Wiliam era un militar que cuidaba de su madre y de su hermana adolescente. Por su hermana llegó a conocer la historia de un trágico Omega llamado Eirwyn, que ademas de tener una infancia difícil, al crecer fue enviado con el protagonista masculino que solo lo trataba como un sustituto, comenzando así un nuevo suplicio.
Wiliam de alguna manera terminó dentro de la novela como el Alfa que a pesar de haber sido rescatado y cuidado por Eirwyn terminó enviándolo con el protagonista Alfa aún sabiendo que con eso volvería difícil la vida del pequeño Omega.
Wiliam decidió en ese instante proteger a ese chico y evitar a toda costa que se encontrará con el protagonista Alfa.
tres meses después.
— estoy embarazado — dijo el omega con los ojos llenos de lágrimas y el rostro sonrojado, mirando con timidez al Alfa que lo había estado cuidando durante todo ese tiempo y que ahora parecía estar petrificado.
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Capítulo 13
El resto del día transcurrió entre una extraña tensión en el ambiente. Desde que habían vuelto del bosque, Eirwin parecía esquivar a William cuando este intentaba acercarse a conversar con el sobre cualquier trivialidad, mientras tanto William intentaba comprender que había hecho mal.
Durante los días anteriores había logrado que el Omega no le tuviese tanta desconfianza. Pero ahora parecía que habían vuelto al inicio.
William pensó que quizá el Omega ya no quería seguir teniéndolo viviendo en su casa.
Quizá lo mejor era buscar la manera de contactarse con la madre del dueño original.
William sabía que la madre del dueño original quería mucho a su hijo y durante años lo protegió de las intrigas de la concubina y su hijo.
William estaba seguro de que esa mujer debería estar buscándolo en estos momentos. Quizá debería ir al pueblo para obtener algo de información, Pero debía ser cuidadoso, no podía permitir que la gente del hermano mayor del dueño original lo encontrara antes.
Pasaron dos días en los que el Omega se mantuvo lo más alejado posible del Alfa, reduciendo drásticamente la cantidad de conversaciones compartidas en un día.
Una mañana William salió a cazar un venado para venderlo en el pueblo y obtener algo de dinero.
Salió bastante temprano esa mañana sin avisarle al Omega. No entendia muy bien por qué, Pero cada vez que Eirwin le esquivaba las conversaciones un sentimiento pesado se posaba en su pecho.
Cuando el Omega despertó el Alfa ya se había marchado.
—¿William? — Eirwin lo llamó, Pero no recibió ninguna respuesta, se asomó a la habitación en la que dormía el Alfa, Pero no había nadie, la cama estaba ordenada y todo en la habitación parecía estar en su lugar.
En el patio tampoco había nadie. De pronto Eirwin sintió una extraña sensación de vacío en el pecho.
William se había marchado.
Los ojos del Omega se empezaron a llenar de lágrimas.
— no llores, no llores — se repitió a si mismo. Durante los días anteriores realmente quería interactuar más con él, William le daba una sensación de seguridad que ni siquiera cuando estaba con su abuela había sentido. El Alfa tenía una voz agradable y profunda, siempre hablándole con amabilidad, pero durante los días anteriores siempre había estado bastante asustado de que William se hubiese dado cuenta de que era un cambia forma.
El miedo que su abuela le había inculcado desde muy joven estaba bastante arraigado. Ella no solía darle muchas explicaciones, Pero siempre le repetía una y otra vez que no debía revelar jamás a nadie que era un cambia forma o su vida correría peligro, entre esas advertencias y muchas otras. Aunque Eirwin sabía defenderse en cierta medida, la verdad era que era un conejito asustadizo.
Además de su abuela, William era la única persona con la que había tenido una verdadera comunicación en su vida. Pensar que quizá ya no volvería a ver al Alfa lo hizo sentir muy mal, sintiéndose culpable de haberlo tratado tan fríamente durante los últimos días.
Eirwin lloro durante un rato.
Mientras tanto William había logrado cazar un ciervo bastante grande, tenía pensado ir al pueblo a venderlo.
William no tenía la menor idea de que en la pequeña cabaña había un conejito llorando por su ausencia.
\*
Cuando Eirwin por fin dejo de llorar, fue a la cocina con los ojos hinchados. No podía pasarse el resto del día sumido en el llanto. Volvió a ocuparse de su huerto y de sus plantas medicinales, cuando tuvo hambre quiso hacerse un postre dulce para subirse el ánimo, Pero notó que el azúcar se había terminado.
La última vez que fue al pueblo había comprado suficiente azúcar, Pero en medio de la huida, cuando soltó las bolsas parte de la azúcar y la sal habían terminado esparcidas en el suelo.
— no quiero ir al pueblo — se dijo a sí mismo en un susurró. Pero además de ya no tener azúcar, la sal estaba a punto de terminarse.
Aunque no quisiera encontrarse con la gente del pueblo, tarde o temprano tendría que ir a ese lugar.
Eirwin tomó su pequeña bolsa donde tenía algunas monedas y otra dónde guardaba algo de veneno, y partió hacia el pueblo.
Con su lento caminar ese día por su estado de ánimo, lo más probable es que esos quince minutos para llegar a ese lugar se transformaran en casi media hora.
El pueblo, era un lugar donde vivían aproximadamente trescientas familias. La mayoría de las personas vivían de la agricultura y eran muy pocos los que se dedicaban al comercio.
Ese lugar estaba bastante apartado de la capital del marquesado. Las personas no solían viajar mucho a otros lugares por lo que las noticias del exterior eran bastante escasas, por no decir nulas.
Cuando Eirwin llegó por fin, el sol estaba en lo más alto, aunque el Omega tenía puesto un sombrero de paja, el calor había hecho que su hermoso rostro adquiriera una tonalidad sonrojada.
Eirwin era una persona cuya apariencia se destacaba demasiado por lo que no tardó en captar la atención de algunas personas que estaban cerca de las calles.
— ¡Te sacaré los ojos si lo sigues mirando! — le gritó una mujer a su marido, quien no le había quitado los ojos de encima al Omega desde que apareció.
La mujer metió a su marido a la casa golpeándolo con una escoba, para luego lanzarle una mirada de desagrado a Eirwin y meterse a la casa refunfuñando — ¿quién se cree ese Omega para seducir hombres ajenos? —
Eirwin aceleró el paso, solo compraría lo necesario y regresaría a su pequeña cabaña.
Mientras tanto, William se estaba lavando la sangre del venado que se le había quedado aderida a la piel. Ya había compuesto el animal, así que ahora se dirigiría al pueblo para venderlo.
Quizá luego de venderlo pudiese comprarle algo bonito al Omega para ver si dejaba de tratarlo con tanta frialdad.
Con ese pensamiento en mente, el Alfa se colocó la camisa que se había quitado y cargo al venado en sus hombros.