Han pasado dos años y Andrea, tras sanar sus heridas, decide darse una segunda oportunidad para amar junto a Marlon, quien siempre ha estado a su lado incondicionalmente. Pero su felicidad enfrenta duras pruebas: la aparición de la exnovia de él, dispuesta a recuperarlo, y el rechazo de la familia de Marlon, que no acepta a Andrea por su pasado con Sebastián y considera que Emilia es la mujer ideal para él.
En medio de este conflicto social y familiar que pone en riesgo su relación, Andrea recibe una noticia que lo cambia todo: está embarazada. Ahora, ambos deberán luchar contra el juicio ajeno y sus propias inseguridades para defender su amor y proteger la nueva vida que crece entre ellos.
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Capitulo 21
Con el embarazo ya muy avanzado y la fecha de parto cada vez más cercana, la actitud de la familia de Marlon pareció cambiar de repente. Dejaron de hacer comentarios hirientes, dejaron de mirarla con desconfianza y empezaron a invitarla a reuniones, a preguntar por su salud y a mostrarse más amables. Sin embargo, para Andrea, esa calma no se sentía como algo genuino; más bien le parecía una cortesía obligada, algo que hacían por el bebé que venía en camino, no por aceptarla a ella tal cual era.
Una tarde, mientras regresaban de una visita a casa de sus suegros, caminaban despacio por la calle y Andrea mantenía una expresión pensativa y preocupada. Marlon, que notaba su estado de ánimo, le tomó la mano con suavidad.
—¿Qué te pasa, mi vida? Hoy se portaron mucho mejor que otras veces, incluso preguntaron por el niño y te ofrecieron ayuda. ¿No te alegra ver que por fin ceden un poco?
Andrea suspiró y apretó su mano con suavidad, sin devolverle la sonrisa.
—Quisiera poder alegrarme de verdad, Marlon… pero no puedo evitar sentir que esto no es real. Es como si hubieran puesto una máscara de cortesía, pero en el fondo todo sigue igual. No siento que me acepten a mí, sino que solo están siendo amables por respeto al bebé que voy a traer al mundo.
Marlon frunció el ceño, sorprendido por sus palabras, pero escuchándola con atención.
—¿Por qué piensas así? Te hablaban con educación, no hubo reproches ni miradas frías…
—Exacto —respondió ella con voz tranquila pero segura—. Es solo educación, no afecto. Noto que sus preguntas siempre giran en torno al embarazo, a la salud del niño, a cómo será el parto… pero nunca me preguntan por mí, por cómo me siento en lo personal, por mis gustos o mis planes. Soy como un “recipiente” temporal, algo que deben tolerar mientras llega el nieto, pero no soy parte de la familia de verdad.
Más tarde, esa sensación se confirmó un poco más cuando, al volver a encontrarse con ellos, la madre de Marlon habló con su hijo en un momento en que Andrea estaba en otra habitación, creyendo que no la escuchaban.
—Estamos actuando con cuidado por el bien del niño —decía ella en voz baja—. No queremos que nazca en medio de discusiones, pero no creas que hemos olvidado lo que pasó. Cuando todo se calme, veremos cómo siguen las cosas. Por ahora, es mejor mantener la calma, pero no significa que hayamos cambiado de opinión sobre ella.
Andrea escuchó esas palabras sin intención, y sintió que se le confirmaba lo que ya presentía. Cuando regresó a su lado, Marlon vio su rostro y comprendió que algo había ocurrido.
—¿Escuchaste lo que dijeron? —le preguntó con suavidad, adivinando la respuesta.
—Sí —respondió ella con una mezcla de tristeza y resignación—. Es tal como lo sentía. Esta tregua es falsa, Marlon. Solo es una pausa por obligación, para que no haya problemas antes del nacimiento. No me quieren, no me respetan, solo esperan que todo se desarrolle sin escándalos. Y eso me genera una ansiedad terrible: ¿qué pasará cuando nazca el niño? ¿Volverán a tratarme como antes? ¿O usarán al bebé para acercarse y mantenerme al margen?
Marlon la atrajo hacia sí con cuidado, rodeándola con sus brazos para darle seguridad.
—Te entiendo perfectamente, y lamento que tengas razón —admitió él con sinceridad—. No voy a engañarte diciendo que han cambiado de un día para otro. Es posible que sea solo una tregua por el momento. Pero escúchame bien: lo que ellos sientan o dejen de sentir no cambia lo que tenemos nosotros.
Le acarició el vientre con ternura y continuó con firmeza:
—Nuestra prioridad es este niño y nuestra tranquilidad. Si su aceptación es solo superficial, entonces no nos sirve de mucho, pero tampoco nos hará daño. Tú no necesitas su aprobación para ser una buena madre ni para ser feliz. Lo único que importa es que nosotros estemos unidos, y que sepamos quiénes somos y qué construimos.
Andrea apoyó la cabeza en su hombro, sintiendo que, aunque la realidad fuera dolorosa, al menos ya no tenía dudas sobre lo que ocurría.
—Me duele saber que no será fácil, pero prefiero ver la verdad ahora que confiar en algo que no existe —dijo ella—. Al menos así estoy preparada. No me haré ilusiones falsas, y cuando esto termine, no me tomará por sorpresa.
—Así es —le respondió él con calma—. Mientras estemos juntos, no importa si la tregua es verdadera o falsa. Lo que es real es nuestro amor, y eso nadie nos lo puede quitar.
Pueblo chico, infierno grande! 🤭
La historia es interesante y con un comienzo de intriga, espero que sean actualizaciones constantes para que no se pierda el interés.
Me ha atrapado y espero pronto más capítulos. Gracias.
Qué siga fluyendo la creatividad.