NovelToon NovelToon
Los Protegeré

Los Protegeré

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:349
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El Desconocido

La explosión que había sacudido el bosque todavía hacía temblar las ramas más altas.

El humo se desplazaba lentamente entre los árboles, dejando al descubierto un terreno completamente transformado.

Había troncos partidos, enormes marcas en la tierra y pequeños restos de fuego que todavía ardían entre las raíces.

En medio de aquel paisaje, Orven permanecía de pie frente a Varek con la espada baja.

A unos metros, Elira tampoco apartaba la mirada de Sareth.

Los cuatro habían llegado al límite de una batalla que parecía no querer terminar.

Varek se limpió con el dorso de la mano una pequeña herida de la mejilla.

—No esperaba que siguieras de pie.

Orven apoyó la espada sobre su hombro.

—Yo sí.

Elira, sin apartar los ojos de Sareth, sonrió ligeramente.

—Siempre dice eso.

—Porque normalmente es verdad.

—Eso también es cierto.

Sareth los observó con una expresión de incredulidad.

—¿Pueden dejar de hablar como si esto fuera una caminata?

Elira levantó una ceja.

—Estamos cansados. Hablar ahorra energía.

Orven soltó una pequeña risa.

—Por una vez, tiene razón.

Varek desapareció antes de que pudieran continuar.

Orven reaccionó de inmediato.

El choque de las espadas resonó entre los árboles, Varek atacó con una velocidad mucho mayor que antes, obligando a Orven a retroceder mientras ambos intercambiaban golpes a corta distancia.

Ninguno buscaba desperdiciar movimientos, cada ataque intentaba encontrar un hueco en la defensa del otro.

Al mismo tiempo, Sareth aprovechó que Orven estaba ocupado y lanzó una llamarada hacia Elira.

Ella giró sobre sí misma y dejó que una corriente de agua surgiera bajo sus pies. La llamarada pasó por encima mientras ella se deslizaba hacia un costado.

—Magia de agua: Paso de Marea.

La corriente la impulsó entre dos árboles y Sareth la siguió.

Elira salió del otro lado y ambos volvieron a encontrarse.

Su espada chocó contra el arma de Sareth.

El impacto hizo que las hojas se deslizaran una contra otra.

—Ya te estás quedando sin espacio.

Dijo Sareth.

Elira miró alrededor.

—Tengo espacio de sobra.

Sonrió.

—El problema es que tú también.

Sareth intentó golpearla, Elira bajó el cuerpo y dejó pasar el ataque.

Después utilizó una pequeña descarga eléctrica para obligarlo a separar del arma.

No intentó derrotarlo de un golpe.

Había aprendido algo durante sus años como aventurera que cuando el enemigo era fuerte, no siempre se podía vencerlo en un solo movimiento.

Había que obligarlo a cometer un error y Sareth acababa de hacerlo.

Elira golpeó su muñeca, el hombre retrocedió.

Pero antes de que ella pudiera aprovechar la apertura, una enorme explosión sacudió el terreno detrás de ambos.

Orven había sido lanzado contra un árbol.

El tronco se partió bajo el impacto.

—¡Orven!

El veterano cayó al suelo, pero se levantó casi inmediatamente.

Varek avanzó entre el humo.

—¿Eso es todo?

Orven se sacudió el polvo del hombro.

—No.

Miró el árbol destruido.

—Pero ese árbol sí está teniendo un mal día.

Elira soltó una carcajada.

—¡Eso fue terrible!

—No era para hacerte reír.

—Entonces fue todavía peor.

Varek los observó con incredulidad.

—¿Siempre son así?

Orven volvió a tomar su espada.

—Cuando tenemos tiempo.

Varek atacó otra vez y Orven respondió de frente.

Esta vez ninguno retrocedió.

Las espadas chocaron repetidamente mientras pequeñas ondas de energía recorrían el terreno, Varek utilizaba su fuerza para intentar romper la defensa de Orven, mientras este aprovechaba cada movimiento para desviarlo y devolver el golpe.

El intercambio terminó cuando Orven giró sobre su pie y golpeó el suelo con la palma.

La tierra se levantó de repente haciendo que una pared de piedra apareciera entre ambos.

Varek la atravesó de un golpe.

Orven ya no estaba allí ya abía desaparecido.

—Llegas tarde.

Dijo.

Varek giró y una descarga eléctrica golpeó el suelo junto a él.

El hombre saltó hacia atrás.

Orven no lo persiguió, había conseguido exactamente lo que quería.

Separarlo de Sareth.

Al otro lado del claro, Elira y Sareth seguían combatiendo.

Sareth lanzó una serie de proyectiles de fuego.

Elira utilizó el terreno para esquivarlos, moviéndose entre los árboles mientras las explosiones levantaban tierra detrás de ella.

Una de las llamas alcanzó su hombro.

La armadura mágica absorbió gran parte del impacto, pero el golpe la hizo caer de rodillas.

Sareth apareció delante de ella.

—Ahora sí.

Elira levantó la mirada.

—Qué impaciente.

Sareth atacó, Elira bloqueó.

El golpe la hizo retroceder.

Volvió a atacar.

Ella bloqueó otra vez.

La presión aumentó hasta que Elira terminó apoyando una rodilla en el suelo.

Sareth levantó su arma.

—Se terminó.

Elira sonrió.

—Eso también lo dijiste antes.

Una corriente de agua surgió desde el suelo y golpeó las piernas de Sareth haciendo que perdiera el equilibrio.

Elira se levantó y golpeó su pecho con la empuñadura de la espada.

Sareth salió despedido.

—Y sigues hablando demasiado.

Añadió ella.

Sareth aterrizó entre los restos de un árbol.

—Empiezo a entender por qué Orven te soporta.

Elira sonrió.

—Él tampoco tiene elección.

Mientras tanto, Orven y Varek habían llegado al centro de otro claro.

El terreno entre ellos estaba completamente despejado.

Varek extendió ambas manos.

Una enorme cantidad de energía oscura comenzó a acumularse y entonces Orven dejó de sonreír.

—Así que finalmente vas a mostrarme lo que estabas escondiendo.

—Ya viste suficiente.

—No.

Orven levantó la espada.

—Ahora quiero verlo todo.

La energía de Varek se expandió.

Los árboles cercanos comenzaron a doblarse, Orven respondió liberando su propio mana.

El aire se volvió pesado.

Una corriente de electricidad recorrió su brazo y el cielo comenzó a oscurecerse.

Varek miró hacia arriba.

—¿Otra vez?

Orven negó con la cabeza.

—No.

La electricidad desapareció de su mano.

—Algo diferente.

Clavó la espada en el suelo y entonces el viento comenzó a girar.

Las ramas, piedras y hojas fueron arrastradas hacia arriba.

Orven cerró los ojos durante un instante.

Cuando volvió a abrirlos, varias marcas mágicas aparecieron alrededor de él.

—Magia de viento: Dominio del Vendaval.

El aire explotó hacia afuera.

Varek creó una barrera oscura, pero aun así fue obligado a retroceder.

Al mismo tiempo, una explosión se escuchó desde la posición de Elira.

Orven giró ligeramente la cabeza.

Sareth había conseguido atravesar la defensa de Elira y ambos habían sido lanzados en direcciones opuestas.

Elira se levantó primero.

Su armadura mágica estaba casi destruida.

—Eso dolió.

Sareth respiró con dificultad.

—Finalmente.

Elira miró su armadura.

—No me queda mucho.

Luego miró a Sareth.

—Pero tampoco a ti.

Sareth no respondió, ambos corrieron al mismo tiempo.

Las armas chocaron, Elira utilizó el impulso del ataque para girar y lanzar una descarga eléctrica directamente al suelo.

La corriente recorrió la tierra y alcanzó a Sareth por las piernas haciendo que cayera.

Elira levantó la espada.

Pero antes de atacar, una enorme columna de energía apareció detrás de ella.

Orven había terminado su propio enfrentamiento.

Varek había sido obligado a retroceder hasta el límite del claro.

Orven avanzó lentamente.

—Elira.

Ella miró hacia atrás.

—¿Sí?

—Creo que ya es suficiente.

