Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo XX: Ecos en una habitación vacía
El sábado por la tarde, el grupo de estudio de la biblioteca pública comenzó a dispersarse.
—Fue muy agradable estudiar contigo, Ada—se despidió uno de los compañeros más aplicados.
—Yo también lo disfruté mucho—respondió ella con una sonrisa educada.
La sesión terminó a las dos de la tarde, pero Ada no tenía intenciones de regresar temprano al nido de víboras, tenía diligencias importantes que hacer y, sobre todo, tiempo que ganar.
—Gracias por acompañarme, Constanza.
—No es nada, Ada, además, necesitaba despejar la cabeza—respondió su amiga, dando un mordisco a su barquilla de helado.
Estaban en su heladería favorita y después de disfrutar de sus sabores favoritos, se dirigieron a la terminal de autobuses, donde Ada compró un boleto con destino a la ciudad donde vivía Damián,
Constanza observó la fecha del pasaje con evidente sorpresa; no quería hacer preguntas indiscretas, pero su rostro reflejaba una profunda preocupación, al notarlo, Ada decidió ser completamente honesta con ella.
—No te preocupes por mí, Constanza, no necesito presentar el examen del lunes; mi admisión universitaria ya está garantizada.
Tras la revelación, ambas se dedicaron a las compras, Ada buscaba algo sencillo, pero especial, una prenda adecuada para la ceremonia de graduación de Damián, entonces lo vio en una vitrina: un vestido blanco, de caída ligera y un aire sutilmente etéreo que encajaba a la perfección con la silueta.
—Te ves increíble con ese vestido, Ada—elogió Constanza cuando su amiga salió del probador.
Ada se observó en el espejo dando una vuelta, aunque por lo general no era su estilo, se decidió a comprarlo, justo al lado vio la versión exacta en color negro y una idea cruzó su mente, anticipando el próximo baile de graduación de su propia secundaria.
—Me llevo este también —le indicó a la vendedora, señalando el diseño oscuro.
Antes de dar por terminado el día, Ada contrató un servicio de taxi privado para que la recogiera en la puerta de su casa en horas de la madrugada; era la única forma de llegar a tiempo a la terminal sin levantar sospechas, al despedirse en la parada, Ada sostuvo las manos de su amiga.
—Estoy segura de que te va a ir muy bien en la prueba, Constanza, creo en ti.
—Gracias, Ada, de no ser por ti, todavía estaría perdida en la neblina del romance con Augusto, perdiendo un tiempo valioso.
—No hables mal del amor, Constanza—replicó Ada con suavidad—Solo ocurre que somos muy jóvenes y tenemos otras metas prioritarias en este momento.
Mientras Ada estiraba las horas fuera de la casa, la atmosfera en la casa de los Hernández se volvía asfixiante, en su habitación Sebastián repasaba con ansiedad todo el contenido para el examen de admisión.
Las hojas con anotaciones que Ada le había facilitado a lo largo de este año le resultaban de mucha utilidad, aunque no podía evitar desear que ella estuviera allí, explicándole pacientemente los temas como en el pasado.
Sin embargo, ya estaba anocheciendo y Ada aún no regresaba de su sesión de estudios con el grupo de los cerebritos.
En la cocina de su casa Mónica se devanaba los sesos buscando la manera perfecta de cómo sabotear a su hijastra, trazaba planes extremos, como poner en su comida una sustancia para enfermarla y mantenerla encerrada en su cuarto el día de la prueba.
Al final, aprovechando el silencio de la casa y que Gerardo descansaba bajo el efecto de los sedantes, Mónica decidió actuar de forma más directa.
Mónica armada con una llave maestra y tras un breve esfuerzo, logró forzar la cerradura de la puerta de la habitación de Ada. Se adentró en la penumbra y comenzó a registrar sus pertenencias con insistencia, hasta que en la gaveta del escritorio halló justo lo que buscaba.
—Vamos a ver cómo te presentas a la prueba el lunes … si no tienes esto—susurró Mónica con una sonrisa maliciosa, guardándose el papel en el bolsillo.
Antes de salir, le llamó la atención lo pulcro que estaba el lugar, casi todas las pertenencias de Ada ya se encontraban meticulosamente embaladas en cajas.
Fue una suerte que la intrigante mujer no tuviera la astucia de hurgar más a fondo en esa misma gaveta, pues de lo contrario habría descubierto los documentos oficiales de la admisión garantizada de Ada, al llegar a su habitación entró al baño y rasgó el boleto en varios pedazos mientras sonreía con profundo placer.
—Cómo me voy a reír cuando tengas que desembalar todas tus porquerías, mocosa malcriada—murmuró, cerrando la puerta tras de sí.
