Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
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Celos y acuerdos
El almuerzo había terminado.
Sonia dejó suavemente los cubiertos sobre el plato y tomó su bolso con calma. Su mirada se mantuvo tranquila, pero por dentro su mente seguía trabajando.
Las piezas ya estaban claras.
Solo faltaba el momento correcto.
Se levantó de la mesa.
—Ya vengo —dijo con naturalidad— voy al baño.
Rogelio sonrió.
—Claro, preciosa… aquí te espero.
Sonia asintió y comenzó a caminar entre las mesas del restaurante. El lugar seguía elegante, lleno de murmullos y conversaciones.
Pero ella sentía algo.
Esa sensación otra vez.
Como si alguien la estuviera observando.
Frunció ligeramente el ceño mientras avanzaba por el pasillo hacia los baños.
—Qué raro…
Pero no le dio más importancia.
Empujó la puerta del pasillo lateral…
Y en ese instante…
Unas manos fuertes la sujetaron del brazo.
—¡Oye, qué te pa—!
No alcanzó a terminar la frase.
Fue jalada contra un cuerpo firme.
Y antes de poder reaccionar…
Unos labios se apoderaron de los suyos.
Un beso intenso.
Dominante.
Sonia se tensó por un segundo.
Lista para empujar, para insultar…
Pero entonces abrió los ojos.
Y lo vio.
—¿Santiago?
El beso se rompió.
Sonia lo miró con molestia.
—¿Qué te pasa? ¿Estás loco o qué?
Santiago no sonreía esta vez.
Su mirada era seria.
Intensa.
—Dime algo —dijo con voz baja— ¿por qué sales con otros hombres?
Sonia se quedó en silencio unos segundos.
Parpadeó.
Claramente sorprendida.
—¿Perdón?
Santiago la miraba fijamente.
—Te vi con él.
Sonia soltó una pequeña risa incrédula.
—A ver… guapo.
Se separó un poco de él.
Y levantó un dedo.
—Punto número uno.
Santiago frunció el ceño.
—Tú y yo no somos nada.
Levantó otro dedo.
—Punto número dos.
—No estoy haciendo absolutamente nada malo.
Y finalmente un tercer dedo.
—Y punto número tres…
Lo miró de arriba abajo.
—Me ofendes.
Santiago se quedó callado.
Sonia cruzó los brazos.
—Yo podré tener malos ratos…
Hizo un gesto exagerado de náusea.
—Pero jamás malos gustos.
Santiago la observaba en silencio.
Sonia dio medio paso atrás.
—Así que baja tu escenita de celos que posesivo me resultó el hombre.
Hubo un pequeño silencio.
Luego Sonia añadió con una media sonrisa:
—Y además…
Se inclinó un poco hacia él.
—Hasta ahora… el único que logra que me descontrole eres tú, guapo.
El ambiente cambió en ese instante.
La tensión se volvió distinta.
Más íntima..
Santiago entrecerró los ojos.
—Entonces…
Se acercó un poco más.
—¿Eso significa que no te interesa él?
Sonia se encogió de hombros.
—Eso significa que no es asunto tuyo y se rió .
Pero no se apartó.
Santiago la sostuvo suavemente por la cintura.
—Sal conmigo esta noche.
Sonia lo miró.
—¿Para qué?
—Para hablar.
Sonia lo observó unos segundos.
Pensando.
Evaluando.
Finalmente asintió.
—Está bien.
Santiago sonrió levemente.
—Perfecto.
Pero Sonia levantó un dedo.
—Pero no es solo por eso acepto .
—¿Entonces?
Sonia se acercó más.
Bajó ligeramente la mirada… y luego volvió a subirla hacia sus ojos.
—Porque necesito hablar contigo de algo importante.
Santiago la miró con interés.
—¿Tu empresa?
—Sí.
—Te escucho.
Sonia negó con la cabeza.
—No aquí.
—Entonces esta noche.
—Esta noche.
Hubo un pequeño silencio.
Sonia lo miró con intensidad.
—Aun quieres ser mi tabla de salvación.
Santiago levantó una ceja.
—mmmm déjame pensarlo
—Sí.
—¿Y qué gano yo Sonia?
Sonia sonrió lentamente.
Se acercó lo suficiente para que solo él pudiera escucharla.
—Beneficios.
Santiago no se movió.
Sonia continuó, con voz suave:
—Económicos… acciones de la empresa…
—Y una buena alianza.
Santiago soltó una pequeña risa.
—No necesito eso ya tengo todo eso.
Sonia frunció ligeramente el ceño.
—¿Entonces?
Santiago la miró directamente a los ojos.
—Solo te quiero a ti.
El corazón de Sonia palpitó muy rapido.
Por un segundo no dijo nada.
Luego sonrió.
—Eres complicado.
—Y tú interesante.
Se quedaron mirándose unos segundos.
Hasta que Santiago se inclinó nuevamente.
Y esta vez el beso fue más corto.
Pero igual de cargado de pasión y deseo.
Cuando se separaron, Sonia respiró hondo.
—Tengo que volver.
—Yo también.
Sonia comenzó a alejarse.
Pero antes de irse, se giró.
—Esta noche en el hotel que fuimos la primera vez.
—Esta noche —repitió Santiago.
Sonia regresó a la mesa como si nada hubiera pasado.
Rogelio levantó la mirada.
—¿Todo bien?
Sonia sonrió con naturalidad.
—Sí.
Tomó su bolso.
—¿Nos vamos?
Rogelio asintió.