—Estoy de acuerdo.

Sareth se levantó con dificultad.

—¿Qué están planeando?

Orven miró a Elira.

No necesitaban explicar nada.

Llevaban años luchando juntos y una simple mirada era suficiente.

Elira guardó su espada durante un instante y comenzó a reunir mana.

Orven hizo lo mismo.

El fuego apareció alrededor de su cuerpo.

El agua comenzó a girar alrededor de Elira.

Después, pequeñas líneas de electricidad atravesaron ambas energías.

La magia de ambos comenzaron a mezclarse.

Varek abrió los ojos.

—Sareth.

—Lo sé.

Ambos retrocedieron.

La presión aumentó.

El suelo bajo los pies de Orven y Elira comenzó a agrietarse.

Las hojas dejaron de caer.

El aire parecía comprimirse alrededor de ellos.

Orven levantó la espada.

—¿Lista?

Elira respiró profundamente.

—Siempre.

—Eso dijiste antes.

—Y sobrevivimos.

Orven sonrió.

—Buen argumento.

Elira levantó una mano.

Las tres energías comenzaron a concentrarse en un único punto entre ambos.

Varek preparó una barrera.

Sareth reunió todo el poder que todavía le quedaba.

La batalla estaba a punto de terminar.

Entonces ocurrió algo extraño.

El viento desapareció.

El bosque quedó completamente silencioso.

Orven frunció el ceño.

Elira también lo sintió.

No era mana de Varek o el de Sareth.

Era algo diferente, algo mucho más peligroso.

Orven bajó lentamente la espada.

—Espera.

Elira lo miró.

—¿Qué pasa?

Orven observó los árboles.

Entre las sombras, muy lejos de donde estaban los cuatro, una rama se movió.

No había viento.

Varek también lo había sentido, Sareth retrocedió un paso.

Por primera vez desde que comenzó la batalla, ninguno de los dos parecía preocupado por Orven o Elira.

Orven estrechó los ojos.

—Hay alguien más.

El bosque quedó en silencio.

Una hoja descendió lentamente entre las ramas y cayó sobre el terreno destruido.

Después cayó otra.

Orven dejó de concentrar su magia.

Elira lo notó de inmediato.

—¿Qué sucede?

Orven no respondió.

Miraba hacia los árboles.

Varek también.

Su expresión había cambiado.

—No...

Sareth lo miró.

—¿Qué pasa?

Varek no contestó, solo dio un paso hacia atrás.

Sareth siguió su mirada.

Entre los árboles no había nada.

Al menos no algo que se viera y entonces se escucharon pasos.

Lentos.

Sin prisa.

Sareth dejó de respirar durante un instante.

—No puede ser...

Varek apretó la mandíbula.

—Cállate.

—Pero él dijo que...

—Cállate.

Otro paso.

Las ramas se separaron.

Una figura apareció entre las sombras.

Llevaba una capa oscura y caminaba tranquilamente sobre el terreno cubierto de ceniza.

Varek bajó la cabeza.

Sareth hizo lo mismo.

Ninguno de los dos se movió.

La figura pasó junto a ellos sin decir una palabra.

Solo cuando estuvo a unos metros se detuvo.

—Llegué tarde.

Varek levantó ligeramente la mirada.

—Maestro.

Sareth tragó saliva.

—Karesh.

Karesh observó el campo de batalla.

Su mirada pasó por los árboles destruidos, las marcas de los hechizos y finalmente por las heridas de ambos.

—Veo que tuvieron problemas.

Varek no dijo nada.

Sareth abrió la boca, pero volvió a cerrarla.

Orven observó y después levantó la espada.

—Así que tú eres Karesh.

El hombre dirigió sus ojos hacia él.

—Sí.

—Ellos te estaban esperando.

—Correcto.

Orven señaló con la espada hacia Varek y Sareth.

—Entonces viniste a sacarlos de aquí.

Karesh miró a sus dos subordinados.

—Ese era el plan.

Varek permaneció inmóvil, Sareth apretó lentamente las manos.

Elira se colocó junto a Orven.

—No parece que tengan muchas ganas de quedarse.