Sin embargo, lo que nadie en esa casa sabía era que Ada ya tenía sus propios planes en marcha, y que la madrugada del domingo, burlando la vigilancia familiar, subiría a un bus para asistir en secreto a la ceremonia de graduación de Damián en la academia de bomberos.
Cuando Ada finalmente regresó a casa cerca de las nueve de la noche, no encontró a nadie en los pasillos, sin embargo, al entrar en su alcoba, su mirada analítica detectó de inmediato que algo estaba mal.
Se maldijo por no poner una cerradura de mejor calidad en la puerta, con temor abrió la gaveta de su escritorio y para su alivio solo su pase oficial de acceso al recinto del examen de admisión había desaparecido del escritorio.
No le tomó mucho tiempo deducir quien era la autora del crimen, Victoria no tenía el ingenio para violentar una cerradura, pero como no tomó lo que realmente le importaba, Ada no se inmutó, sino que, por el contrario, una sonrisa calculadora apareció en su rostro.
—Creo que va siendo hora de poner en su lugar a mi madrastra —dijo Ada para sí misma.
Tomó un lápiz y una hoja de papel, dispuesta a escribir una nota que dinamitaría el supuesto triunfo de Mónica a la mañana siguiente.
Mónica creía haberle dado un golpe de gracia a Ada, porque para cualquier otro estudiante del instituto, perder ese documento a horas del examen habría significado una auténtica desgracia y la destrucción de su futuro académico.
Sin embargo, para Ada, que ya tenía su admisión garantizada debido a su excelente promedio, esa bajeza no significaba absolutamente nada, negó con la cabeza y dejó que la arpía saboreara su efímera victoria y continuó organizando su bolso para su viaje.
A las tres de la mañana, mientras la casa de la Medina estaba sumida en la oscuridad, Ada se despertó, con mucho sigilo, se vistió, tomó sus pertenencias y salió de la residencia si hacer el menor ruido, burlando por completo la vigilancia de sus padres.
Al cruzar el jardín y salir a la calle, un impulso la hizo volver el rostro hacia la casa de al lado, y se dio cuenta de que la luz en la habitación de Sebastián seguía encendida, y una sonrisa irónica cruzó sus labios, porque aquello significaba que el chico realmente estaba despierto estudiando bajo la implacable presión de Pamela.
—Vamos a ver cómo te va en el examen sin mi ayuda, Sebastián Hernández —murmuró Ada, contemplando el reflejo en la ventana—Ya no es mi circo, ni esos son mis monos.
Para Ada nada de lo que pasara con Sebastián era su asunto, y cualquier lazo afectivo o consideración hacia él se habían roto definitivamente, fue por muchos años su pagafantas, y eso es algo que no podía borrar, por suerte, aún estaba a tiempo de cambiar su historia.
—A partir de ahora, se terminó —sentenció para sí misma mientras apresuraba el paso—No somos más que dos simples vecinos que se conocen desde la infancia.
Cuando llegó a la entrada principal de la urbanización, los faros de un taxi rompieron la oscuridad de la madrugada, el conductor la estaba esperando en la entrada tal como ella lo había programado.
Ada subió al vehículo para que la llevara directo a la terminal de autobuses, donde tomaría el transporte que la conduciría hasta la ciudad donde se encontraba la academia de bomberos.
El viaje que tenía por delante era largo y pensado, apoyó su cabeza contra la ventanilla del taxi pensando en la sorpresa que se llevaría Damián, y en lo mucho que a él lo animaría verla entrar a su ceremonia de graduación tras haber arriesgado tanto por ella, Ada supo que el sacrificio valía completamente la pena.
Eran las cinco de la mañana cuando Mónica se despertó con una amplia sonrisa dibujada en el rostro, estaba feliz ante las perspectivas de bajar a la cocina y deleitarse con el espectáculo de Ada sumida en una crisis de llanto histérico por la pérdida de su pase, sin embargo, al entrar a la alcoba de su hijastra, la realidad le propinó una bofetada, porque el lugar estaba muy ordenado y vacío.
Pero sobre la pulcra cama de forma muy llamativa, solo encontró una nota manuscrita con la caligrafía pulcra de Ada, y en ella, les avisaba que, debido a que no necesitaba presentar la prueba porque su admisión en la universidad de sus sueños ya estaba completamente garantizada desde hacía semanas, había decidido tomarse el día libre para ir a visitar a su abuelo y pasar la jornada con él, advirtiendo que regresaría al día siguiente.
—¡Maldita mocosa desgraciada! —bramó Mónica con una frustración salvaje, haciendo eco por toda la casa— ¡Me viste la cara de estúpida todo el tiempo!
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre