Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 12
La fiesta continuaba con un ritmo más relajado. El menú había sido servido casi en su totalidad, las copas se alzaban entre risas y conversaciones, y la música volvía a tomar protagonismo en la pista.
—Otra pieza —insistió Dalia con una sonrisa suave, acercándose a Carolina—. No pueden dejar de bailar en su propia boda.
Carolina apenas tuvo tiempo de responder cuando Benjamín ya la tomaba de la mano.
—Vamos —dijo, sin esperar.
La atrajo nuevamente hacia la pista.
Esta vez el ambiente era distinto. Más íntimo. Más cargado.
Sus cuerpos volvieron a encontrarse con esa cercanía inevitable, moviéndose al ritmo de la música como si nada más importara.
Pero ambos sabían…
Que había demasiado bajo la superficie.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
A unos metros, Macarena y Paul bailaban también.
Demasiado cerca.
Demasiado cómodos.
—Pensé que irías a verme ayer por la noche
—murmuró él, inclinándose hacia su oído.
—No seas ridículo —respondió ella, sin apartarse—. Solo he estado ocupada.
Paul sonrió levemente.
—Hace mucho que no nos vemos…
Macarena lo miró de reojo.
—Tal vez deberíamos arreglar eso.
El mensaje fue claro.
—Mi departamento —añadió él, en voz baja.
Ella sostuvo su mirada.
—Ire está noche.
Y aunque su tono fue frío…
Había algo en sus ojos que lo contradecía.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Desde su lugar, Kendra observaba a los novios.
Su expresión seguía impecable.
Pero sus dedos apretaban la copa con demasiada fuerza.
Cada mirada.
Cada baile.
Cada gesto entre Carolina y Benjamín…
Le resultaba insoportable.
Ese debería ser mi lugar…
Desvió la mirada, respirando hondo.
Pero la incomodidad no desapareció.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En la pista, Esmeralda y Daniel compartían un momento completamente distinto.
Más ligero.
Más real.
—No pensé que aceptarías bailar —comentó él.
—No pensé que me lo pedirías —respondió ella con una sonrisa.
Daniel la observó unos segundos.
—Me gustaría volver a verte… sin tanta gente alrededor.
Esmeralda sintió un pequeño vuelco en el pecho.
—¿Me estás invitando a salir?
—Exactamente.
Ella sonrió.
—Acepto.
Y por primera vez en toda la noche…
Algo parecía simple.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
En una de las mesas, Emely mantenía la mirada fija en la pista de baile, siguiendo cada movimiento de su hermana. Había algo en su expresión que ya no era inocente, sino cargado de comprensión… y tristeza.
—Ya sé por qué Caro se casó… —murmuró en voz baja, casi para sí misma—. Me hubiera gustado que fuera por amor.
Rodolfo, sentado a su lado, tensó ligeramente la mandíbula al escucharla.
—Hija… no sabes nada —respondió, intentando restarle importancia.
Pero Emely giró el rostro hacia él, decidida.
—Papá, ya no soy una niña —dijo con firmeza—. He visto todo… cómo han sido estos años, cómo cambió todo después de que mamá ...
Rodolfo guardó silencio.
—Sé que Caro se sacrificó por nosotros —añadió ella, con la voz más suave, pero igual de segura.
Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.
Pesadas.
Reales.
Rodolfo bajó la mirada, incapaz de sostenerle los ojos.
Porque en el fondo…
No había nada que negar.
Y eso…
Era lo que más le dolía.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
A unos pasos, Federico y Dalia observaban la escena.
Su hijo bailando.
Perfecto.
Impecable.
—Negocio concretado —dijo Federico, con satisfacción.
Dalia lo miró, desaprobando.
—Cariño, no hables así —respondió con suavidad—. Es una buena chica.
Federico no dijo nada.
—Espero que el troglodita de nuestro hijo la trate bien… y que puedan formar una familia ... más adelante.
Federico esbozó una leve sonrisa.
