Stellan Von Krause, fue el villano en una historia romántica, pero, también fue el príncipe heredero, aquel que se ganó su puesto siendo el héroe del imperio, aquel que desde joven lucho en las guerras para proteger su imperio, solo para finalmente morir en manos del "protagonista ", porque amo tontamente a una mujer que nunca supo apreciar su amor. Pero ahora, el rey de las sombras ha renacido en su cuerpo, y a ahora, lo que menos le importa es el amor de esa mujer, lo único que desea es mantener su puesto de príncipe heredero y aplastar a quien se interponga en su camino.
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Capitulo 23.
Al día siguiente, Ailin despierta de forma abrupta sentandose en su cama y grita. Las puertas de su habitación se abren, siendo su madre y dos doncellas que entran mirando a la joven con preocupación. Su madre luce preocupada, mientras que Ailin observa el lugar y se mira así misma.
—mi hija, ¿como estás?, estaba tan asustada.— habla con desesperación su madre.
—mamá...esa mujer...ella vino a matarme...mato a todos...fue ella mamá...ese mujer demonio.— aprieta las manos de su madre con una expresión desesperada.
—¿de que hablas Ailin?, no entiendo de que hablas.— pregunta la mujer confundida.
—madre créeme...anoche, esa mujer mató a los guardias y quiso matarme...no se como sobreviví.—
—¿que tonterías dices?, anoche nos hiciste pasar vergüenza y ahora dices puras mentiras.— su padre va entrando a la habitación.
Ailin se sobresalta al escuchar el regaño de su padre. Y su madre le explica que anoche, en medio de la fiesta, Ailin llegó y bajo corriendo del carruaje, entró al salón de fiestas gritando como loca y finalmente se desmayo.
—¿que?, n-no, no paso eso...yo estaba en el camino...esa mujer detuvo el carruaje...mató a todos e iba por mi.— asegura.
—¿que mujer?, llegaste sola...dime una cosa, ¿estás consumiendo alucinógenos?— grita su padre.
—n-no padre...no es eso...digo la verdad...esa mujer...la de los Von Kleist...me ataco anoche...todos estaban muertos...ella los mato...— insiste.
El padre de Ailin la agarró del brazo y la arrastró hacia el patio, señalando al cochero y a los guardias que la acompañaban anoche.
—míralos bien...ellos son testigos de tu locura...estoy seguro que estas consumiendo drogas...por eso has enloquecido.— el hombre mayor estaba furioso.
Jamás olvidará la vergüenza que paso al ver a su hija entrar al salón enloquecida y sucia. Los guardias le dijeron que todo el camino estuvo tranquilo, pero tan pronto llegaron, la joven bajo totalmente enloquecida. Ailin mira a los guardias y niega.
—n-no...no, yo los vi...estaban muertos...lo juro padre...fue esa Von Kleist...— se cuelga de la pierna de su padre.
—basta Ailin...encierren a la señorita...si la ven consumir algo extraño, avísenme.— ordena el hombre.
Las doncellas se acercan a Ailin para sostenerla de los brazos, y arrastrarla hacía su habitación, mientras que su madre va tras ella llorando al ver a su hija tan desesperada. El hombre mayor sabe que no puede dejar que se sepa las acusaciones de su hija o estarían en problemas.
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Por otro lado, Cordelia estaba caminando por el jardín en compañía de otras jóvenes, quienes ya comentan lo sucedido anoche, con Ailin enloquecida en medio del salón de fiestas. Había arruinado la fiesta de la debutante y la familia estaba molesta con los Zinnia.
—seguramente le entro a la moda del opio.— asegura una joven.
—¡iugh!, y se jacta de ser toda una dama decente.— responde otra.
—que vergüenza para los Zinnia, y se dicen una familia de prestigio.— se burla otra.
—¿usted que cree, señorita Von Kleist?— pregunta otra joven.
—pienso qué, es una pena por ella...arruinar su vida solo por consumir esas sustancias es de los más tonto.— comenta Cordelia.
Por dentro, estaba disfrutando escuchar como esa chica era la comidilla de las jóvenes. Su reputación esta arruinada, y solo irá cayendo poco a poco. Y ahora, falta la otra, la señorita que se cree la decencia misma, ella tampoco se salvará de la humillación.
Cordelia dirige su mirada hacía un lado, y ahí mismo ve a Harry, hablando con una joven que parece cercana a él. Cordelia sonríe, dejará que dos arpías se destruyan así mismas.
Mientras tanto, Stellan había salido del palacio, y lo hizo en secreto para no tener que llevar escoltas. Avanza por el campo, sobre aquel corcel negro, y lleva una capa para no ser fácilmente reconocido.
—detente Nuit.— tira de la rienda.
Desde hace rato ha notado que alguien le sigue, por lo que, al parecer no fue lo suficientemente cauteloso. Se baja del caballo, y no tarda en ser rodeado por varios hombres cubiertos con capuchas negras, justo como los hombres que lo atacaron primera vez.
—saludos alteza, esta vez no se escapara.— advierte uno de los hombres.
—¿quien quiere escapar?, bueno, en este caso, son ustedes los que querrán huir.— sonríe ladino.
Los hombres se bajan de sus caballos desenvainando sus espadas, pero, tan pronto los primeros atacan, Stellan logra repeler los ataques usando su propia espada.
El caballo ante el ataque, se adentra entre los hombres y patea a estos, estando en el suelo, les pisa la cabeza. Estos sorprende a sus aliados, ya que no es algo que un caballo haga, pero no tienen tiempo de pensar en eso, ya que, estaban siendo derrotados, la mitad de ellos han sido derribados por Stellan. Ante esto, empiezan a retroceder, pero, las sombras se cruzan en sus caminos sorprendiendo a los mercenarios.
—¿tan pronto se quieren ir?— habla Stellan caminando hacía ellos.
Estos hombres se ponen en posición de defensa, jamás imaginaron que Stellan sería en verdad tan poderoso.
—e-es imposible...¿que son estas cosas?— refiriéndose a las sombras.
—esta clase de magia, ellos no nos dijeron de ella.— habla otro.
—que tontos, sabiendo que soy quien llevo a la victoria al imperio en la guerra, ¿creen que solo unos cuantos asesinos podrían conmigo?— sonríe ladino.
Stellan asiente y las sombras atrapan a los hombres que aun quedaban vivos, mientras que otras aparecen cerca de los cuerpos de los caídos y los arrastran hacia abajo.
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