Karesh la observó.

—No deberían.

Orven entrecerró los ojos.

—No te los llevarás.

Karesh miró el terreno entre ambos.

Después observó los círculos mágicos que todavía flotaban alrededor de Orven y Elira.

—Nueve círculos.

Su voz permaneció tranquila.

—Interesante.

Orven volvió a reunir mana.

Elira hizo lo mismo.

Los círculos comenzaron a girar.

Karesh levantó una mano y todo se detuvo.

Elira abrió los ojos.

—¿Qué...?

Orven intentó forzar el flujo de mana.

No pudo, Karesh bajó la mano.

La magia volvió a circular.

Varek retrocedió otro paso, Sareth lo siguió sin darse cuenta.

Orven los vio.

Después volvió la mirada hacia Karesh.

—Interesante.

Karesh inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Qué cosa?

Orven levantó la espada.

—Que hayas venido hasta aquí personalmente.

El mana de Orven comenzó a envolver su cuerpo.

Elira hizo lo mismo.

Karesh permaneció inmóvil.

Varek miró a Sareth.

No dijo nada.

No hacía falta.

Ambos se apartaron del espacio que quedaba entre los tres.

Orven avanzó.

Karesh hizo lo mismo.

La distancia desapareció.

La espada de Orven cayó con toda su fuerza.

Karesh levantó una mano.

El choque provocó una explosión que sacudió el bosque.

Elira tuvo que cubrirse el rostro.

Cuando el polvo comenzó a disiparse, Orven seguía frente a Karesh.

Su espada estaba detenida, Karesh la sostenía con una sola mano.

Detrás de ellos, Varek y Sareth permanecían inmóviles.

Ninguno de los dos parecía dispuesto a acercarse, la espada de Orven continuaba detenida contra la mano de Karesh.

Durante unos segundos, ninguno de los dos cedió.

Orven aumentó la presión poco a poco, haciendo que el mana recorriera su brazo y reforzara cada músculo de su cuerpo.

El terreno bajo sus botas comenzó a agrietarse, pero Karesh apenas había cambiado de posición.

Entonces Karesh giró ligeramente la muñeca.

La espada de Orven salió desviada y el propio Orven tuvo que girar sobre sí mismo para evitar perder el equilibrio.

Apenas consiguió recuperar la posición cuando Karesh lanzó un golpe directo.

Orven cruzó el antebrazo.

El impacto lo hizo retroceder varios metros y levantó una nube de polvo a su alrededor.

—¡Orven!

Elira avanzó inmediatamente, sabía que Karesh había demostrado suficiente control como para detener su magia con facilidad, así que cerró la distancia antes de que pudiera reaccionar.

Su espada describió un arco hacia el hombro pero Karesh se apartó apenas lo necesario para que la hoja pasara junto a su cuerpo.

Elira giró y lanzó un segundo golpe.

Esta vez Karesh lo bloqueó con el antebrazo.

El choque produjo una vibración que recorrió toda la espada.

Elira retrocedió un paso y volvió a atacar, Karesh desvió la hoja.

Ella aprovechó el movimiento para utilizar una corriente de agua bajo sus pies y cambiar de dirección en pleno impulso.

Apareció a su espalda y lanzó una descarga eléctrica directamente hacia él, pero Karesh giró y la electricidad chocó contra una barrera invisible y se dispersó en el aire.

Elira abrió ligeramente los ojos.

—Ni siquiera necesitas formar una barrera.

—No siempre necesito hacerlo.

Respondió Karesh.

La respuesta fue tranquila, pero antes de que Elira pudiera reaccionar una onda de presión la golpeó de frente.

Salió despedida y atravesó varios arbustos hasta detenerse contra el tronco de un árbol.

Orven apareció inmediatamente entre ambos.

—Ya es suficiente.

Karesh lo observó.

—Todavía no has utilizado todo tu poder.

Orven apretó la espada.

—Tú tampoco.

—Correcto.

Orven lanzó una mirada rápida hacia Varek y Sareth.

Seguían cerca del borde del claro.

