*PRÓLOGO*
*Sonya Smith*
El “lo siento” de Noa sonó a disparo antes que el disparo.
Sonya no bajó el arma. No por él. Por Lucía, que estaba detrás, llorando como si no fuera ella quien había puesto el veneno en su café esa mañana. Amigas. Amantes. Traidores.
“Eran los mejores diez años de mi vida,” dijo Noa. Tenía el dedo en el gatillo. No le temblaba. A Sonya siempre le gustó eso de él.
“Fueron,” corrigió ella.
El estruendo reventó la habitación. Dolió menos de lo que pensó. El suelo estaba frío. El techo, blanco. Lucía se arrodilló y le sostuvo la mano mientras se iba. Qué detalle.
Sonya Smith, 30 años, la mujer que desarmó carteles y tumbó gobiernos, murió en el piso de su cocina por confiar en dos personas.
Lo último que pensó no fue en venganza. Fue en silencio.
Por fin, silencio.
Y luego, luz.
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*CAPÍTULO 20* *La Torre*
La construcción empezó al amanecer.
Seis semanas. Ese era el plazo.
Ni un día más.
Elira se paró en el borde de la explanada norte de Valemot y miró el terreno.
Tierra compacta, cerca de la mina. Agua cerca. Espacio para trabajar sin que la capital supiera los detalles.
“Esto es,” dijo.
Kaden Voss tenía los planos abiertos sobre una mesa de madera.
“Estructura base en dos semanas,” dijo. “Si el hierro no falla. Si los hombres no fallan.”
“No van a fallar,” dijo Elira. Miró a Ryn. “¿Verdad?”
Ryn no sonrió. Asintió.
“No van a fallar,” dijo.
*Semana 3.*
El ruido no paraba. Martillos, poleas, gritos de mando.
La base de la torre subía más rápido de lo esperado.
Ryn estaba en todas partes. Revisaba soldaduras, ajustaba ángulos, corregía a los ingenieros sin levantar la voz.
Trabajaba como si cada pieza fuera la última que iba a hacer.
Elira iba dos veces al día. No para supervisar. Para ver.
Para recordar por qué había limpiado su casa, por qué había matado a Havel, por qué había aceptado el trato con Cassian.
Esto era el resultado.
Llegó el primer informe del norte.
Los clanes se movían. No eran rumores. Eran columnas de humo en el horizonte.
Cassian no escribió. No hacía falta.
Elira sabía lo que significaba.
La torre tenía que estar lista antes de que ellos llegaran.
*Semana 5. Día de prueba.*
La estructura principal estaba terminada.
Treinta metros de hierro y madera reforzada.
Montada sobre un sistema de ruedas que Ryn diseñó en secreto hace meses.
“Desbloqueen,” dijo Ryn.
Cincuenta hombres empujaron.
La torre crujió. Se movió.
Giró.
Lento. Perfecto.
No hubo aplausos. Solo un silencio pesado, y luego el sonido de cuarenta respiraderos soltando el aire al mismo tiempo.
Funcionaba.
Elira miró a Ryn.
“Falta el armamento,” dijo.
“Mañana,” dijo Ryn. “Mañana la armamos.”
Esa noche Cassian llegó sin avisar.
Como siempre.
Caballo negro, capa negra, sin guardia.
Se paró frente a la torre terminada.
No dijo nada por un minuto entero.
Luego tocó el hierro.
“Funciona,” dijo.
“Funciona,” dijo Elira a su lado.
Se miraron.
Sin el roce de antes. Sin el juego.
Solo dos personas que sabían que lo que venía no tenía vuelta atrás.
“Te dije que cumplías,” dijo Cassian.
“Te dije que lo haría,” dijo Elira.
Cassian se acercó. Un paso. Otro.
El aire entre ellos se hizo denso.
“Los clanes atacan en tres días,” dijo bajo. “Muevo el ejército principal al valle de Escarcha. Tú llevas esto.”
Señaló la torre.
“Yo voy contigo,” dijo Elira.
Cassian la miró.
“Esto es guerra, Elira. No política.”
“Lo sé,” dijo Elira. “Por eso voy.”
*Noche antes de la batalla.*
El campamento estaba en silencio.
Elira revisaba el mapa a la luz de una lámpara cuando la tienda se abrió.
Cassian entró sin llamar.
Tenía sangre seca en el borde del guantelete y la mirada fija en ella.
“Viva,” dijo.
“Viva,” respondió Elira.
Se quedaron a un paso de distancia.
“Lo hiciste,” dijo Cassian bajo. “Acabaste con la construcción en cinco semanas.”
“Tú me diste las herramientas,” dijo Elira. “Y tú viniste a verlo con tus ojos.”
Cassian dio un paso más. Ahora podía sentir el calor de ella.
“No te pedí que vinieras al frente,” dijo.
“No me das órdenes en mi campo de batalla,” dijo Elira.
Fue desafío puro.
Cassian sonrió por primera vez en días. Una sonrisa lenta, peligrosa.
“Eres imposible,” murmuró.
“Y tú no puedes dejar de mirarme,” respondió ella.
Se acercó lo suficiente para que sus alientos se mezclaran.
Elira no se movió. No retrocedió.
Cassian levantó una mano, se detuvo a milímetros de tocar su mejilla.
“Si te beso ahora,” dijo bajo, “no va a ser un beso tranquilo.”
“Entonces no lo hagas tranquilo,” dijo Elira.
Él la besó.
Fuerte, rápido, como si llevara conteniéndose desde la noche en la fragua.
Elira le respondió igual, agarrándole la parte delantera de la capa para acercarlo más.
Se separaron jadeando.
“Esto es un problema,” dijo Cassian contra su frente.
“Sí,” dijo Elira. “Un problema muy conveniente.”
No pasó de ahí. No esa noche.
Pero ambos sabían que la próxima vez no iba a ser un roce.
Afuera el cuervo graznó una vez.
Adentro, la guerra estaba por empezar.
Y entre ellos, algo más también.
*Valle de Escarcha. Día 3.*
El campo era blanco y rojo.
Nieve y sangre.
Los clanes cargaron como siempre hacían. Sin formación. Sin miedo.
La torre avanzó.
Lenta. Imparable.
Cuando el primer proyectil salió, el suelo tembló.
Cuando el segundo salió, la línea delantera de los clanes se rompió.
Cuando el tercero salió, huyeron.
No hubo batalla larga.
No hubo héroes.
Hubo hierro, fuego, y un plan que salió exacto.
Cassian bajó la espada cuando todo terminó.
Miró a Elira.
“Valemot acaba de ganar la guerra del norte.”
“No Valemot,” dijo Elira. “Nosotros.”
Cassian sonrió. Se acercó, y esta vez no esperó.
La besó delante de todos. Corto. Brutal. Posesivo.
Nadie dijo nada.
Nadie se atrevió.
Se acerca el final amigos, gracias por leer mi novela y espero la estén disfrutando.
Quién se atraviese primero y por qué... Montclair o el trono.🤨😈😏😈🙎♀️