En el reino de , una serie de secretos y decisiones prohibidas comienzan a sacudir los cimientos de la familia real. Lo que parece una vida perfecta dentro del palacio esconde amores imposibles, alianzas inesperadas y peligros que amenazan con cambiar el destino del reino para siempre.
Mientras las tensiones aumentan y un enemigo oculto mueve sus piezas desde las sombras, los miembros de la corona deberán enfrentarse a sus propios sentimientos, a las expectativas de la sociedad y a las consecuencias de sus elecciones.
Entre romance, intriga, traiciones, sacrificios y momentos inolvidables, Valdoria se convierte en el escenario de una historia donde el amor y el deber chocan constantemente, y donde una sola decisión puede cambiar el futuro de todos.
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Un año de felicidad
Los meses transcurrieron con una tranquilidad que pocos esperaban.
Tras la boda, Esteban e Isabella se instalaron en las habitaciones destinadas a los futuros reyes y poco a poco aprendieron a convivir como marido y mujer.
Contra todos los pronósticos, el matrimonio funcionaba.
Esteban seguía siendo impulsivo en ocasiones, pero había cambiado mucho desde que conoció a Isabella.
Ahora asistía con más frecuencia a las reuniones del consejo, acompañaba a su padre en asuntos del reino y comenzaba a ganarse el respeto de los nobles.
Una mañana, mientras desayunaban juntos, Isabella lo observó leer varios documentos oficiales.
—Jamás pensé que te vería revisando informes antes del desayuno.
Esteban levantó la vista.
—Yo tampoco.
—¿Y qué ocurrió con el príncipe que odiaba las responsabilidades?
—Se casó con una mujer demasiado inteligente.
Isabella sonrió divertida.
Aquella felicidad sencilla se había convertido en parte de su rutina.
Con el paso de los meses, también fortaleció su relación con la familia real.
Samuel la adoraba y buscaba cualquier excusa para pasar tiempo con ella.
Elena se había convertido en una de sus mejores amigas.
Las dos compartían largas conversaciones sobre libros, política y los acontecimientos del reino.
Precisamente Elena parecía más feliz que nunca.
Y la razón tenía nombre.
Leonardo.
La amistad entre ambos había evolucionado lentamente.
Todo comenzó con conversaciones casuales en los jardines.
Después llegaron los paseos por el castillo y las reuniones durante las celebraciones familiares.
Una tarde, Isabella encontró a Elena sonriendo mientras leía una carta.
—¿Puedo saber qué es tan interesante?
La princesa escondió rápidamente el papel.
—Nada.
—Claro.
—De verdad.
—¿La carta tiene algo que ver con Leonardo?
Elena se sonrojó inmediatamente.
Aquello fue suficiente respuesta.
Mientras tanto, Leonardo tampoco lograba ocultar sus sentimientos.
Esteban lo descubrió durante un entrenamiento.
—¿Piensas concentrarte o seguirás sonriendo como un idiota?
—¿De qué hablas?
—De Elena.
Leonardo casi dejó caer la espada.
—No sé de qué estás hablando.
—Por supuesto que sí.
Aunque intentó negarlo, su amigo terminó confesando que estaba enamorado.
Lejos de molestarse, Esteban se alegró.
Sabía que Leonardo era un hombre honorable.
Mientras la vida parecía sonreírles a todos, Alejandro continuaba investigando el caso de Ramiro Montenegro.
Con frecuencia solicitaba la ayuda de Isabella para revisar documentos antiguos.
Aquellas reuniones eran estrictamente formales.
Sin embargo, ambos habían desarrollado una confianza sincera.
Cada vez resultaba más fácil conversar.
Hablar sobre el reino.
Sobre Ramiro.
Sobre las decisiones difíciles que enfrentaban.
A veces, incluso compartían opiniones personales.
Aquella cercanía no pasó desapercibida para Beatriz.
La reina observaba todo en silencio.
Y aunque no veía nada inapropiado, comenzaba a notar un vínculo especial entre ambos.
Por otro lado, Arturo Belmonte seguía reuniéndose con la reina por asuntos de Estado.
Durante años habían ocultado sentimientos que jamás pudieron expresar.
Miradas silenciosas.
Conversaciones interrumpidas.
Momentos que ninguno se atrevía a convertir en algo más.
Pero algo estaba cambiando.
Y ambos lo sabían.
Sin embargo, la paz que reinaba en el castillo estaba a punto de terminar.
Porque en una mansión situada lejos de la capital, Camila observaba un retrato de Esteban.
La noticia de su matrimonio nunca había dejado de atormentarla.
Durante un año entero había esperado.
Planeado.
Observado.
Y finalmente había tomado una decisión.
Regresaría al castillo.
Y esta vez no permitiría que Isabella Montenegro se interpusiera en su camino.