Durante tres años, Sofía Serrano intentó ser la esposa perfecta. Para Diego Ferrer, sin embargo, seguía siendo una muchacha de pueblo, sin un apellido importante ni nada que ofrecer.
Cuando regresa la mujer que él nunca pudo olvidar, Diego le exige el divorcio. Sofía firma y se marcha. Creía que aquel hombre le había salvado la vida, pero ya no piensa entregarle también su futuro.
Lo que Diego desconoce es que su esposa ocultaba mucho más que sus heridas: es una médica legendaria, una piloto extraordinaria y una experta capaz de descubrir los secretos mejor guardados.
Ahora, quienes se burlaban de ella empiezan a buscarla. Y Alejandro Montenegro, el magnate al que nadie se atreve a desafiar, parece decidido a ganarse un lugar a su lado.
Pero Alejandro sabe demasiado. Una mirada, una cicatriz y los recuerdos de un accidente hacen que Sofía cuestione todo lo que creía cierto.
¿Quién la salvó realmente? ¿Y por qué el hombre más poderoso de la ciudad parece conocerla desde mucho antes?
Cuando Diego comprende a quién dejó escapar, Sofía ya ha aprendido a elegir por sí misma.
NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6
Capítulo 6. Pues aquí estaré
El dibujo del casco era idéntico al de la máscara. Sofía no podía equivocarse.
El corazón le latía con tanta fuerza que le temblaban las manos.
—Eres muy buena.
El piloto del auto negro había bajado y la felicitaba con evidente sinceridad. Sofía apenas prestó atención al elogio.
—Quiero ver tu rostro.
Él no discutió. Sujetó el casco con ambas manos, listo para quitárselo.
La multitud contuvo el aliento.
—¡Por fin vamos a saber quién es Sombra!
—¡Espero que sea guapísimo!
—¡Que se quite el casco! ¡Que se lo quite!
El hombre levantó el casco despacio. Su barbilla quedó al descubierto.
Sofía tampoco se atrevía a respirar.
—¡Espera!
Él se detuvo.
—Te propongo un trato.
Aunque no podía verle la cara, Sofía oyó la sonrisa en su voz.
—¿Qué clase de trato?
Ella dio un paso hacia él.
—Dime de dónde salió esa máscara. A cambio, no tienes que mostrarme tu rostro.
En las tribunas empezaron los murmullos.
—¿Qué pasa? ¿No sabe perder? ¿Por eso no se quita el casco?
—¿No lo viste? Fue la piloto del auto rojo quien lo detuvo.
Ni Sofía ni el hombre hicieron caso. Se quedaron mirándose.
Desde las tribunas, Diego observaba la escena sin poder creerlo.
Podía reconocer aquella figura aunque todos los demás se equivocaran.
Era Sofía.
¡Sofía había ganado la carrera!
Diego se quedó sentado mientras los de alrededor se levantaban para aplaudir. La miró otra vez, buscando un gesto que demostrara que se había equivocado.
No lo encontró. Era su exmujer.
¿Por qué lo había ocultado durante tantos años?
Recordaba que Sofía había mencionado un taller de su pueblo. Él ni siquiera había querido escuchar el resto. Ayudar a limpiar herramientas era una cosa; ganarles a esos pilotos era otra. Eso era lo que se repetía, incapaz de relacionar a la mujer que conocía con la que tenía delante.
Una mano se aferró a su brazo.
—Diego, ¿en qué estás pensando?
Al encontrarse con la mirada de Valeria, bajó los ojos para esconder lo que sentía.
—En nada. Aposté por el piloto equivocado y perdí dinero.
Un hombre que estaba cerca intervino:
—¿Cuánto apostaste? Yo también perdí. Debí hacer lo mismo que el señor Montenegro y apostar por el auto rojo. Antes me burlé de él. Al final, los que no teníamos ni idea éramos nosotros.
Diego giró la cabeza hacia el hombre. Casi preguntó cuánto había apostado Montenegro, pero cerró la boca.
¿Alejandro había apostado todo por Sofía?
Recordó la confianza con la que se habían hablado antes de la carrera. La vergüenza y los celos lo hicieron apretar los dientes.
No apartó los ojos de la pista.
Allí, Sombra seguía hablando con Sofía.
—Te doy tres días. Si descubres quién soy, te contaré toda la verdad sobre la máscara.
Se inclinó hacia ella y bajó la voz.
—Y sobre el accidente de hace tres años.
Sofía se quedó sin palabras.
La invitación a descubrir su identidad podía haber sido un juego. Aquella última frase no. Él conocía el accidente y lo había mencionado con la seguridad de quien sabía que ella entendería de qué hablaba.
El corazón volvió a acelerársele. Ya no le importaban los gritos que llegaban de las tribunas.
Entonces no había sido Diego quien la había salvado.
Antes de que pudiera reaccionar, el hombre se quitó el casco de un tirón.
Debajo apareció un rostro corriente, sin nada que llamara la atención.
Un murmullo de decepción recorrió las tribunas. Algunas admiradoras protestaron; una incluso empezó a llorar.
Sofía lo examinó con cuidado.
Aquel hombre no tenía nada de corriente. Sus ojos seguían siendo firmes, serenos y orgullosos.
Además, reconocía un trabajo de caracterización cuando lo veía.
El disfraz era excelente. Incluso ella, que dominaba esas técnicas, tuvo que admitirlo.
Él dejó el casco a un lado y sonrió.
—Las pruebas de que Valeria organizó el incidente ya están en tu correo. Espero nuestro próximo encuentro, señorita Serrano.
¿También era él quien se había llevado las pruebas?
El hombre se alejó antes de que Sofía pudiera preguntarle nada más.
Reservado, seguro de sí mismo y difícil de descifrar. Ella lo siguió con la mirada, sintiendo crecer la curiosidad.
* * *
—¡Sofía!
Después de cambiarse, Sofía había decidido salir por una ventana para evitar que descubrieran su identidad. No esperaba encontrar a Diego al otro lado.
—¿Por qué nunca habías mostrado lo que sabes hacer? Apenas nos separamos y ya estás presumiendo. ¿A quién quieres impresionar?
La examinó con una mirada hostil.
—¿O ya te veías con Montenegro a mis espaldas? Con razón firmaste tan rápido. Te subestimé.
Sofía contuvo las ganas de darle una bofetada.
—Que tú hayas actuado a mis espaldas no significa que yo haga lo mismo.
Diego abrió la boca para contestar, pero Valeria apareció y se aferró a su brazo.
—Diego solo se preocupa por ti, Sofía. Alejandro es un hombre demasiado importante. ¿De verdad crees que va a tomarte en serio? Ahora piensa que eres Brisa porque lo engañaste. ¿Qué vas a hacer cuando descubra la verdad?
—Mi vida ya no es asunto de ustedes. Y si Diego se preocupa tanto por mí, ¿por qué quiso dejarme sin nada al separarnos? Si eso se sabe, los que tendrán que preocuparse por su reputación serán ustedes.
Sofía apartó a Diego de su camino.
Si él no la había salvado, ¿para qué había pasado tres años soportándolo todo?
La posibilidad le daba tanta rabia que apenas podía mirarlo.
Había callado ante sus acusaciones, había aceptado su frialdad y había reducido su vida a cuidar de él. Si la deuda sobre la que había construido el matrimonio era falsa, también lo era la razón por la que se había obligado a soportar tanto.
No quería volver a escucharle una orden. Necesitó contenerse para no golpearlo allí mismo.
Diego todavía tuvo el descaro de amenazarla:
—Más te vale colaborar conmigo. Cuando Montenegro descubra tu engaño, vas a necesitar ayuda.
Ella le dedicó una pequeña sonrisa.
—Pues aquí estaré.
Volvió a mirarlo. Ya no encontraba en él nada que no le causara rechazo.