En el reino de , una serie de secretos y decisiones prohibidas comienzan a sacudir los cimientos de la familia real. Lo que parece una vida perfecta dentro del palacio esconde amores imposibles, alianzas inesperadas y peligros que amenazan con cambiar el destino del reino para siempre.
Mientras las tensiones aumentan y un enemigo oculto mueve sus piezas desde las sombras, los miembros de la corona deberán enfrentarse a sus propios sentimientos, a las expectativas de la sociedad y a las consecuencias de sus elecciones.
Entre romance, intriga, traiciones, sacrificios y momentos inolvidables, Valdoria se convierte en el escenario de una historia donde el amor y el deber chocan constantemente, y donde una sola decisión puede cambiar el futuro de todos.
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La marca de los Montenegro
El silencio se apoderó del gran salón después de que el guardia mostrara la tela negra con el símbolo de los Montenegro.
Todos los nobles comenzaron a murmurar inmediatamente.
Camila observó a Isabella con desconfianza.
—Qué coincidencia tan conveniente.
Emilia Montenegro se puso de pie indignada.
—¿Insinúas algo contra nuestra familia?
Alejandro levantó la mano exigiendo silencio.
—Nadie hará acusaciones sin pruebas.
Pero el ambiente ya había cambiado.
Isabella sentía las miradas sobre ella mientras intentaba mantenerse tranquila. Ella no sabía nada sobre aquella tela.
Esteban dio un paso al frente.
—Esto puede ser una trampa.
El rey lo miró seriamente.
—¿Y quién intentaría hacer algo así?
El príncipe observó discretamente a varios nobles presentes.
—Alguien que quiera provocar problemas entre la corona y los Montenegro.
La reina Beatriz permaneció en silencio, aunque parecía analizar cuidadosamente la situación.
Alejandro ordenó a los guardias revisar nuevamente las caballerizas y después pidió que la cena continuara para evitar más rumores.
Sin embargo, la tensión ya era imposible de ocultar.
Horas después, Isabella regresó a sus habitaciones junto a Emilia.
—Esto no fue casualidad —dijo Isabella cerrando la puerta.
—Lo sé —respondió Emilia preocupada—. Pero alguien quiere hacernos quedar como enemigos de la corona.
Isabella caminó nerviosa por la habitación.
—O quizá quieren asustarnos para que nos vayamos del castillo.
Emilia la observó con seriedad.
—Y eso es exactamente lo que deberíamos hacer.
—No.
—Isabella…
—Pasé años esperando una oportunidad para descubrir la verdad sobre mi padre. No voy a escapar ahora.
Antes de continuar hablando, tocaron la puerta.
Era Elena.
—¿Puedo pasar?
Las mujeres aceptaron y la princesa entró rápidamente.
—Mi padre está furioso —explicó—. Mandó aumentar la seguridad en todo el castillo.
—Nosotras no tuvimos nada que ver —dijo Emilia.
—Lo sé. Y Esteban también lo cree.
El nombre del príncipe hizo que Isabella levantara la mirada.
—¿Dónde está él?
—Discutiendo con el rey.
En el despacho real, Alejandro caminaba de un lado a otro lleno de rabia.
—¡Defiendes demasiado a esa familia! —gritó.
Esteban cruzó los brazos.
—Porque claramente alguien intenta culparlos.
—No sabes nada sobre los Montenegro.
—Entonces explícame.
El rey quedó en silencio.
Esteban se acercó lentamente.
—¿Qué ocurrió realmente con Ramiro Montenegro?
Alejandro endureció la mirada.
—Ese asunto terminó hace años.
—No parece terminado para ti.
El rey golpeó el escritorio.
—¡Te ordeno que dejes de involucrarte con Isabella Montenegro!
Las palabras sorprendieron incluso al propio Esteban.
—¿Por qué te preocupa tanto ella?
Alejandro no respondió.
El príncipe observó a su padre unos segundos antes de salir del despacho.
Mientras caminaba por los pasillos, comenzó a entender que Isabella y su familia estaban relacionados con secretos mucho más peligrosos de lo que había imaginado.
Y por primera vez, Esteban sintió verdadera curiosidad por descubrir la verdad detrás de la corona.
Desde las sombras del pasillo, Arturo Belmonte escuchó parte de la discusión entre Alejandro y Esteban. El consejero comprendió que los secretos comenzaban a salirse de control.
Nada volvería igual.El peligro apenas comenzaba para todos los presentes.