Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
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El secreto comienza a pesar
Durante los días siguientes, Lucía no pudo dejar de pensar en lo que Javier le había contado. Podía volver. Aunque todavía no era seguro, aquella posibilidad había cambiado algo dentro de ella.
Cada vez que recibía un mensaje suyo, se preguntaba si realmente volvería a verlo todos los días. Quizá podrían hablar cara a cara. Quizá podrían conocerse mejor. O quizá todo aquello terminaría siendo solamente otra ilusión. Lucía decidió no hacerse demasiadas expectativas.
Una tarde, mientras estaba en el instituto, su teléfono vibró. Era Javier.
Javier: Ya es casi seguro. Mi familia volverá a la ciudad.
Lucía leyó el mensaje dos veces. Sintió una enorme alegría.
Lucía: ¿Cuándo?
Javier: Todavía no lo sé exactamente.
Lucía sonrió.
Lucía: Entonces tendré que esperar.
Javier: Sí.
Después de unos segundos llegó otro mensaje.
Javier: Pero esta vez no pienso desaparecer durante años.
Lucía sonrió. No sabía qué responder.
—¿Otra vez mirando el teléfono?
Lucía levantó la cabeza. Sofía estaba delante de ella.
—No estaba haciendo nada.
Sofía cruzó los brazos.
—Lucía.
—¿Qué?
—Te conozco.
Lucía guardó el teléfono.
—Solo estaba hablando con alguien.
—¿Con quién?
Lucía permaneció callada. Sofía no insistió.
—Está bien. No tienes que decírmelo. Se dio la vuelta para marcharse.
—Sofía...
Ella se detuvo. Lucía sintió que ya no podía seguir evitando aquella conversación.
—Es Javier.
Sofía se giró lentamente.
—¿Javier?
Lucía asintió.
—Sí.
Durante unos segundos ninguna de las dos habló.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace un tiempo.
Sofía bajó la mirada.
—¿Y por qué no me lo dijiste?
Lucía respiró profundamente.
—Tenía miedo.
—¿De mí?
—No. De perderte.
Sofía la observó.
—Sé lo que pasó entre ustedes. Sé que él te dijo que le gustabas, pero también sé que decidió no tener una relación contigo porque eras demasiado joven. Nunca quise hacerte sentir incómoda.
Sofía permaneció en silencio. Finalmente preguntó:
—¿Y lo?
Lucía tragó saliva.
—A mí me gusta.
Decirlo en voz alta hizo que todo pareciera más real.
Sofía la miró durante unos segundos.
—¿Desde cuándo?
—Desde que lo conocí.
Sofía abrió ligeramente los ojos.
—¿Desde aquel cumpleaños?
Lucía asintió.
—Sí.
No parecía enfadada. Solo sorprendida.
—Lucía, ¿por qué nunca me lo contaste?
—Porque ni siquiera yo sabía qué hacer con lo que sentía.
Hubo un silencio.
Sofía suspiró.
—Podrías habérmelo dicho.
—Lo sé.
Hubo un silencio. Después Sofía sonrió ligeramente.
—No voy a dejar de ser tu amiga por esto.
Lucía levantó la mirada.
—¿De verdad?
—Claro.
Lucía sonrió aliviada. Sofía le tomó la mano.
—Pero prométeme algo.
—¿Qué?
—No dejes que tus sentimientos hagan que olvides quién eres.
Lucía asintió.
—Te lo prometo.
Las dos se abrazaron. Y por primera vez, aquel secreto dejó de estar escondido entre ellas.
Esa tarde, Lucía caminó de regreso a casa sintiéndose diferente. Había tenido miedo durante mucho tiempo de perder a Sofía. Pero ahora comprendía que una verdadera amistad podía sobrevivir incluso a las verdades difíciles.
Al llegar a casa, su teléfono volvió a vibrar.
Javier: ¿Todo bien?
Lucía sonrió. Esta vez no tenía nada que esconder.
Lucía: Sí. Hoy le conté a Sofía que hablamos.
La respuesta tardó unos segundos.
Javier: Me alegro.
Lucía miró la pantalla. Y entonces llegó un último mensaje:
Javier: Creo que cuando vuelva tendremos muchas cosas de las que hablar.
Lucía sonrió. No sabía qué iba a suceder. Pero ya no quería esconderse de sus propios sentimientos. El secreto había dejado de ser completamente secreto. Y el regreso de Javier estaba cada vez más cerca.
Esa noche, Carla le escribió.
Carla: ¿Se lo contaste?
Lucía: Sí.
Carla: ¿Y?
Lucía: No se enfadó. Me dijo que no dejara de ser yo misma.
Carla respondió con un audio riendo.
Carla: Te lo dije. Sofía es Sofía. Ella te quiere por quién eres, no por a quién le escribes.
Lucía se quedó pensando en eso. Tenía a Carla que ya lo sabía desde el capítulo 21, y ahora a Sofía que lo sabía también. Por primera vez en años no tenía que revisar cada palabra antes de contar algo.
Antes de dormir, su abuela entró en la habitación.
—¿Otra vez con el teléfono?
—Ya lo estoy apagando, abuela.
Su abuela sonrió.
—Te veo diferente estos días. Más tranquila.
—Creo que por fin estoy entendiendo algo.
—¿Qué cosa?
—Que no tengo que apresurarme. Que conocer a alguien de verdad lleva tiempo.
Su abuela asintió.
—Eso es lo más inteligente que has dicho en semanas.
Lucía rió y apagó la luz. Afuera, la ciudad seguía igual. Pero dentro de ella, todo había cambiado un poco. Ya no estaba enamorada de un recuerdo. Estaba aprendiendo a conocer al Javier real, al que le contaba sobre Layla, sobre su familia y sobre la universidad. Y estaba aprendiendo a hacerlo sin olvidar a sus amigas, sus estudios y a ella misma.
aunque no sé cómo, por la distancia