Rose Walker jamás imaginó que un viaje cambiaría su vida para siempre. Reconocida como una joven guionista en ascenso en California, su sueño finalmente se estaba haciendo realidad cuando fue invitada a Singapur para participar en el rodaje de la película que había escrito durante años. Todo parecía perfecto: el éxito, el reconocimiento y la oportunidad que siempre había esperado. Pero el destino tenía otros planes.
Durante el vuelo, una violenta tormenta provoca un accidente aéreo que termina con el avión estrellándose en una isla desconocida perdida en medio del océano. Rose despierta sola entre restos del avión, rodeada únicamente por selva, montañas y un silencio aterrador. Sin experiencia sobreviviendo lejos de la civilización, deberá aprender a luchar contra el hambre, el miedo y la desesperación mientras intenta mantenerse con vida.
Sin embargo, la isla no está desierta.
Mientras explora el lugar buscando agua y comida, Rose descubre algo imposible: una antigua civilización e
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Capítulo 20
Seguía colgada de las lianas como un adorno humano mientras intentaba no pensar en el hecho de que debajo de mí había un precipicio gigantesco listo para convertirme en panqueque.
Pero al menos…
Ya casi tenía el teléfono.
Estiré lentamente una mano temblorosa.
—Vamos… vamos…
Mis dedos finalmente tocaron el Nokia atrapado entre las ramas.
Y lo agarré inmediatamente.
Mis ojos se iluminaron.
—¡SÍ!
Lo levanté triunfante como si hubiera encontrado un tesoro legendario.
—¡Sabía que no me abandonarías, viejo guerrero!
El teléfono seguía intacto.
Obviamente.
Era un Nokia.
Entonces escuché un chillido furioso.
Giré lentamente la cabeza.
El mono estaba otra vez encima de las ramas observándome.
Y claramente…
Seguía muy ofendido por su diente.
—Oh no. Tú otra vez.
El pequeño demonio enseñó los dientes furiosamente.
Bueno.
El que le quedaba sano.
Y antes de que pudiera reaccionar…
Me lanzó un mango directo a la cara.
¡PAM!
—¡AU!
El golpe me dio justo en la frente.
Sentí el dolor inmediatamente.
—¡¿QUÉ TE PASA?!
El mono chilló todavía más enfadado.
Y empezó a tirarme más mangos.
—¡TE LO BUSCASTE! —grité esquivando otro— ¡LOS NOKIAS SON COMO ROCAS! ¡ESO NO ES MI CULPA!
Otro mango pasó rozando mi cabeza.
—¡DEJA DE LANZAR FRUTA, PSICÓPATA!
Entonces…
¡PAM!
Uno me dio directamente en la frente.
Otra vez.
Me quedé congelada unos segundos mientras el dolor recorría todo mi cráneo.
Lentamente me llevé una mano a la frente.
Y sentí el nuevo chichón formándose.
Silencio.
El mono me miró.
Yo lo miré a él.
Y entonces el pequeño desgraciado empezó a reírse.
Literalmente.
Soltaba chillidos raros mientras señalaba mi frente como si acabara de contar el mejor chiste del mundo.
Mis ojos se entrecerraron lentamente.
—Sigue burlándote, rata peluda.
El mono siguió riéndose todavía más fuerte.
—Espero que se te caigan todos los dientes.
El pequeño demonio me sacó la lengua.
Lo odiaba.
De repente escuché pasos cerca del precipicio.
Levanté inmediatamente la cabeza.
—¡AYUDA!
Una sombra apareció sobre el borde.
Y segundos después…
El rostro de Nayara apareció asomándose desde arriba.
La anciana me observó completamente seria.
Muy seria.
Demasiado seria.
—Niña… ¿qué haces ahí?
La miré agotada emocionalmente.
—¿No podía ser otra persona quien me rescatara?
Nayara cerró lentamente los ojos respirando profundo.
—No tienes remedio.
La anciana empezó a bajar con una agilidad aterradora para alguien de su edad. Honestamente comenzaba a sospechar que Nayara no era humana.
—¿Cómo baja tan rápido? —murmuré horrorizada.
—Porque a diferencia tuya, sé usar la selva.
Touché.
Finalmente Nayara llegó hasta mí y agarró firmemente una de las lianas.
—Dame la mano.
—¿No me va a pegar primero?
La anciana me fulminó con la mirada.
—Estoy considerando dejarte aquí.
—Ok, ok. Humor encontrado.
Agarré rápidamente su mano y Nayara empezó a ayudarme a subir.
