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ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

ANTES DEL ÚLTIMO TRAGÓ

Status: En proceso
Genre:Demonios / Aventura / Amor-odio
Popularitas:134
Nilai: 5
nombre de autor: Jasali

Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.

NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

“Las Personas También Salvan”

📖 CAPÍTULO 20

“Las Personas También Salvan”

Después del beso…

ninguno habló de inmediato.

Porque había cosas que el corazón entendía mejor en silencio.

Valeria seguía abrazada a Nicolás mientras el viento frío recorría el mirador.

Y él…

por primera vez desde el diagnóstico…

no estaba pensando en morirse.

Estaba pensando en quedarse.

Qué diferencia tan inmensa.

Ella levantó la mirada lentamente.

—¿Qué? —preguntó Nicolás al verla sonreír apenas.

Valeria negó suave.

—Nada…

Pausa.

—Solo que hace mucho no lo veía tranquilo.

Eso le pegó duro.

Porque ni él recordaba la última vez que se sintió así.

Sin ruido en la cabeza.

Sin necesidad de escapar.

Sin fingir.

Solo…

presente.

Nicolás acarició la mano de Valeria despacio.

—Gracias.

Ella frunció el ceño.

—¿Por qué me agradece tanto?

Él soltó una pequeña risa.

—Porque usted volvió cuando tenía razones para no hacerlo.

Valeria lo miró fijo unos segundos.

Y luego dijo algo que lo desarmó por completo:

—Porque usted también volvió.

Silencio.

Porque era cierto.

Tarde.

Roto.

Asustado.

Pero volvió.

Y eso también valía.

La tarde empezó a caer lentamente.

Las luces de la ciudad aparecían poco a poco abajo.

Y Nicolás sentía algo extraño creciendo dentro de él.

Esperanza.

Pequeña.

Frágil.

Pero viva.

Hacía semanas no sentía eso.

Desde el diagnóstico todo parecía una despedida.

Ahora…

por primera vez…

algo se parecía al futuro.

Aunque fuera corto.

—¿En qué piensa? —preguntó Valeria.

Nicolás respiró profundo.

—En que no quiero perder más tiempo.

Ella sonrió apenas.

—Entonces no lo pierda.

Simple.

Pero poderosa.

Todo con ella parecía así.

No hablaba complicado.

Solo decía las verdades que él llevaba años evitando.

Más tarde caminaron juntos por unas calles pequeñas cerca del mirador.

Sin prisa.

Valeria iba pegada a su brazo.

Y Nicolás intentaba memorizarlo todo.

El olor del café saliendo de un local.

La risa de ella.

La forma en que el viento movía su cabello.

Porque ahora entendía algo que antes jamás hubiera entendido:

los momentos simples también pueden salvar una vida.

Y tal vez…

eran los únicos que realmente la salvaban.

Pasaron frente a una tienda pequeña donde sonaba música vieja.

Valeria sonrió.

—¿Se acuerda que usted decía que nunca iba a enamorarse?

Nicolás soltó una risa.

—Yo decía muchas estupideces.

—Muchísimas.

Ambos rieron.

Y ese sonido…

le calentó el pecho más que cualquier medicina.

Pero entonces…

el dolor volvió.

Seco.

Repentino.

Nicolás frenó apenas el paso.

Valeria lo sintió enseguida.

—¿Qué pasó?

—Nada… espere.

Respiró profundo.

Pero el pecho seguía apretándose.

El aire empezó a costarle.

Valeria cambió la cara de inmediato.

—Nicolás…

Él levantó la mano.

Intentando calmarla.

—Ya pasa…

Pero no pasaba.

Y esta vez…

ella no se quedó quieta.

—Siéntese ya.

La voz salió firme.

Nicolás obedeció casi sin discutir.

Se sentó en una banca cercana mientras intentaba respirar mejor.

Valeria se arrodilló frente a él.

Asustada.

Mucho.

Pero intentando mantenerse fuerte.

—Míreme.

Él levantó la mirada.

—Respire despacio.

Nicolás obedeció.

El dolor seguía ahí.

Y por primera vez…

Valeria vio realmente lo grave que podía ponerse.

El miedo le llenó los ojos.

—No me gusta verlo así… —susurró.

Nicolás intentó sonreír.

—Créame… a mí menos.

Ella negó.

Y sin darse cuenta…

empezó a llorar otra vez.

No fuerte.

Como alguien agotado de tener miedo.

Eso fue peor.

Porque Nicolás entendió algo horrible:

su enfermedad ya no solo estaba destruyéndolo a él.

También estaba rompiendo a quienes lo amaban.

El dolor empezó a bajar lentamente.

Respiró mejor.

Valeria seguía sosteniéndole la mano fuerte.

Como si tuviera miedo de soltarlo.

—Ya… ya pasó —murmuró él.

Ella no respondió de inmediato.

Solo lo miró.

Y luego dijo algo bajito:

—Prométame que no se va a rendir.

Golpe directo.

Porque últimamente…

había momentos donde sí quería hacerlo.

Momentos donde todo pesaba demasiado.

Pero verla así…

peleando por él…

le cambió algo adentro.

Nicolás le limpió una lágrima con cuidado.

—Se lo prometo.

Valeria cerró los ojos un segundo.

Como si necesitara escuchar eso.

Luego apoyó la frente contra la de él.

Y permanecieron así.

Quietos.

Respirando el mismo miedo.

Pero también…

la misma necesidad de quedarse.

Horas después…

Nicolás llegó a casa más cansado de lo normal.

Pero distinto.

Su mamá lo vio entrar.

Y enseguida notó algo.

—¿Qué pasó?

Nicolás sonrió apenas.

—Creo que hoy entendí algo importante.

Ella levantó una ceja.

—¿Qué cosa?

Él pensó en Valeria.

En Julián.

En ella.

Y respondió:

—Que las personas también salvan.

Su mamá sonrió despacio.

Y Nicolás sintió el pecho lleno otra vez.

No de dolor.

De vida.

Aunque fuera difícil.

Aunque doliera.

Aunque el tiempo siguiera corriendo.

Todavía había vida.

Y ahora sí quería pelear por ella.

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