Ella renace en un mundo mágico, pero no cambia su forma de ver la vida, sigue siendo ella buscando la felicidad en pequeños detalles.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Amarillo y Negro 2
Alana despertó de golpe.
No porque hubiera tenido una pesadilla.
No porque hubiera escuchado a una doncella gritar.
Y tampoco porque hubiera recordado su primera vida y algún trauma relacionado con árboles asesinos.
No.
Había sido un trueno.
—¡¿Qué fue eso?!
exclamó, incorporándose de golpe en la enorme cama.
Durante unos segundos permaneció sentada, despeinada y con los ojos muy abiertos.
Otro trueno retumbó a lo lejos.
Alana giró lentamente la cabeza hacia la ventana.
Entonces vio el cielo.
Oscuro.
Las nubes cubrían prácticamente todo el horizonte y, de vez en cuando, un relámpago iluminaba el paisaje.
—¿Una tormenta?
Se acercó a la ventana.
Era extraño.
Estaban en pleno verano.
En Sunderland, el verano solía ser una de las estaciones más tranquilas. Los días eran cálidos, los cielos generalmente despejados y las lluvias fuertes eran poco habituales.
Sin embargo, aquella mañana el clima parecía haber decidido cambiar las reglas.
La lluvia no era demasiado intensa, pero el viento había aumentado y los truenos continuaban escuchándose.
Alana apoyó una mano sobre el vidrio.
—Qué raro...
[¿Será normal en este mundo? Bueno... después de reencarnarme, aprender magia y descubrir que tengo menos maná que un granito de azúcar, supongo que una tormenta de verano tampoco debería sorprenderme.]
Otro relámpago iluminó el cielo.
Alana dio un pequeño salto.
—Definitivamente no estaba preparada para eso.
Se apartó de la ventana y decidió que no tenía sentido quedarse pensando en el clima.
Además, había dormido maravillosamente.
Y tenía una misión mucho más importante.
Vestirse.
Porque, si iba a permanecer en el palacio, al menos debía hacerlo con estilo.
Abrió el armario que las doncellas habían preparado para ella y observó sus vestidos.
Había varios.
Muchísimos.
Alana recorrió las telas con los dedos hasta encontrar uno rosado.
Era distinto al que había usado la noche anterior.
Este tenía un tono mucho más suave, casi como el color de una flor recién abierta. La tela era delicada, con pequeños detalles bordados y mangas elegantes.
Alana sonrió.
—Este.
[El rosado es oficialmente mi color.]
Se vistió con ayuda de una doncella, se arregló el cabello y se miró en el espejo.
Su cabello rubio caía suavemente sobre sus hombros y sus ojos azules resaltaban con el vestido.
Alana sonrió.
—Perfecto.
[Una mujer puede estar atrapada en un palacio por una tormenta, pero jamás debe perder el sentido de la moda.]
Con aquella filosofía completamente seria, salió de su habitación.
Alana caminó por los pasillos buscando a sus padres.
No tardó demasiado en encontrarlos.
Estaban en una de las grandes salas del palacio, junto con varios nobles que también habían pasado la noche allí.
Un consejero hablaba frente al grupo.
—Debido a la tormenta, varios caminos han quedado bloqueados. Algunos árboles han caído sobre las rutas principales y los caminos hacia la capital no son seguros.
Alana abrió un poco los ojos.
[¿Árboles?]
Inmediatamente recordó su primera muerte.
[¡No!]
Sacudió la cabeza.
[No. No voy a empezar otra vez con esto. Los árboles no son mis enemigos. Los árboles son mis amigos. Tengo magia de madera. Sería muy contradictorio.]
El consejero continuó:
—Por esta razón, ningún carruaje podrá abandonar el palacio hasta que las condiciones mejoren.
Algunos nobles comenzaron a murmurar.
—¿Cuánto tiempo estaremos aquí?
—¿Quizás hasta la tarde?
—¿Y si la tormenta continúa?
El consejero levantó una mano.
—Su Majestad ha autorizado que todos los invitados permanezcan en el palacio hasta que los caminos sean seguros.
Alana parpadeó.
Y luego sonrió.
Muchísimo.
—¿Podemos quedarnos?
Su madre la miró.
—Alana...
—¡Podemos quedarnos!
[¡Estoy atrapada en un palacio real!]
La noticia que para algunos nobles representaba un problema logístico, para Alana era prácticamente un regalo del cielo.
Podría recorrer más jardines.
Podría conocer más salones.
Podría probar más comida.
Podría mirar los retratos.
Podría descubrir si había una biblioteca.
Y, sobre todo...
Podría seguir disfrutando de aquella experiencia.
[La vida anterior me quitó demasiadas cosas. Esta vida me está compensando.]
Su padre sonrió al verla tan feliz.
—Parece que la noticia no te molesta.
—¡En absoluto!
Su madre soltó una pequeña risa.
—Eso veo.
Alana estaba a punto de comenzar a hacer preguntas sobre el palacio cuando, de pronto, las puertas de la sala se abrieron.
Un guardia anunció con voz firme:
—¡Su Majestad, el Rey Draco Sunderland!
La conversación murió inmediatamente.
Todos se pusieron de pie.
Alana también.
De pronto, el ambiente cambió.
La alegría y los murmullos desaparecieron.
Los nobles enderezaron la espalda.
Los consejeros adoptaron expresiones serias.
Los guardias se alinearon.
Alana miró hacia la entrada.
Pero no pudo verlo.
Había demasiados guardias.
Todos vestían los colores reales.
Negro y amarillo.
Alana entrecerró los ojos.
[¿Otra vez esos colores?]
Miró alrededor.
Las paredes tenían detalles negros y dorados.
Las decoraciones eran negras y doradas.
Los guardias eran negros y amarillos.
La bandera era negra y amarilla.
Hasta algunas flores del palacio tenían esos colores.
[¿Este palacio tiene una obsesión?]
Alana pensó seriamente que quizá el rey había decidido que ningún objeto dentro del palacio tenía permitido utilizar otro color.
[Imagino una reunión real.
—Majestad, hemos encontrado una flor rosada.
—¡ELIMÍNENLA!]
Alana tuvo que contener una sonrisa.
Y A MÍ PARECER ESA TERAPEUTA ES UNA COMPLETA INÚTIL, QUÉ NO ESTÁ ATACANDO SU PROBLEMA EMOCIONAL🙄
Indudablemente! ese Rey no dejoʻ a nadie sin formarle su lío
y Draco vigilando🤣🤣🤣medio en shock😎🤣🤣
Ahora que Alana estaba esperando por ti 🥰
Que buena imitación