Ariana descubre que pertenece a un mundo de lobos oculto después de regresar a la manada que expulsó a su madre años atrás. Allí conocerá a Morgan Knight, un hombre frío y peligroso que cambiará su destino para siempre.
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Capítulo 9: Un aroma inesperado
El sol apenas comenzaba a salir cuando Ariana terminó de prepararse para la universidad.
Al bajar las escaleras encontró a Peter y María esperándola en la cocina.
—Buenos días —saludó Ariana con una sonrisa.
—Buenos días —respondió Peter mientras terminaba su café.
María sonrió, aunque su rostro se veía un poco pálido.
Ariana lo notó enseguida.
—¿Te encuentras bien?
—Sí... solo dormí poco.
Carmen observó a los tres desde la cocina.
—Cuídense mucho.
—Lo haremos, tía —respondió Peter.
Leonard apareció en la puerta.
—Recuerden regresar temprano.
Los tres asintieron y salieron rumbo a la universidad en la vieja camioneta del abuelo.
Durante el camino, Ariana notó que María permanecía en silencio.
—¿Segura que estás bien?
—Sí.
Pero apenas terminó de hablar, llevó una mano a la cabeza.
Ariana frunció el ceño.
—Peter... creo que deberíamos regresar.
Peter también notó el estado de su prima.
—Yo también lo pienso.
María negó rápidamente.
—No.
—María...
—Estoy bien.
—No lo parece.
Ella respiró hondo.
—Solo quiero entrar a clases.
Ariana suspiró.
—Está bien... pero si te sientes peor nos vamos.
María sonrió.
—Prometido.
Entraron al edificio principal.
Las primeras clases transcurrieron con normalidad.
Ariana intentaba concentrarse, pero cada pocos minutos miraba a María.
Su prima seguía cada vez más pálida.
Incluso el profesor preguntó si necesitaba ir a la enfermería.
—No, profesor... estoy bien.
Cuando terminó la última clase de la mañana, Ariana tomó su mochila.
—Vamos al comedor y después regresamos a casa.
María aceptó.
Peter caminaba a su lado sin quitarle la vista de encima.
Al entrar al comedor, el lugar estaba repleto de estudiantes.
Los tres buscaron una mesa tranquila.
María apenas dio dos pasos cuando se detuvo.
Su respiración cambió.
Ariana la observó preocupada.
—¿Qué pasa?
María cerró los ojos.
—Hay un aroma...
Peter abrió mucho los ojos.
—¿Qué aroma?
—Es...
Respiró otra vez.
—Muy dulce.
Ariana olfateó el aire.
—Yo no siento nada.
María volvió a inhalar.
—Está muy cerca.
Peter comenzó a ponerse nervioso.
—No me digas...
María bajó lentamente la cabeza.
Peter terminó la frase.
—...que tu Alfa está en la universidad.
El silencio cayó entre los tres.
María no respondió.
Pero el rubor en su rostro fue suficiente.
Ariana no entendía demasiado aquel mundo, pero recordó las explicaciones de su abuelo.
Si María sentía aquel aroma...
Algo importante estaba ocurriendo.
Ariana tomó la mano de su prima.
—Nos vamos ahora mismo.
Peter asintió.
—Sí.
Los tres comenzaron a caminar rápidamente hacia la salida.
Pero en ese mismo instante...
En el otro extremo del comedor...
David, el primo de Morgan, levantó la cabeza.
Frunció el ceño.
—¿Qué es ese aroma?
Morgan también olfateó el ambiente.
Era muy débil.
Casi imperceptible.
David giró la vista y vio a María alejándose.
—Morgan...
El Alpha siguió su mirada.
Peter caminaba delante.
Ariana abrazaba a María por los hombros para ayudarla.
David murmuró:
—Es ella.
Morgan observó en silencio.
Mientras tanto, Ariana sintió la intensa mirada sobre su grupo.
Sin pensarlo, abrazó con más fuerza a María.
—Vamos.
Peter entendió inmediatamente.
Los tres salieron del edificio.
Corrieron hacia el estacionamiento.
Pero Ariana negó con la cabeza.
—El auto tardará demasiado.
Peter comprendió enseguida.
—Por el bosque.
—Sí.
Antes de que María pudiera protestar, Ariana se agachó frente a ella.
—Sube.
—¿Qué?
—Sube a mi espalda.
—Pero...
—No discutas.
María obedeció.
Ariana la cargó con sorprendente facilidad.
Peter abrió un sendero entre los árboles.
Los tres comenzaron a correr.
El bosque era mucho más rápido que la carretera.
Ariana avanzaba entre los troncos con una velocidad impresionante.
Saltaba piedras.
Esquivaba ramas.
Corría sin detenerse.
Peter apenas lograba seguirle el ritmo.
—¡Cada día corres más rápido!
Ariana sonrió.
—Después entrenamos.
María permanecía abrazada a su cuello.
Todavía respiraba con dificultad.
Después de varios minutos llegaron a la mansión Black.
Leonard salió apenas escuchó los pasos.
—¿Qué ocurrió?
Peter respondió primero.
—María comenzó a sentirse mal.
Carmen corrió hasta ellos.
—¡María!
La joven descendió lentamente de la espalda de Ariana.
Leonard respiró profundamente.
Después olfateó el aire alrededor de su nieta.
Permaneció unos segundos en silencio.
Finalmente sonrió con tranquilidad.
—No te preocupes.
María levantó la vista.
—¿De verdad?
—Sí.
—Pero sentí un aroma.
—Fue muy poco.
María respiró aliviada.
—Sí, abuelo.
Leonard apoyó una mano sobre su hombro.
—Todavía no hay de qué preocuparse.
Peter también soltó el aire que había estado conteniendo.
Carmen observó a Ariana.
—Gracias por traerla tan rápido.
Ariana sonrió.
—Es mi familia.
Jamás la dejaría sola.
Leonard contempló a su nieta con orgullo.
Cada día estaba más convencido de una cosa.
Aunque Ariana insistiera en que no tenía loba...
Su instinto de proteger a quienes amaba era más fuerte que el de muchos lobos nacidos dentro de la manada.
Y muy lejos de allí...
Morgan permanecía de pie frente a una ventana de la universidad.
Pensando en el extraño aroma que apenas había alcanzado a percibir.
Sin saber que el destino acababa de dar otro pequeño paso para unir el camino de ambas familias.
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Gracias por leer un nuevo capítulo de El regreso de la Luna.
Un simple aroma fue suficiente para cambiar el día de María y despertar nuevas dudas sobre el destino que les espera. Mientras los secretos de las manadas siguen creciendo, Ariana hará todo lo posible por proteger a quienes ama.
¿Qué pasará cuando ese misterioso Alfa vuelva a cruzarse en su camino?
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Con cariño, Luna Auol 🌸