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Pensamientos A Un Amor Prohibido

Pensamientos A Un Amor Prohibido

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor eterno
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Nuñez

Esta es una intensa novela psicológica y dramática para adultos que explora la compleja y prohibida transición emocional entre dos hermanastros que, tras años de convivencia, deben enfrentarse a sus crecientes deseos en medio de una tensión familiar ineludible

NovelToon tiene autorización de Paula Nuñez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peso de la sospecha y el abismo

​El día siguiente fue un borrón de tonos grises y dolor de cabeza. Mis ojos, hinchados y ardiendo por la falta de sueño, apenas podían tolerar la luz que se filtraba por la ventana. Le pedí a mi amiga que me justificara en el instituto; no tenía fuerzas para enfrentar los pasillos, ni mucho menos para encontrarme con la mirada inquisidora de Ji-hoon. Al mediodía, un mensaje de él destrozó mi frágil calma: "Me dijeron que no viniste porque estabas enferma... ven a casa, yo te puedo cuidar". Mi respuesta fue breve, cargada de una amargura que intentaba ocultar cuánto deseaba que fuera cierto: "No necesito tu cuidado, estoy bien". No hubo más palabras.

​Pasé las horas consumida por la paranoia hasta que, al caer la tarde, mi amiga regresó. Pero el aire en la sala cambió bruscamente cuando vi quién la acompañaba: Min-seo. La rabia, que creía haber drenado en mis lágrimas, resurgió con una ferocidad renovada.

​—¿Qué rayos haces tú aquí? —escupí, levantándome de un salto.

​—Hana, basta, por favor, escúchala —suplicó mi amiga, pero mi visión ya estaba nublada por el rencor.

​—¡No tengo nada que escuchar de una zorra como ella! —grité, sintiendo cómo mi pulso se aceleraba hasta el colapso.

​Min-seo, con los ojos llenos de lágrimas, estalló.

—¡Hana, cállate de una puta vez! —el grito de mi amiga me paralizó. Nunca la había visto así—. Nos conocemos desde que éramos niñas. ¿Quién mejor que nosotras para saber lo que realmente pasa en tu cabeza y lo que sientes por tu hermanastro?

​El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por mi respiración entrecortada. Mi otra amiga dio un paso al frente, con expresión seria.

—Hana, basta. No tienes que seguir ocultándolo. Todas sabíamos que estabas enamorada de él. No somos ciegas.

​Min-seo, secándose las mejillas, tomó aire y me miró fijamente.

—¿Cómo pudiste pensar que yo sería capaz de hacerte ese daño? ¿De verdad crees que te traicionaría así?

​—¡Yo te vi! —le grité—. ¡Vi cuando le diste el sobre! ¡Vi la carta!

​—Es verdad que te di un sobre, Hana, pero no era una carta —me interrumpió ella con una urgencia que me desarmó—. No te quería decir nada porque se lo había prometido a él. Eran dos boletos para el concierto de Iron Blood. Me pidió que los comprara yo porque quería que fuera una sorpresa por tu cumpleaños... pero me tardé en conseguirlos y por eso se los entregué el día después.

​El mundo pareció inclinarse. Me giré hacia mi otra amiga, buscando una negación, pero ella asintió con la cabeza.

—Es verdad, Hana. Él nos pidió ayuda para organizarlo todo. Quería que fuera un día inolvidable para ti.

​El dolor se transformó en un vacío estruendoso. Comencé a llorar, esta vez no por rabia, sino por la devastación de haber malinterpretado todo.

—¿Por qué no me lo dijeron? —sollocé.

​—Intentamos hablarte, pero estabas tan cegada por tus celos que no nos dejaste explicar nada —respondió Min-seo.

​Las abracé con todas mis fuerzas, pidiendo perdón entre hipidos de arrepentimiento. Sin embargo, al caer la noche, la culpa mutó en miedo.

—Hana, ¿qué vas a hacer ahora? —preguntó mi amiga.

​—Nada —respondí con la voz rota—. Le dije cosas horribles. Le deseé la muerte. Me odia, y con razón. Probablemente ya está con alguien en esa fiesta, buscando a quien no sea tan inestable como yo.

​—Hana, él no te odia —intervino Min-seo con firmeza—. Eres lo único que le importa. Pero si te quedas aquí lamentándote, vas a perderlo de verdad. ¡Ponte ese vestido sexy que tienes y vamos a esa fiesta! Tienes que impedir que pase algo de lo que ambos se arrepientan.

​El vestido era negro, ajustado, una armadura de seducción que me sentía obligada a usar. Al llegar a la mansión de Min-jun, la música electrónica retumbaba en mis huesos. Busqué a Ji-hoon entre la multitud sudorosa y eufórica. Pregunté a cada conocido que se cruzaba en mi camino hasta que un chico, con una sonrisa burlona, me señaló hacia arriba:

—Lo vi subir al segundo piso hace poco... con una chica.

​No lo pensé. Corrí por las escaleras, con el corazón en la garganta y el pánico dominando mis piernas. Llegué a la habitación del final del pasillo y empujé la puerta sin llamar.

​La escena fue un cuchillo atravesando mi alma. Ji-hoon estaba allí, su silueta marcada contra la penumbra, mientras una chica desconocida, con los ojos cerrados y una sonrisa de triunfo, se aferraba a su cuello, inclinándose para sellar el espacio entre sus labios.

​Un grito desgarrador, un "¡NOOOO!" que nació desde lo más profundo de mi ser, hizo que Ji-hoon se separara de ella con brusquedad. El silencio que siguió al grito fue más aterrador que cualquier música. Me quedé allí, paralizada en el umbral, viendo cómo él me miraba con una expresión que oscilaba entre la sorpresa, el remordimiento y una ira reprimida que amenazaba con derrumbar el resto de mi mundo.

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