Varek parecía querer intervenir, pero no daba un paso hacia Karesh y Sareth mantenía los ojos fijos en el combate, con las manos cerradas alrededor de su arma.

Orven comprendió que si quería evitar que escaparan, tendría que terminar aquello rápido.

—Elira.

Ella se levantó lentamente y recuperó la espada.

—Estoy bien.

—No te pregunté eso.

Elira entendió, Orven quería que se concentrara.

Ella asintió y los dos avanzaron al mismo tiempo.

Orven fue directo hacia Karesh mientras Elira se desplazaba por el costado.

Orven lanzó un corte vertical y Karesh lo bloqueó, pero aquella vez Orven no intentó superar su fuerza.

Utilizó el impacto para cambiar la trayectoria de la espada y obligarlo a girar.

Elira aprovechó ese instante.

Una lanza de agua se formó junto a ella y salió disparada hacia Karesh.

Este tuvo que apartarse.

La lanza atravesó el espacio donde había estado un instante antes y explotó contra un árbol.

Y sin perder tiempo Orven ya estaba detrás de él.

Su espada volvió a descender.

Karesh se agachó y dejo pasar la hoja sobre su cabeza.

El hombre apoyó una mano en el suelo y lanzó una onda de energía que obligó a Orven a saltar hacia atrás.

Elira intentó atraparlo con una corriente de agua, pero Karesh levantó la mirada y la corriente se detuvo antes de alcanzarlo.

Elira sintió cómo su hechizo era comprimido por una fuerza invisible.

Entonces Karesh cerró la mano y la corriente explotó.

El agua cayó sobre el terreno, Elira respiró profundamente.

—Esto va a ser complicado.

Orven se colocó junto a ella.

—Sí.

—¿Tienes algún plan?

—Sí.

Elira lo miró.

—¿Cuál?

Orven levantó la espada.

—Improvisar.

Ella lo observó durante un segundo.

—Odio cuando dices eso.

Karesh comenzó a caminar hacia ellos.

—Entonces deberán aprender rápido.

El aire volvió a comprimirse.

Orven y Elira sintieron la presión sobre sus cuerpos, pero esta vez ninguno retrocedió.

Orven dejó que su mana se extendiera por sus brazos y piernas, su cuerpo se lanzó hacia delante.

La velocidad sorprendió incluso a Elira.

Orven apareció frente a Karesh y lanzó una combinación de ataques rápidos.

El primero fue bloqueado, el segundo desviado y el tercero consiguió rozar la capa.

Una pequeña abertura.

Elira no la desperdició, concentró agua y rayo en la espada y atacó desde el lado opuesto.

Karesh cruzó ambos brazos.

La descarga y el impacto de la espada produjeron una explosión que levantó una enorme cantidad de tierra.

Durante un instante, los tres desaparecieron dentro del polvo.

Varek dio un paso hacia atrás.

—Sareth.

—¿Qué?

—Nos vamos.

Sareth miró hacia Karesh.

—¿Y él?

—Nos alcanzará.

—¿Y si no puede?

Varek no respondió, se limitó a retirarse entre los árboles.

Sareth dudó antes de seguirlo.

Dentro del humo, Orven apareció primero.

Tenía una herida en la frente, pero mantenía la espada firme.

—¡Elira!

—¡Aquí!

Ella salió por el otro lado, Karesh seguía en el centro.

Su capa estaba rasgada en un punto.

Era la primera señal de que alguno de sus ataques había conseguido alcanzarlo.

Orven lo observó.

—Entonces sí podemos hacerte daño.

Karesh miró la pequeña rasgadura de su ropa y después levantó los ojos.

—Sí.

Elira sonrió ligeramente.

—Eso suena bastante bien.

Karesh desapareció, Orven apenas tuvo tiempo de levantar la espada.

El impacto lo obligó a retroceder.

Elira atacó desde un costado, pero Karesh giró y bloqueó su espada con la palma.

El golpe de vuelta la lanzó contra el suelo, Orven intentó aprovechar el momento.

—¡Magia de rayo: Lanza Celestial!

Un relámpago descendió desde las nubes y golpeó directamente a Karesh.

La luz cubrió el claro.

El impacto abrió un cráter.

