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5 Puertas

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Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Casos sin resolver
Popularitas:46
Nilai: 5
nombre de autor: yarely

5 PUERTAS

¿Y si tu destino hubiera sido elegido antes de nacer?

Cinco puertas. Cinco destinos. Un secreto capaz de cambiarlo todo.

Cuando varias personas comienzan a descubrir que sus vidas están unidas por un misterio imposible de explicar, entenderán que algunas puertas nunca debieron abrirse.

NovelToon tiene autorización de yarely para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6 — UNA RIVAL INESPERADA

El sonido de una pelota golpeando el piso era lo único que se escuchaba dentro del gimnasio.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Giovanni sostenía la pelota entre sus manos mientras observaba la cancha vacía.

El lugar donde pasaba gran parte de su tiempo.

El lugar donde había aprendido que cada punto, cada error y cada esfuerzo podían marcar la diferencia.

—Decime que no llegaste otra vez antes que todos.

La voz de Mateo hizo que Gio girara la cabeza.

Su amigo entró al gimnasio con una expresión de cansancio exagerada.

—Llegué cinco minutos antes.

—Exacto. Eso es demasiado temprano.

Gio sonrió.

—Se llama responsabilidad.

Mateo dejó su mochila en una banca.

—Se llama no saber disfrutar la vida.

Antes de que Gio pudiera responder, una voz apareció desde las gradas.

—Dice eso mientras se queja de tener que entrenar.

Los dos miraron hacia arriba.

Lucas estaba sentado con varios libros alrededor y sus auriculares colgados del cuello.

Mateo lo señaló sorprendido.

—¿Hace cuánto estás ahí?

—Desde que entraron.

—¿Y no dijiste nada?

Lucas se encogió de hombros.

—Era entretenido escuchar cómo discutían.

Gio soltó una risa.

Aunque Lucas no jugaba vóley, siempre estaba presente.

En cada partido.

En cada entrenamiento importante.

Siempre encontraba la manera de acompañarlos.

—¿Viniste a estudiar o a vernos entrenar? —preguntó Mateo.

Lucas abrió uno de sus libros.

—Las dos cosas.

Mateo negó con la cabeza.

—No entiendo cómo podés estudiar con nosotros haciendo ruido.

—Me acostumbré.

—Eso fue un insulto.

—Fue un hecho.

Gio y Mateo comenzaron a reír.

Era una de esas pequeñas cosas que hacían que todo fuera más fácil.

---

La puerta del gimnasio volvió a abrirse.

Esta vez, varias personas giraron la mirada.

Una chica entró con una pelota de vóley bajo el brazo.

Era alta.

Su postura demostraba seguridad.

No caminaba buscando llamar la atención, pero era imposible no notarla.

Su cabello lavender caía sobre su espalda en una larga trenza, mientras su flequillo mariposa enmarcaba su rostro.

Llevaba la camiseta del equipo femenino.

El número 7 resaltaba en su espalda.

Renata.

Mateo miró a Gio y sonrió.

—Y ahí viene tu momento favorito del día.

Gio suspiró.

—No empieces.

Renata dejó la pelota en el piso y miró a Gio.

—¿Ya empezaste a dar órdenes?

Gio levantó una ceja.

—Buenos días para vos también.

—No era un saludo.

—Me di cuenta.

Mateo miró a Lucas desde la cancha.

—Tres segundos.

Lucas miró su reloj.

—Dos y medio.

Renata los escuchó.

—¿Se están burlando?

—Nunca —respondió Mateo demasiado rápido.

Lucas cerró su libro.

—Sí.

Mateo lo miró ofendido.

—Traición.

Renata cruzó los brazos.

—Al menos alguien dice la verdad.

Gio negó con una sonrisa.

—Seguís igual.

—Y vos seguís creyendo que sos perfecto.

—Nunca dije eso.

—No hace falta. Tu cara lo dice.

Mateo soltó una carcajada.

—Esto recién empieza.

El entrenamiento comenzó unos minutos después.

La cancha se llenó de movimiento.

Saltos.

Gritos de indicaciones.

El sonido de las zapatillas contra el piso.

Giovanni estaba concentrado como siempre.

Cuando jugaba, cambiaba completamente.

Ya no era solo el chico tranquilo que caminaba por los pasillos de la universidad.

Era el capitán.

El que guiaba al equipo.

El que nunca dejaba caer a sus compañeros.

Desde las gradas, Lucas observaba mientras tomaba algunos apuntes.

Mateo se acercó a Gio después de una jugada.

—Admitilo.

—¿Qué cosa?

—Te gusta competir con ella.

Gio lo miró confundido.

—Es una rival.

—Ajá.

—Nada más.

Mateo sonrió.

—Claro.

Antes de que Gio pudiera responder, una pelota pasó cerca de ellos.

Renata los miraba desde el otro lado de la cancha.

—¿Van a seguir hablando o van a jugar?

Mateo levantó las manos.

—Ves, Gio. Ni cinco minutos y ya te está dando órdenes.

Renata lo miró.

—Alguien tiene que hacerlo.

—Qué carácter.

—Gracias.

Mateo quedó en silencio.

—No era un cumplido.

—Lo sé.

Lucas, desde las gradas, negó con una sonrisa.

---

El entrenador decidió hacer un ejercicio diferente.

Jugadores de ambos equipos tendrían que formar grupos mezclados para practicar coordinación.

Y, como era de esperarse...

Gio y Renata terminaron juntos.

Mateo miró la situación divertido.

—Esto va a salir bien.

Lucas levantó la vista de su libro.

—¿Seguro?

—No.

Los dos entraron a la cancha.

—No me des órdenes —dijo Renata.

Gio acomodó la pelota.

—No pensaba hacerlo.

—Perfecto.

—Pero si veo un error, voy a decirlo.

Renata sonrió con desafío.

—Entonces yo también.

El entrenamiento comenzó.

Al principio parecía imposible que funcionaran juntos.

Los dos querían tomar el control.

Los dos querían hacer la jugada perfecta.

Pero después de varios intentos...

Empezaron a entenderse.

Gio sabía cuándo Renata iba a moverse.

Renata sabía cómo cubrir una zona que él dejaba libre.

Sin darse cuenta, estaban jugando mejor que antes.

En una jugada rápida, Renata recibió la pelota y consiguió un punto.

Sonrió orgullosa.

—¿Viste?

Gio la miró.

—¿Qué cosa?

—Que también puedo ganar.

Él sonrió levemente.

—Nunca dije que no pudieras.

Por un segundo, Renata se quedó callada.

Porque esa respuesta no era la que esperaba.

Ella estaba acostumbrada a discutir con Gio.

A intentar demostrarle que era capaz.

Pero él nunca había dudado de ella.

—Bueno... igual no te emociones.

Gio soltó una pequeña risa.

—Ahí está la Renata que conozco.

Desde afuera, Mateo aplaudió exageradamente.

—¡Increíble! ¡Trabajaron juntos sin discutir por diez segundos!

Lucas miró su reloj.

—Ocho.

—Peor de lo que pensé.

Renata le lanzó una mirada.

—¿Siempre son así?

Gio respondió:

—Sí.

Mateo sonrió.

—Gracias por reconocerlo.

---

Cuando terminó el entrenamiento, todos comenzaron a guardar sus cosas.

Lucas cerró sus libros y bajó de las gradas.

—Buen entrenamiento.

—¿Viste mi punto? —preguntó Mateo.

Lucas asintió.

—Sí.

Mateo sonrió.

—¿Y?

—Fue suerte.

Mateo abrió la boca sorprendido.

—No esperaba esa respuesta.

Gio se rió.

Mientras sus amigos hablaban, Renata se quedó unos segundos más en la cancha.

Tomó la pelota entre sus manos.

Observó a Gio.

Era fácil entender por qué tantas personas lo admiraban.

No era solo por jugar bien.

Era por cómo trataba a los demás.

Siempre estaba pendiente de su equipo.

Siempre ayudaba.

Siempre tenía una sonrisa para alguien.

Renata bajó la mirada.

Ella conocía esa parte de él desde hacía tiempo.

Quizás demasiado tiempo.

Pero nunca se lo diría.

—¿Te quedaste pensando o estás planeando otra forma de ganarme? —preguntó Gio.

Renata reaccionó y volvió a su expresión seria.

—No te hagas importante.

—No dije nada.

—Pero lo pensaste.

Gio sonrió.

—Nunca voy a entender cómo sabés lo que pienso.

Renata tomó su mochila.

—Porque te conozco.

Y se fue antes de que él pudiera responder.

Gio la observó alejarse.

—Nunca la voy a entender.

Mateo apareció detrás de él.

—Nosotros sí.

Gio lo miró.

—¿Qué significa eso?

Mateo sonrió.

—Nada.

Lucas acomodó sus libros.

—Significa que sos el único que no se da cuenta.

—¿De qué?

Los dos amigos se miraron.

—Exactamente.

---

Más tarde, Renata caminaba por los pasillos de la universidad.

Todavía pensaba en el entrenamiento.

En la forma en que Gio siempre confiaba en ella.

En cómo recordaba pequeños detalles.

Sin darse cuenta, levantó la vista.

A unos metros estaba Julietta junto a Emma.

Las dos hablaban y reían.

Renata no sabía quiénes eran.

Nunca las había visto antes.

Pero algo en esa chica de cabello oscuro llamó su atención.

No sabía por qué.

Solo sintió una extraña sensación.

Como si esa nueva estudiante fuera a cambiar algo importante.

Entonces escuchó una voz conocida.

—Renata.

Ella se dio vuelta rápidamente.

Gio estaba detrás de ella.

—¿Qué pasa?

Él negó con la cabeza.

—Nada.

Renata miró una última vez hacia Julietta.

Después siguió caminando.

Sin imaginar que esa chica nueva sería el comienzo de una historia que ninguno de ellos esperaba.

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