Y sinceramente…
La señora tenía una fuerza absurda.
Cuando finalmente llegamos arriba, me dejé caer sobre el suelo respirando dramáticamente.
—Nunca… volveré… a perseguir monos…
Detrás de nosotras, el pequeño demonio seguía sentado sobre las ramas observándonos.
Todavía parecía burlarse de mí.
Nayara cruzó lentamente los brazos.
—Explícame cómo terminaste colgando de un precipicio.
Suspiré profundamente.
Y empecé a señalar al culpable.
—Todo empezó por ESA rata peluda demoníaca.
El mono chilló indignado.
Nayara levantó ligeramente una ceja.
—Continúa.
Me senté mejor todavía sobándome el nuevo chichón.
—Estábamos caminando tranquilamente y de repente ese pequeño delincuente me robó el teléfono.
Saqué el Nokia dramáticamente.
—MI teléfono.
Nayara observó el aparato confundida.
—¿La roca negra?
—Sí, la roca negra mágica.
Seguí explicando indignada.
—Entonces fui detrás de él porque obviamente necesito esto para sobrevivir emocionalmente.
El mono volvió a chillar desde arriba.
—¡NO TE METAS EN MI HISTORIA!
Nayara empezaba a masajearse la frente cansadamente.
—Luego el animal mordió el teléfono…
La anciana frunció el ceño.
—¿Mordió una roca?
—Exactamente. Y se rompió un diente.
El silencio duró dos segundos.
Y luego…
Nayara soltó una pequeña risa.
Me quedé completamente inmóvil.
—…¿Te acabas de reír?
La anciana inmediatamente volvió a ponerse seria.
—No.
—¡SÍ LO HIZO!
Incluso el mono parecía ofendido.
Se abrazó la boca adolorida haciendo pequeños chillidos tristes.
Lo señalé acusadoramente.
—Y DESPUÉS me lanzó mangos.
Nayara observó el enorme chichón en mi frente.
Luego miró al mono.
Y después volvió a mirarme.
—Honestamente… ambos parecen igual de inteligentes.
Abrí la boca indignada.
—¡SEÑORA!
El mono chilló orgulloso como si acabara de ganar una competencia.
Lo odiaba muchísimo.
Después de sobrevivir al precipicio, a los mangos asesinos y al ataque emocional del mono ladrón, Nayara me obligó a regresar inmediatamente con el grupo.
Aunque había un pequeño problema.
El mono nos estaba siguiendo.
—No.
El pequeño demonio saltó alegremente entre las ramas detrás de nosotras.
—No, no, no. Tú te quedas aquí.
El mono inclinó la cabeza.
Luego volvió a seguirnos.
Nayara caminaba tranquilamente delante apoyándose en el bastón como si nada estuviera pasando.
Yo seguía mirando al animal completamente desconfiada.
—Señora, ese gremlin me odia.
El mono chilló indignado.
—¡Y todavía responde!
Nayara soltó un pequeño sonido divertido.
—No te odia.
La miré horrorizada.
—¿Entonces por qué intentó matarme con frutas?
—Porque mordió tu roca negra y perdió un diente.
—ESO FUE SU CULPA.
El mono volvió a abrazarse dramáticamente la boca.
Nayara suspiró.
Luego metió la mano en una pequeña bolsa atada a su cintura y sacó unas hojas trituradas de color verde.
—Ven aquí.
Fruncí el ceño.
—¿Ahora qué?
—Tu cabeza parece hinchada.
Me tocó el enorme chichón del mango.
—Gracias por recordarlo.
Nayara empezó a untarme las hojas medicinales sobre la frente mientras yo me quejaba.
—Huele horrible.
—Porque funciona.
Detrás de nosotras el mono seguía caminando tranquilamente.
Y para mi absoluta traición…
Nayara también le dio unas hojas al animal.
Mis ojos se abrieron.
—¿Le está dando medicina?
—Se rompió un diente.
—¡Y A MÍ CASI ME ROMPE LA CARA!
El mono empezó a comer felizmente las hojas.
Seguimos avanzando por la selva hasta que finalmente escuchamos voces.
El grupo.
Lou fue la primera en vernos aparecer entre los árboles.
Y apenas sus ojos se posaron sobre mí…
Palideció.
—¡ROSE!
Corrió directamente hacia mí.
—¡¿Dónde estabas?! ¡Pensé que habías muerto!
Abrí la boca para responder dramáticamente.
Pero Nayara habló primero.
—El duende decidió perseguir animales salvajes.
Lou cerró lentamente los ojos.
