En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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vínculo
La niebla del bosque todavía cubría parcialmente el suelo cuando todo terminó.
El silencio entre ellos era pesado.
Solo se escuchaban respiraciones agitadas y el viento moviendo lentamente las ramas sobre sus cabezas.
Lyra terminó de acomodarse la ropa con movimientos lentos.
Y se sintió… bien.
Demasiado bien.
La debilidad había desaparecido.
El vacío dentro de su pecho ya no dolía.
Su cuerpo volvía a sentirse lleno de energía.
Vivo.
Como si hubiera recuperado algo que le faltaba.
Kael seguía sentado contra el tronco de un árbol respirando pesadamente.
La camisa parcialmente abierta.
El cabello desordenado.
La piel marcada por las uñas de Lyra.
Y agotado.
Extrañamente agotado.
Él levantó lentamente la mirada hacia ella todavía intentando entender qué acababa de pasar.
Porque Lyra había cambiado por completo.
Toda esa desesperación salvaje desapareció.
Ahora volvía a verse fría.
Distante.
Casi indiferente.
Ella evitó mirarlo mientras acomodaba finalmente su abrigo.
La voz dentro de su cabeza estaba en silencio ahora.
Satisfecha.
“Mejor.”
Lyra tragó saliva ignorándola.
Kael se puso de pie lentamente.
—Lyra…
Ella finalmente levantó la vista.
Sus ojos rojos ya casi habían desaparecido.
Solo quedaban pequeños destellos oscuros.
Kael dio un paso hacia ella.
—¿Qué fue eso?
La pregunta quedó suspendida entre ambos.
Lyra lo observó unos segundos.
Y una parte de ella supo que debería sentirse culpable.
Tal vez avergonzada.
Pero el alivio físico era demasiado fuerte.
Había usado a Kael para detener aquello que la estaba consumiendo.
Y funcionó.
Eso era lo único claro en su mente ahora.
Así que simplemente respondió:
—No lo sé.
Kael frunció el ceño.
Porque sonó vacío.
Lejano.
Como si ya estuviera cerrándose otra vez.
Lyra tomó aire lentamente antes de pasar a su lado.
—Olvida que pasó.
Él giró inmediatamente hacia ella.
—¿Olvidarlo?
Pero Lyra siguió caminando.
Sin detenerse.
Sin mirarlo.
Porque en ese momento no podía permitirse pensar demasiado en lo ocurrido.
No cuando todavía sentía el calor de su energía recorriendo el cuerpo.
No cuando una parte salvaje dentro de ella seguía satisfecha.
Kael permaneció inmóvil observándola alejarse entre la niebla.
Confundido.
Agotado.
Y con una sensación incómoda creciendo lentamente en el pecho.
Porque por mucho que Lyra intentara actuar indiferente…
él sabía perfectamente cómo lo había mirado unos minutos antes.
Como si lo necesitara desesperadamente.
Y ahora…
como si solo hubiera sido algo útil.
Cuando Lyra volvió a casa, todo estaba oscuro.
La manada seguía dormida después de la celebración y el silencio dentro de la casa era absoluto.
Perfecto.
No quería ver a nadie.
No quería pensar demasiado en nada de lo ocurrido en el bosque.
Se quitó lentamente el abrigo y se dejó caer sobre la cama todavía sintiendo restos del calor de Kael sobre su piel.
Eso la irritó.
Porque debería sentirse mal.
Confundida.
Arrepentida.
Pero en cambio…
su cuerpo se sentía satisfecho.
Con energía.
Demasiado despierto.
Lyra cerró los ojos con fuerza.
“No significó nada.”
Solo necesitaba detener aquello que la estaba consumiendo.
Eso era todo.
Y aun así…
recordó la forma en que Kael la sostuvo cuando casi colapsó.
La manera en que pronunció su nombre.
Su pecho se tensó incómodamente.
—Molesto… —murmuró antes de girarse entre las sábanas.
El cansancio finalmente terminó arrastrándola.
Y volvió a soñar.
⸻
La luna roja apareció otra vez sobre el bosque oscuro.
Lyra abrió los ojos lentamente sintiendo inmediatamente el frío extraño de aquel lugar.
El mismo bosque del otro sueño.
Antiguo.
Silencioso.
Pero esta vez…
había sangre sobre el suelo.
Sus pasos retrocedieron apenas.
Escuchó gruñidos en la distancia.
Sombras enormes moviéndose entre los árboles.
Entonces la vio.
La mujer de ojos rojos estaba de pie junto a un lago negro observándola.
—Lo hiciste bien.
Lyra sintió escalofríos.
—¿Qué eres?
La mujer sonrió apenas.
—Tu sangre.
El viento movió el vestido oscuro alrededor de ella.
Lyra apretó los puños.
—¿Qué me está pasando?
La mujer comenzó a caminar lentamente alrededor del lago.
—Tu naturaleza despierta.
—¿Qué significa eso?
Los ojos rojos de la mujer brillaron suavemente.
—Eres un vínculo.
Lyra frunció el ceño confundida.
—No entiendo.
—Tu especie nació para tomar energía de otros lobos. Poder. Fuerza. Vida.
El corazón de Lyra comenzó a latir más rápido.
La voz continuó:
—Por eso las antiguas manadas nos temían.
Imágenes atravesaron nuevamente la mente de Lyra.
Mujeres de ojos rojos rodeadas de lobos arrodillados.
Alfas peleando entre sí.
Fuego consumiendo aldeas.
—No…
—Los hombres te desearán aunque intenten resistirse. Y mientras más fuerte sea el lobo…
La mujer sonrió lentamente.
—Más fuerte te volverás tú.
Lyra retrocedió aterrada.
—Yo no quiero esto.
—No importa lo que quieras.
La luna roja brilló intensamente sobre el lago negro.
Entonces la expresión de la mujer cambió apenas.
Más seria.
Más peligrosa.
—Pero cometiste un error esta noche.
Lyra sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Qué error?
La mujer levantó lentamente una mano.
Y la superficie del lago mostró un reflejo.
Kael.
Solo.
Sentado en el bosque.
Respirando con dificultad.
Y sus ojos dorados…
brillaban ligeramente rojos.
Lyra dejó de respirar.
—¿Qué…?
La mujer susurró suavemente:
—Ahora una parte de ti vive dentro de él.