Elira levantó un brazo para protegerse y cuando la luz desapareció, Karesh seguía dentro del cráter.

Su ropa estaba un poco quemada.

Una pequeña línea de sangre descendía desde su frente.

Orven respiró profundamente.

—Ahora.

Elira entendió y sin más ambos comenzaron a reunir mana nuevamente.

Esta vez no intentaron combinar los elementos.

Orven concentró fuego alrededor de su espada mientras Elira reunió agua y electricidad en ambas manos.

El objetivo no era lanzar un único ataque, sino obligar a Karesh a responder desde dos direcciones distintas.

Orven atacó primero, Karesh lo bloqueó.

Elira apareció detrás, Karesh se giró.

El ataque de ella llegó, pero Karesh lo detuvo.

Orven volvió a atacar, Elira cambió de posición.

Durante varios segundos, Karesh quedó obligado a defenderse.

Varek observaba desde los árboles.

Sareth ya había avanzado unos metros, pero se detuvo al escuchar los impactos.

—¿Por qué no viene?

Varek miró hacia atrás.

—Porque no quiere.

—Entonces deberíamos ayudarlo.

Varek negó inmediatamente.

—No.

—Pero.

—No.

La respuesta fue tan firme que Sareth dejó de insistir.

Mientras tanto, Orven y Elira habían conseguido arrinconar a Karesh cerca del borde del claro, Orven levantó la espada, Elira se colocó a su lado.

Karesh los observó en silencio, esta vez no parecía estar simplemente defendiéndose.

Parecía estar estudiándolos.

Orven sintió que algo no encajaba.

—Edta estudiando nuestros ataques.

Elira lo comprendió al instante.

—Entonces tenemos que cambiar el ritmo.

Orven asintió, los dos se separaron.

Elira desapareció entre los árboles.

Orven permaneció frente a Karesh.

—Ahora estamos solos.

Karesh lo miró.

—Eso parece.

Orven sonrió apenas.

—Entonces veremos cuánto tardas en encontrarla.

Karesh permaneció inmóvil.

Por primera vez, su expresión cambió ligeramente.

No parecía preocupado, pero tampoco era indiferencia.

En algún lugar entre los árboles, Elira comenzó a reunir una enorme cantidad de mana.

Orven levantó su espada y el bosque volvió a llenarse de energía.

Mientras Varek y Sareth continuaban alejándose, ambos comprendieron que la pelea estaba llegando a un nuevo nivel.

Esta vez, Orven y Elira estaban preparando algo.

Orven permaneció en el centro del claro, con la espada preparada y la mirada fija en Karesh.

A su alrededor, el polvo todavía flotaba después de los últimos choques, mientras las llamas que habían quedado entre los árboles proyectaban sombras irregulares sobre el terreno.

A unos metros, Elira se había ocultado entre los árboles.

No podía verla.

Pero Orven conocía su forma de combatir.

Sabía exactamente qué estaba haciendo, Karesh también parecía haberlo entendido.

—Tu compañera se ha escondido.

Orven giró ligeramente la espada.

—No se ha escondido.

—Entonces, ¿qué está haciendo?

—Preparándose.

Karesh guardó silencio, Orven aprovechó aquel instante para avanzar.

Su cuerpo se impulsó hacia delante con una velocidad que levantó polvo bajo sus pies.

Karesh bloqueó el primer golpe, pero Orven no tuvo intención de atravesar su defensa, cambió la dirección de la espada en el último momento y golpeó desde abajo.

Karesh se apartó.

El segundo ataque llegó inmediatamente, después un tercero.

La espada de Orven se movía con una precisión muy distinta a la de los primeros minutos de combate.

Ya no buscaba medir la fuerza de Karesh, estaba intentando obligarlo a permanecer exactamente donde quería.

Karesh bloqueó una estocada y respondió con un golpe, Orven cruzó el brazo para protegerse.

El impacto lo hizo retroceder.

Sin perder tiempo Karesh avanzó, Orven volvió a levantar la espada.

El siguiente choque fue mucho más violento.

La fuerza de ambos hizo que el suelo se hundiera bajo sus pies y una onda de presión atravesó el claro, levantando piedras y ramas.

Orven consiguió desviar el ataque y giró sobre sí mismo.

—Ahora.

Una corriente de agua atravesó los árboles.

Karesh levantó una mano.

La corriente cambió de dirección antes de alcanzarlo y golpeó el suelo.

Elira apareció desde otro ángulo.

Había utilizado el agua como cobertura para ocultar su posición.

Su espada descendió.

Karesh la bloqueó.

Pero Orven ya estaba detrás de él.

El hombre tuvo que girar rápidamente.

La espada de Orven pasó junto a su rostro.

Karesh retrocedió, Elira volvió a atacar.

Esta vez su hoja estaba cubierta por una capa de agua comprimida y pequeños relámpagos recorrían el filo.

Karesh levantó ambos brazos.

El impacto provocó una explosión, Elira salió despedida, pero consiguió caer de pie.

Orven aprovechó la abertura y lanzó una descarga de energía directamente hacia Karesh.

El hombre cruzó los brazos y una barrera apareció.

El rayo chocó contra ella y la hizo retroceder varios metros.

Por primera vez, Karesh tuvo que plantar firmemente los pies.

Orven lo vio.

—Elira.

—Lo vi.

Ambos volvieron a avanzar.

Esta vez atacaron desde lados opuestos.

Karesh bloqueó a Orven, giró para detener a Elira y utilizó el impulso de ambos ataques para apartarlos.

Pero ya no tenía la misma facilidad de antes, el combate comenzaba a exigirle.

Karesh retrocedió hasta quedar cerca de uno de los árboles destruidos.

Observó a Orven.

Después a Elira.

—Han mejorado.

Orven respiró profundamente.

—No sabes cuánto.

Karesh inclinó ligeramente la cabeza.

—Entonces enséñamelo.

El mana que rodeaba su cuerpo cambió.

Orven sintió la presión antes de que ocurriera nada.

—Elira.

Ella comprendió y entonces ambos se separaron.

Un instante después, Karesh golpeó el suelo.

Una enorme onda de energía se extendió en todas direcciones.

Los árboles cercanos se doblaron y algunos terminaron arrancados desde las raíces, Orven clavó la espada en el terreno para resistir el empuje, mientras Elira levantaba una barrera de agua delante de ella.

La onda pasó.

El claro había cambiado nuevamente.

Orven levantó la cabeza.

Karesh ya no estaba frente a ellos.

—¿Dónde...?

Una sombra apareció sobre él, Orven levantó la espada y Karesh cayó desde arriba.

El impacto lo obligó a arrodillarse.

Elira reaccionó inmediatamente y lanzó una descarga eléctrica, Karesh se apartó.

Orven se levantó.

—Gracias.

—De nada.

—Me debes una.

—Lo anotaré.

Elira volvió a colocarse en posición.

Esta vez ninguno de los dos sonreía.

Karesh tampoco.

El siguiente intercambio fue mucho más rápido.

Orven utilizó su espada para mantener a Karesh ocupado mientras Elira alteraba el terreno con corrientes de agua. Cada vez que Karesh encontraba una abertura, uno de los dos la cerraba, cuando intentaba atacar a Elira, Orven intervenía y cuando se concentraba en Orven, Elira aparecía desde otro ángulo.

Era claramente una coordinación perfeccionada por años.

No necesitaban hablar.

No necesitaban mirarse.

Cada movimiento de uno provocaba una respuesta inmediata del otro.

Karesh comenzó a retroceder.

Un paso.

Después otro.

Hasta que una enorme columna de fuego apareció detrás de él, Orven había preparado el terreno.

Karesh giró.

El fuego cayó.

Una explosión cubrió el claro.

Elira aprovechó la oportunidad.

Concentró una gran cantidad de agua sobre su espada y la lanzó hacia el centro de la explosión.

—¡Ahora!

Orven extendió la mano.

El agua recibió una descarga de electricidad.

La combinación atravesó la nube de humo y durante unos segundos, el bosque quedó iluminado por una enorme energía azulada.

Varek y Sareth, que se habían detenido mucho más lejos, observaron la explosión.