—Claro que sí…
Los niños se acercaron curiosos inmediatamente.
Y entonces notaron al mono.
Todos empezaron a emocionarse.
—¡Es un mono de dientes rojos!
—¡Qué pequeño!
—¡Quiere a la extranjera!
—Claramente tiene problemas mentales —murmuré.
El mono se subió inmediatamente a mi hombro.
Me quedé congelada.
Todos guardaron silencio.
Yo lentamente giré los ojos hacia el pequeño demonio.
Él me miró tranquilamente.
Y luego…
Se acomodó sobre mi cabeza.
Mi alma abandonó el cuerpo.
—…Bájate.
El mono ignoró completamente mi sufrimiento.
Lou empezó a reírse.
Muchísimo.
Incluso algunos niños estaban señalándome emocionados.
—¡Le gustas!
—¡Te escogió!
—¡Ahora eres su madre!
Mis ojos se abrieron horrorizados.
—¡NO SOY SU MADRE!
El mono chilló felizmente.
Nayara observó toda la escena unos segundos antes de hablar.
—Interesante.
La miré sospechosamente.
—¿Qué es interesante?
La anciana señaló al mono.
—Esa especie rara vez se acerca a las personas.
Miré lentamente al animal todavía sentado sobre mi cabeza.
—Pues este claramente vino defectuoso.
El mono me tiró suavemente del cabello.
—¡AY! ¡No hagas eso!
Lou seguía muriéndose de risa.
—Rose parece árbol ambulante.
La fulminé con la mirada.
—No ayudas.
Entonces uno de los niños pequeños habló emocionado.
—¡Hay que ponerle nombre!
—No —respondí inmediatamente.
—¡Sí! —gritaron varios niños al mismo tiempo.
Nayara observó al mono pensativa.
Y luego me miró a mí.
La anciana sonrió apenas.
Esa sonrisa me dio miedo.
—Se llamará Mochi.
Silencio.
La miré completamente traicionada.
Lou explotó riéndose otra vez.
Los niños comenzaron a repetir emocionados el nombre.
—¡Mochi! ¡Mochi!
El mono chilló felizmente como si aprobara completamente la decisión.
Me dejé caer derrotada.
—Perfecto. Ahora adopté accidentalmente un delincuente tropical.
Y lo peor…
Era que Mochi claramente no pensaba separarse de mí nunca más.
Después de la excursión infernal en la selva, pensé que finalmente podría descansar.
Error.
Gravísimo error.
Porque apenas regresamos a la aldea, Lou apareció buscándome emocionada.
—Rose, ayúdame a pescar.
La miré horrorizada.
—Lou… sabes perfectamente que mis habilidades de supervivencia son una amenaza pública.
Ella sonrió inocentemente.
—Por eso practicarás.
Y así terminé dentro de un río frío hasta las rodillas sosteniendo una lanza de pesca mientras varios niños de la tribu observaban desde la orilla.
Incluyendo a mis compañeros de clases.
Mi reputación ya estaba destruida.
Mochi estaba sentado sobre una roca mirando todo con demasiada felicidad.
Nayara permanecía sentada cerca fumando tranquilamente un tabaco hecho de hojas enrolladas mientras observaba el espectáculo del fracaso humano.
Lou estaba a mi lado intentando enseñarme.
—Debes esperar el movimiento correcto del pez.
Asentí concentrada.
—Ok. Puedo hacerlo.
Un pez saltó cerca.
Intenté atraparlo.
Y segundos después…
¡PAAAF!
La cola del pez me golpeó directamente en la cara.
Silencio.
Luego los niños explotaron riéndose.
Mochi también empezó a hacer ruidos raros que claramente parecían carcajadas.
Me quedé inmóvil.
Con agua escurriendo por mi cara.
—…El pez me abofeteó.
Lou intentaba no reírse.
Muy mal intento.
—Otra vez.
Fruncí el ceño.
—Ese pez actuó con violencia innecesaria.
Volví a intentarlo.
Otro pez saltó.
Y otra vez…
¡PAAAF!
Otro coletazo directo a mi cara.
Los niños casi estaban llorando de la risa.
Uno se cayó al suelo.
Mochi estaba literalmente rodando sobre la roca haciendo sonidos extraños.
Hasta Nayara soltó humo lentamente mientras negaba con la cabeza.
—Niña, a este paso no pescarás ni hasta el amanecer.
La fulminé con la mirada.
—Gracias por la motivación.
Nayara señaló entonces a Lou.
—Mírala. Ella es más fuerte que tú y pesca mejor.
Lou levantó inmediatamente las manos.
—No compares—
—No, no, compárame. Ya estoy humillada públicamente de todas formas.
Lou me miró compresivamente.
—La pesca necesita paciencia.
—Yo tengo paciencia.
Un pez saltó otra vez.
Me golpeó la frente.
—…Retiro lo dicho.
Los niños volvieron a reírse.
Mochi señaló mi cara como si estuviera contando puntos.
Lo odiaba.
Lou suspiró divertida y se colocó detrás de mí.
—Mira. Debes sentir el movimiento del agua primero.
Sus manos acomodaron lentamente mis brazos corrigiendo la postura.
—Respira… espera… y cuando se acerque…
Un pez cruzó rápidamente.
Esta vez lancé la lanza correctamente.
Y aunque no atrapé el pez…
Al menos no me golpeó.
Mis ojos se iluminaron.
—¡PROGRESO!
Lou sonrió orgullosa.
—¿Ves?
Nayara soltó humo lentamente.
—Sigue siendo terrible.
—¡SEÑORA, DÉJEME DISFRUTAR MI PEQUEÑA VICTORIA!
A lo lejos, el sonido de caballos comenzó a escucharse.
Varios guerreros regresaban de la caza cruzando cerca del río.
Kai iba delante del grupo.
Alto.
Cubierto ligeramente de tierra y hojas después de la expedición.
Con una lanza descansando sobre su hombro.
Mi cerebro dejó de funcionar unos segundos.
Por suerte yo estaba demasiado ocupada intentando no morir pescando.
Kai ni siquiera escuchaba ya a los otros hombres.
Sus ojos seguían fijos en mí mientras intentaba pelear físicamente contra los peces.
Nayara sí lo notó.
La anciana observó lentamente a su nieto.
Y luego me miró a mí.
Después suspiró profundamente como alguien extremadamente cansado de la vida.
Y su mente volvió a una conversación de días atrás.
Días antes…
Nayara estaba sentada dentro del templo principal organizando hierbas medicinales cuando Kai apareció frente a ella.
La anciana ni siquiera levantó la vista.
—Habla.
Kai permaneció unos segundos en silencio antes de hacerlo.
—Necesito que ayudes a Rose a adaptarse.
Nayara soltó inmediatamente un sonido de absoluta desaprobación.
—No.
Kai suspiró.
—Abuela—
La anciana finalmente levantó la vista.
—Aunque seas el líder de esta tribu, sigo siendo la patriarca. Tengo más autoridad en asuntos de tradición.
Kai permaneció tranquilo.
—Lo sé.
—Entonces escucha bien. No apruebo esa decisión.
La anciana dejó las hierbas sobre la mesa claramente molesta.
—No enseñaré costumbres sagradas a un duende perdido del exterior.
Kai intentó no reaccionar al apodo.
—Rose no es peligrosa.
Nayara lo señaló inmediatamente con el bastón.
—Es torpe.
Kai guardó silencio.
—Es pequeña.
Silencio.
—Camina como pato chueco.
Silencio absoluto.
—No sabe pescar.
—Está aprendiendo.
—No sabe cazar.
——
—No sabe cocinar.
——
—No escucha.
——
—Habla demasiado.
—Eso es verdad.
Nayara siguió sin detenerse.
—Se distrae con facilidad. Se duerme durante historias sagradas. Me lleva la contraria conmigo todos los días. Tiene menos fuerza que un niño de doce años. Sobrevive únicamente por milagro. Y además atrae problemas como si fuera talento natural.
Kai terminó soltando un pequeño suspiro cansado.
—¿Terminaste?
—Todavía no.
La anciana cruzó los brazos.
—Y honestamente no entiendo qué viste en ella cuando hay veinte mujeres mejores en esta tribu.
Kai guardó silencio unos segundos.
Y luego habló con calma.
—Porque ninguna de ellas es Rose.
Nayara entrecerró ligeramente los ojos.
Kai levantó lentamente la vista hacia las antorchas del templo.
—Vi muchas personas caer desde el cielo dentro de esa enorme máquina rota.
Su voz se volvió más seria.
—Todos murieron.
El silencio llenó la habitación.
—Ella sobrevivió.
Nayara no respondió.
Kai continuó.
—La isla la trajo aquí por una razón.
Sus ojos dorados se endurecieron ligeramente.
—Y no podemos ignorar el destino.
La anciana observó a su nieto durante un largo momento.
Y en ese instante comprendió algo peligroso.
Kai ya había decidido proteger a Rose.
Sin importar lo que dijera la tribu.
O incluso ella misma.