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HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

HASTA QUE EL ORGULLO SE ROMPA. (HISTORIA JOSE Y ESTELA "UN DESEO QUE CAMBIO MI VIDA""

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Atracción entre enemigos / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela y José se conocen desde la infancia, marcados por una diferencia de edad que parecía un abismo y una eterna relación de perro y gato. Detrás de cada burla y de cada cita saboteada, se escondía un amor tan profundo como doloroso. Al crecer, el orgullo, las malas decisiones y terceras personas los distanciaron, empujando a José a forjar una falsa reputación de hombre frío y mujeriego para proteger su dignidad herida.
Años después, convertidos en dos exitosos profesionales, el destino los obliga a unirse de nuevo. Laura, hermana de José y mejor amiga de Estela, se convierte en el lazo inquebrantable que derriba sus muros. Un inesperado viaje de negocios a la costa y la estrechez de un apartamento compartido encenderán la mecha de una pasión contenida durante una década. ¿Podrán sanar los fantasmas del pasado y admitir que sus corazones siempre se pertenecieron, o el orgullo familiar ganará la última batalla?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 23. CHOQUE DE TRENES BAJO LA LUZ DEL PORCHE.

Parte 1: La perspectiva de José

Mis dedos se cerraron alrededor de la copa con tanta fuerza que temí que el cristal se quebrara en mil pedazos. Las palabras de Estela habían sido un dardo envenenado, directo a mi orgullo, pero lo que más me dolía era la certeza de que tenía parte de razón. Me creía el rey de la tecnología, el CEO implacable, pero ante ella me sentía desnudo, un fraude atrapado en una farsa de mujeriego que ya ni yo mismo me tragaba.

—Hablas de empresas reales, Estela, pero parece que olvidas un pequeño detalle  —solté, inclinándome hacia delante y apoyando los antebrazos en la mesa, rompiendo por fin el silencio que nos había distanciado durante años—. Compradona está creciendo rápido, sí, pero la velocidad en la distribución alimentaria es un arma de doble filo. He echado un vistazo por encima a las licitaciones logísticas de vuestros nuevos locales. Estáis asumiendo unos costes de transporte y almacenamiento que van a estrangular vuestro margen neto en menos de seis meses si no automatizáis la cadena de suministro. El entusiasmo está muy bien para arrancar en un local de barrio, pero el mercado real no perdona los errores de planificación legal.

Estela se tensó en su silla, clavándome una mirada que echaba chispas. Sabía perfectamente que le había dado donde le dolía: en la viabilidad de su gran proyecto.

—José, por favor, no empieces con tus sermones de negocios en mitad de la cena —intervino mi madre con un suspiro de cansancio, intentando poner orden—. Bastante tenemos ya con no veros nunca como para que ahora os pongáis a discutir de balances de cuentas.

La cena terminó en una atmósfera cargada, densa como el plomo. En cuanto mis padres se retiraron a descansar y Laura se subió a su habitación alegando que el lunes empezaba temprano en la central, el silencio de la casa se me cayó encima. Necesitaba aire. Salí al porche trasero, apoyándome contra la barandilla de piedra, respirando la brisa fresca de la noche mientras miraba hacia el jardín oscuro.

El crujido de la puerta corredera de cristal me puso en alerta. Me giré despacio y la vi entrar en el porche. Estela llevaba una taza de té entre las manos y se detuvo a un par de metros de mí, mirando hacia las ramas del gran manzano que tantas veces habíamos usado para nuestras disputas infantiles. La luz de la luna le daba de lleno en el rostro, haciéndola lucir tan hermosa que sentí una opresión real en el pecho. Estábamos solos, a escasos centímetros, despojados de la mirada inquisitiva de mi familia y de los balances corporativos. Era el momento que llevaba años esperando, pero el nudo en mi garganta me impedía articular una sola palabra coherente.

Parte 2: La perspectiva de Estela

Cerré la puerta de cristal a mis espaldas con un clic suave, intentando que mis tacones no resonaran demasiado sobre las baldosas del porche. Sabía que José estaba allí fuera; había visto su silueta recortada contra la oscuridad del jardín desde el pasillo y, a pesar de que mi mente me ordenaba subir a la habitación de Laura y encerrarme bajo llave, mis pies tomaron la decisión por su cuenta. La discusión en la mesa me había dejado temblando de rabia. Que se atreviera a cuestionar la viabilidad de Compradona, que viniera a darme lecciones de logística comercial después de habernos tenido abandonadas durante años, era el colmo de su arrogancia.

Me coloqué a su lado, apoyando las manos en la fría piedra de la barandilla, manteniendo la vista fija en la verja que conectaba nuestras casas. El aroma a fresas de mi perfume pareció flotar entre los dos, rompiendo la densa quietud de la noche.

—Eres un prepotente, José —solté en un susurro cargado de todo el veneno y la frustración que llevaba acumulados en el pecho—. Apareces en la cena después de meses sin llamar a tus padres, te dedicas a lucir tu traje caro y a presumir de tus éxitos, y encima te permites el lujo de criticar el trabajo que Laura y yo hemos levantado con sangre y sudor. No tienes ni la menor idea de lo que nos ha costado sacar adelante Compradona mientras tú te dedicabas a coleccionar citas vacías para salir en los rumores del pueblo.

José soltó una carcajada seca, carente de cualquier pizca de gracia, y se giró para mirarme de reojo con una frialdad corporativa idéntica a la mía. Su mirada seguía siendo un escudo inexpugnable.

—Se llama análisis de riesgos, Estela, algo que en tu prestigioso bufete de la capital debieron enseñarte en la primera semana —respondió con una voz cortante que me caló los huesos—. No critico vuestro esfuerzo. Critico vuestra ceguera. Si crees que podéis manejar la expansión nacional de Compradona con contratos estándar de suministro agrario, os vais a estrellar contra un muro legal antes de que acabe el trimestre. Pero claro, la vicepresidenta está demasiado ocupada protegiendo su orgullo como para aceptar un consejo técnico.

Me quedé mirándolo con los dientes apretados, sintiendo cómo la rabia me subía por las entrañas. No había confesiones, no había disculpas, no había el menor rastro del chico del que me había enamorado. Frente a mí solo estaba el CEO arrogante de TechCore Solutions, un hombre frío que utilizaba las leyes y los balances como armas para recordarme que, a sus ojos, yo seguía estando un paso por detrás.

—Guárdate tus análisis para tus clientes, José —le espetó, dando media vuelta con brusquedad—. Nosotras no necesitamos que ningún informático nos diga cómo gestionar nuestras superficies. Buenas noches.

Entré a la casa pegando un leve pisotón, dejando a José solo bajo la luz del porche en mitad de una guerra fría que, lejos de amansarse con el reencuentro familiar, acababa de declarar su batalla más hostil e implacable.

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alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
alejandra martinez añez
me gusta ésta novela, sale fuera de lo común, aunque el comportamiento de él es muy infantil! tiene 35 años y sale corriendo! 🤣
Ruby Baquero de Sánchez
Pero no tuvieron sino una hija de tres años, después de tanto tiempo de matrimonio? Y dónde están los padres de Estela? Se crió sola?
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