Una élite de valientes mujeres soldados deberá enfrentar al crimen organizado que intentará matarlas para evitar ser descubiertos. Todo iniciará cuando una capitana del ejército es asesinada de un certero balazo disparado por un francotirador y el misterioso crimen destapa una poderosa mafia que intenta robar las ojivas nucleares que se almacenan en el cuartel, según descubre una chica policía designaba a resolver el extraño homicidio. Ella descubrirá además que esa despiadada mafia involucra a los altos mandos militares quienes a su vez, están vinculados sentimentalmente, entre ellos, complicando aún más las investigaciones. La mujer policía deberá desarticular la mafia y salvar el honor de la división blindada femenina "Las lobas" que maneja los poderosos tanques del ejército. Ellas se verán implicadas en el robo de las ojivas nucleares y de otras armas que son sustraídas sistemáticamente de los hangares militares. Paralelamente la mujer policía deberá definir su vida sentimental, pues su novio es un tipo muy violento, metido siempre en problemas extremadamente celoso y prepotente, y entre otros hombres que la pretenden. Traición, venganza, acción, suspenso, mucho amor, humor y romance se barajan en ésta emocionante historia, "Crimen en el ejército" que atrapará al lector de principio a fin.
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Capítulo 20
Douglas se aprovechaba, incluso, de su trabajo de periodista para meterse en la comandancia y ver lo que yo hacía, si es estaba hablando acaramelada con alguien, haciéndole ojitos a fulano, riéndole a zutano o portándome coqueta con tal o cual. Dou no toleraba que yo estuviera almorzando con mis adjuntos y estaba siempre tan pendiente de mí tanto que no dejaba de llamarme, enviarme mensajes de texto y vigilarme peor que una sombra o un incansable cancerbero.
A Nancy le daba risa e comportamiento tiránico de Douglas. -Ese tipo es demasiado obsesivo y compulsivo-, me dijo una vez riéndose mientras desayunábamos en la comandancia. Llegué muy temprano a mi oficina porque debía ir a los arenales al oeste de la ciudad donde habían encontrado un cuerpo mutilado. -Eso demuestra inseguridad, él está inseguro de ti-, me advirtió además Nancy.
Douglas ya le había pegado antes a su ex mujer y la perdió para siempre pese a lo mucho que los dos se amaban. Era muy cierto lo que decía Nancy. Douglas veía fantasmas por doquiera que iba.
Antes de Douglas, mi segundo enamorado había sido Harry Cooper, el campeón nacional de ajedrez. Cooper era del barrio, nos conocíamos desde pequeños pero luego él se mudó a otro país, dejamos de vernos, nuestra relación en ciernes e incipiente se estancó y quedó en nada. Posteriormente y con el correr de los años, Cooper vino a competir aquí, a la ciudad, y los mandos me designaron como parte de la seguridad del evento. Yo recién me iniciaba en la policía y me dio gusto reencontrarme con Harry. Recordamos los viejos tiempos, nuestros amoríos, evocamos lo felices que éramos, lo tanto que nos queríamos y una cosa fue a la otra. Yo ya había superado lo de Donato y me sentía deseosa de tener otra vez pareja y Cooper era lindo, dulce, tierno, agradable y estaba más guapo que antes. Lo nuestro entonces volvió a encenderse como un gran fuego pero está vez bastante serio, hicimos el amor en forma vehemente y hasta hablamos de matrimonio porque estábamos súper enamorados.
Cooper estampó una huella indeleble en mi vida y lo que me gustaba de él es que era dulce, gentil y apasionado, sensible y yo me sentía muy feliz a su lado.
A Harry, sin embargo, no le gustaba que yo fuera policía, porque decía que estaba siempre en peligro, arriesgando mi vida, y me pidió que dejara la comandancia. -No quiero enterarme un día que a la mamá de mis hijos la mató un delincuente a balazos cumpliendo su deber-, me dijo resoluto esa vez que discutimos sobre casarnos.
-La policía es mi vida-, le aclaré resoluta, lo que era cierto. Harry ya era campeón mundial de ajedrez, acaparaba títulos y medallas por doquier, ganaba muchísimo dinero, tenía auspiciadores poderosos y era muy cotizado a nivel internacional. -Vivirás como una reina a mi lado, deja la policía-, me insistió, incluso.
Yo no pude aceptar esa condición de dejar la policía para casarnos y pues, rompimos definitivamente.
Esa tarde Cooper estaba de visita a la ciudad, dando una cátedra magistral sobre ajedrez e el centro de convenciones de un exclusivo hotel y me llamó a mi móvil para vernos al terminar sus clases. Yo acepté encantada. Sabía que Henry estaba casado, tenía dos hijos y quería evocar nuestros buenos tiempos a su lado. Ya les digo que nos conocíamos desde pequeños y él me agradaba mucho y la habíamos pasado de maravillas cuando éramos enamorados.
Pedí permiso al coronel y me dirigí de inmediato donde se realizaba la charla. Me arreglé bien, me solté los pelos, llevé una blusa pegadita y una falda corta, medio muslo, también pantimedias y zapatos taco catorce. Se me veía enorme, sensual y sexy.
Con Cooper terminamos bien, como les cuento. Él quería que yo dejase la policía y yo no quise renunciar a mis ilusiones y metas y entonces decidimos salomónicamente que cada uno tomase un camino diferente en la vida.
Para mala suerte mía, Douglas estaba presente en la charla magistral de Cooper, cubriendo informaciones para su portal de internet, y nos vio hablando acaramelados, riéndonos, haciéndonos bromas, recordando nuestras intensas cuitas incluso Henry me había tomado una mano, emocionado de volverme a ver después de tanto tiempo tras nuestro tórrido romance. Yo no había visto a Douglas, ni siquiera sabía de que estaba presente en el centro de convenciones hecho un volcán en erupción.
-¡¿Qué truenos significa esto, mujer?!-, vociferó entonces muy enojado mi enamorado cuando nos vio hablando apaciblemente en un rincón, recordando nuestros amoríos cuando Cooper me llevaba a pasear al litoral, caminando por la arena, disfrutando del estallido de las olas, acariciados por la brisa marina. Yo estaba empalagada con esas evocaciones porque, como les digo, me dejaron huella en mi vida sentimental. Mis ojitos brillaban, mi risita era amplia y coqueta y todo eso disgustó a Douglas. El rostro de Dou se pintó de muchos colores, echaba humo de las narices y se encrespó igual si fuera un mastodonte enfurecido.
-Nada, converso con Henry, nos conocemos desde niños, somos amigos, vivíamos en el mismo barrio e íbamos juntos al colegio-, intenté no enojarme y mostrarme natural, aunque me puse más roja que un tomate y Douglas pensó que le estaba mintiendo.
Todos los invitados, los otros periodistas, las autoridades y el público, en general, se empinaron para ver el incidente porque Douglas daba bufidos intensos, ronquidos terribles y rugidos estruendosos que él solo parecía una estampida de animales salvajes.
Douglas como es obvio, no entendió razones. Estaba totalmente dominado por los celos. Dou lo veía demasiado guapo a Cooper y además él no dejaba de mirarme embelesado. Yo estaba demasiado hermosa, había exagerado con la minifalda y no debí desparramar mis cabellos sobre los hombros como una muñeca. Entonces Douglas pensó que estábamos coqueteado y que Henry me estaba seduciendo. Dou, ya les dije, no sabía que Henry Cooper había sido mi enamorado e imaginó que era un advenedizo queriendo enamorarme. Dominado por los celos, fuera de sí, hecho un energúmeno, Douglas aporreó a golpes al campeón mundial de ajedrez.
Yo me quedé allí congelada, boquiabierta, atónita y pasmada, sin reacción, hecha una tonta, viendo a mi enamorado dándole una soberana golpiza a la estrella universal del deporte ciencia, en medio del caos que se desató en el centro de convenciones. Todos gritaban, aullaban y chillaban, sin saber qué hacer ante la paliza que le daba Douglas al pobre Cooper.