Sareth dio un paso hacia delante.

—¿Deberíamos regresar?

Varek lo sujetó del hombro.

—No.

—Pero Karesh está.

—Espera.

Sareth miró hacia el claro.

La nube de humo comenzó a disiparse y una figura permanecía de pie en el centro.

Karesh.

Su capa estaba rasgada y tenía una herida superficial en el rostro.

Pero seguía de pie, Varek soltó lentamente el hombro de Sareth.

Karesh levantó la mirada.

—Ahora sí.

Orven sintió que el ambiente cambiaba.

El hombre dejó de contener su mana.

Una presión mucho mayor comenzó a extenderse por el bosque.

Las ramas temblaron, las piedras del suelo comenzaron a elevarse.

Elira apretó la espada.

—Parece que estamos en problemas.

Orven observó a Karesh.

—Quien sabe.

—Entonces...

—Pero ahora estamos viendo wu verdadero poder.

La energía alrededor del hombre aumentó de forma repentina.

No aparecieron círculos o hubo palabras.

No hubo una fórmula mágica, simplemente liberó una parte de su poder.

El suelo se hundió bajo sus pies, Orven sostuvo firmemente la espada.

Elira se colocó junto a él.

—¿Enserio?

Orven no apartó los ojos de Karesh.

—Sí.

—¿Y si no funciona?

Orven respiró lentamente.

—Entonces improvisaremos otra vez.

Elira asintió.

—De acuerdo.

Ambos comenzaron a reunir su mana.

Esta vez no sería una combinación improvisada.

El fuego, agua y rayo empezaron a girar alrededor de ellos.

Karesh los observó.

No interrumpió.

Simplemente esperó.

Orven levantó la espada y Elira extendió una mano.

La energía comenzó a concentrarse entre ambos.

Muy lejos de allí, en otra parte del bosque, una corriente de mana completamente diferente seguía creciendo segundo tras segundo.

Elia continuaba inconsciente.

Pero incluso sin saberlo, su mana seguía aumentando.

Y aquella energía, cada vez más intensa, comenzaba a extenderse lentamente por el bosque.

Orven sintió algo.

Por un instante, su concentración desapareció.

Giró la cabeza.

—Elia...

Elira lo miró.

—¿Qué ocurre?

Orven permaneció inmóvil, había reconocido aquella sensación.

La misma energía que había sentido anteriormente.

Solo que ahora era mucho más grande.

—Su mana...

Karesh también levantó la mirada.

Por primera vez, su expresión cambió.

Mientras tanto, en otra parte del bosque, los aventureros se habían dividido en dos grupos.

Unos pocos habían decidido quedarse junto a Elia para vigilarla mientras permanecía inconsciente. Los demás habían continuado avanzando hacia el lugar donde Orven y Elira seguían enfrentándose a los dos enemigos y a la misteriosa figura que había aparecido después.

El sonido de las explosiones todavía podía escucharse entre los árboles.

Los aventureros que avanzaban hacia el combate aceleraron el paso.

—¡Vamos!

Gritó uno de ellos.

—¡Si esas explosiones vienen de donde Orven y Elira deben estar enfrentándose a algo enorme!

Las ramas golpeaban sus hombros mientras atravesaban el bosque.

Nadie hablaba, todos habían comprendido que aquello ya no era una misión de rescate normal.

Detrás de ellos, los pocos aventureros que habían permanecido junto a Elia vigilaban sus alrededores.

La niña seguía inconsciente.

Uno de ellos se agachó para comprobar nuevamente su respiración.

—Sigue estable.

—¿Y su mana?

El aventurero levantó la mirada.

—Eso es lo extraño.

Una ligera presión acababa de recorrer el bosque.

Las hojas temblaron.

Los árboles crujieron.

El hombre observó a Elia durante unos segundos.

—Sigue aumentando.

Nadie dijo nada, no sabían por qué estaba ocurriendo.

Tampoco podían imaginar hasta dónde llegaría.

Muy lejos de allí, los aventureros que se dirigían hacia Orven y Elira seguían avanzando y entre ambos grupos, el bosque comenzaba a cambiar.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play