerta, Alessia y Thiago se adentraron en la ciudad, conscientes de que la próxima hora decidiría mucho más que información o poder: decidiría cuánto podían confiar el uno en el otro… y cuánto podían permitirse enamorarse en medio del peligro.