—Mujer… tú siempre ves las cosas desde el lado del amor.
Dalia lo miró con ternura.
—Por eso aún estamos juntos.
Federico se inclinó y le dio un breve beso en los labios.
Un gesto simple.
Pero sincero.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La música seguía envolviéndolos, lenta, casi hipnótica.
Benjamín no dejó de mirarla.
Había algo en Carolina esa noche… algo distinto. Tal vez era el vestido, tal vez la forma en que se movía… o tal vez era esa resistencia silenciosa que tanto lo desafiaba.
Sin previo aviso, llevó su mano al rostro de ella.
La sostuvo con firmeza.
Y la besó.
No fue un gesto superficial.
Fue un beso largo.
Intenso.
Profundo.
Carolina se quedó inmóvil un segundo, sorprendida… pero luego, sin entender del todo por qué, respondió. Sus labios se movieron junto a los de él, sincronizados, como si el mundo a su alrededor dejara de existir.
Las luces.
La música.
Las miradas.
Todo desapareció.
Solo estaban ellos.
Y esa conexión confusa…
Hasta que los aplausos estallaron a su alrededor.
El hechizo se rompió.
Carolina se separó de inmediato, respirando con dificultad.
—Deja de besarme cada vez que quieras —dijo en voz baja, molesta.
Benjamín la observó, serio.
—Eres mi esposa —respondió sin titubear—. Me perteneces.
Ella frunció el ceño.
—No soy de tu propiedad.
Él se inclinó apenas, lo suficiente para que solo ella lo escuchara.
—No me gustas para nada, no lo hago porque me guste besarte—añadió con frialdad—. Tenemos que dar una buena imagen… que sea creíble. No te creas tan importante.
Las palabras cayeron como un golpe.
Carolina sostuvo su mirada.
Sin responder.
Pero algo dentro de ella… se endureció.
En ese momento—
—¡Benjamín, Carolina! —llamó Dalia desde la distancia—. Es hora del pastel.
Ambos se separaron por completo.
Y, como si nada hubiera pasado, caminaron juntos hacia la mesa del centro.
Sonrisas.
Aplausos.
Fotografías.
El cuchillo compartido.
El primer corte.
Todo perfectamente ensayado.
Perfectamente falso.
La noche llegó a su fin entre despedidas elegantes y abrazos formales.
Los invitados comenzaron a marcharse.
Las luces se atenuaban poco a poco.
Esmeralda fue la primera en acercarse a Carolina.
—Suerte… la vas a necesitar —susurró con una media sonrisa, intentando aligerar el momento.
Carolina soltó una leve risa.
—Gracias por todo.
Se abrazaron con fuerza.
Un poco más de lo normal.
Como si ambas supieran que algo estaba a punto de cambiar.
Paul, por su parte, se acercó a Benjamín, dándole una palmada en el hombro.
—Te comportaste… sorprendentemente.
Benjamín alzó una ceja.
—No tenía opción.
—Claro… —respondió Paul con una sonrisa leve—. Nos vemos.
Poco a poco, el salón quedó vacío.
Solo ellos.
Y el silencio después de la celebración.
Benjamín se acercó a Carolina.
Su presencia volvió a sentirse imponente.
—Es hora de irnos… esposa mía.
Las palabras resonaron en ella.
Esposa.
Sintió un ligero escalofrío.
No era ternura.
No era emoción.
Era… peso.
Realidad.
Una etiqueta que ahora le pertenecía.
Carolina lo miró.
Por un instante.
Y luego asintió.
Porque ya no había vuelta atrás.
Porque ese papel… ahora era suyo.
Y porque, aunque no lo admitiera en voz alta…
Algo dentro de ella sabía que esa historia apenas comenzaba.
y tu benjamín tienes 28 años y actúas como niño de 15 años ..
parace que no puedes agarrar el toro sobre los cuernos y decirle a Carolina que te gusta ..
que infantiles son los dos ...
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia