El agua no solo está subiendo… está “vivo” de alguna forma.
A veces no ataca directamente, pero se comporta de manera antinatural, como si siguiera a las personas, como si eligiera y empezará a crear consciencia.
Nadie sabe si es un fenómeno natural… o algo más, algo que se esconde en lo más profundo.
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Luna y Santiago
El silencio que quedó después de que el agua desapareciera no fue alivio, fue una pausa incómoda, como si el mundo mismo estuviera respirando antes de decidir qué hacer después. Nadie habló de inmediato. Nadie quiso ser el primero en ponerle palabras a lo que acababan de ver.
La niña seguía aferrada a Valeria, temblando de una forma que no parecía irse con facilidad. No lloraba, pero su cuerpo entero reflejaba algo más profundo que el miedo inmediato. Tomás permanecía a su lado, observándola con esa atención que no era curiosidad, sino comprensión.
—Ya pasó —repitió en voz baja.
Ella negó suavemente.
—No… —susurró—. Solo cambia.
Valeria sintió un escalofrío.
Mateo observaba el entorno, tenso, esperando que algo más ocurriera, pero el agua no regresó de inmediato. Eso no significaba seguridad, solo significaba tiempo.
Raúl fue el primero en hablar.
—Tenemos que movernos.
Pero antes de que alguien respondiera… una voz los detuvo.
—Esperen.
Todos se giraron de inmediato. Un joven salió de entre los árboles. No tendría más de diecisiete o dieciocho años. Su ropa estaba en peor estado que la de cualquiera de ellos, húmeda en partes, marcada por barro oscuro y manchas que no parecían solo tierra. Su respiración era irregular, pero su mirada… su mirada estaba fija en la niña.
—Luna…
La niña se tensó.
Luego levantó la cabeza.
—¿…Santiago?
El nombre salió débil, como si no estuviera segura de poder decirlo. El joven dio un paso adelante.
—Soy yo.
La niña se soltó de Valeria, no corrió hacia él, pero avanzó rápido. Y cuando llegó a él, se detuvo. Como si no supiera si podía tocarlo. Santiago la miró con una mezcla de alivio y dolor.
—Pensé que… —empezó ella.
—Yo también —respondió él.
Y entonces si, se abrazaron. El grupo observó en silencio, nadie interrumpió, pero algo no encajaba. Valeria fue la primera en notarlo, luego Mateo.
Santiago no la sostenía con la misma fuerza, al menos no completamente, había rigidez en su cuerpo. Había… contención.
Cuando se separaron, él le tomó el rostro con cuidado.
—¿Te hicieron daño?
Luna bajó la mirada.
—Sí.
Esa única palabra bastó. Santiago cerró los ojos un segundo. Y cuando los abrió… había algo más en ellos. Algo oscuro.
Mateo dio un paso al frente.
—¿Quién eres?
El joven lo miró.
—Su hermano.
—¿Dónde estabas?
Santiago respiró hondo.
—Esperando.
El grupo intercambió miradas.
—¿Esperando qué? —preguntó Raúl.
Santiago miró hacia donde el agua había desaparecido.
—El momento correcto.
El silencio volvió a caer. Valeria lo observó con más atención.
—¿Qué hiciste?
Santiago no respondió de inmediato. Bajó la mirada hacia sus manos.
—Ellos… —empezó— …no la encontraron sola.
Luna apretó los labios.
—Nos encontraron a todos.
El grupo no dijo nada.
—A mis padres —continuó él— …los separaron primero. Dijeron que eran un problema. Que hacían ruido. Que no iban a durar, que eran un estorbo.
Su voz no temblaba, eso lo hacía peor.
—Nos obligaron a ver.
Valeria sintió cómo el estómago se le revolvía.
—Y luego… —añadió— …decidieron que ella era útil.
Luna se tensó. Tomás dio un paso más cerca. Santiago levantó la mirada.
—Yo escapé esa misma noche. No porque fuera fuerte… sino porque me escondí. Porque tuve miedo.
Negó suavemente.
—Pero no me fui lejos.— Miró otra vez hacia el agua.— Me quedé esperando.
Mateo frunció el ceño.
—¿El agua...?
Santiago sonrió levemente, pero no era una sonrisa normal.
—Me encontró primero, aunque en el fondo, yo lo acepte, necesitaba su poder.
El grupo se tensó de inmediato. Valeria dio un paso instintivo hacia Luna.
—¿Qué quieres decir?
Santiago levantó la mano.
—No como ellos.— Señaló hacia donde antes estaban los hombres.— No fue inmediato.— Su respiración se volvió un poco más pesada.— Fue… lento.— Miró sus propios brazos.—Dolió al principio.
Silencio.
—Pero luego… dejó de doler.
Esa frase, todos sabían lo que significaba. Mateo tensó la mandíbula.
—¿Qué fue lo que hiciste?
Santiago levantó la mirada.
—Aprendí.
Un viento levemente frío pasó entre ellos.
—Sentí cómo se movía —continuó—. Cómo buscaba. Cómo… respondía.
Valeria sintió el miedo volver con más fuerza.
—Y cuando ustedes llegaron… —añadió— …supe que eran diferentes.— Miró a Luna.— Y supe que era el momento.
Mateo lo entendió.
—Tú llamaste al agua.
Santiago no lo negó.
—No la llamé…— Pausa.— La guié, solo necesitaba su poder a cambio...
El silencio fue absoluto. Luna lo miraba con los ojos abiertos, sin comprender del todo, pero sintiendo suficiente.
—¿Por qué? —susurró.
Santiago se acercó a ella.
—Porque ya no podía hacerlo solo.— Se arrodilló frente a ella.— Y porque ellos no merecían seguir.
Valeria no intervino, bueno, realmente nadie lo hizo. Porque en el fondo… lo entendían. Pero eso no lo hacía menos peligroso. Santiago tomó las manos de su hermana.
—Escúchame.— Ella asintió, temblando.— No puedo quedarme a tu lado.
—Sí puedes —respondió ella de inmediato.
Él negó.
—No, mi pequeña princesita.— Su voz se quebró por primera vez.—bYa no soy como antes.
Valeria sintió cómo el aire se volvía más frío.
—No tengo mucho tiempo —añadió.
Mateo dio un paso adelante.
—¿No puedes venir con nosotros?
Santiago lo miró y negó.
—No quiero que tengan que matarme después.
Esa frase cayó como un golpe. Luna comenzó a llorar en silencio.
—No…
Santiago la abrazó, esta vez con más fuerza.
—Escúchame —susurró—. Te vas a quedar con ellos.
Miró a Valeria y luego a Mateo.
—Son buenas personas... Y tienen un niño que seguramente tiene tu edad.
Mateo frunció ligeramente el ceño.
—No somos—
—Se cuidan —lo interrumpió Santiago—. Y eso es lo que importa, aunque si parecen pareja.
Valeria y Mateo intercambiaron una mirada breve, no respondieron, pero tampoco lo corrigieron.
Santiago volvió a mirar a Luna.
—Confía en ellos.
La niña negó, llorando.
—No me dejes…
Él cerró los ojos un segundo.
—No puedo quedarme … ya no soy tu adorado hermano mayor.— se separó apenas y besó su frente.—Te quiero.
Luna lo abrazó con más fuerza.
—Yo también…
Santiago respiró hondo. Y entonces… su cuerpo se tensó de nuevo. Como si algo tirara de él desde dentro. Se separó con dificultad, retrocediendo.
—Ya viene por mi…
Su voz cambió, muy levemente.
—Hermano… —susurró Luna.
Él la miró por última vez y sonrió triste, pero en paz.
—Ya no duele.
El agua apareció detrás de él, silenciosa, como si lo reconociera, como si fuera suyo, Santiago no corrió, no se resistió, solo dio un paso atrás y dejó que lo alcanzara, su cuerpo no luchó, no gritó, solo… desapareció. El agua se cerró y se llevó lo que quedaba de él.
El grupo quedó en silencio, Luna cayó de rodillas. Valeria se acercó de inmediato y la abrazó.bTomás se sentó a su lado sin decir nada.
Mateo observó el agua, ás serio que nunca.
—Ahora sabemos algo más —dijo finalmente.
Valeria no preguntó qué, porque lo entendía.
El agua no solo destruía, también elegía y a veces… también ayudaba, pero nunca… sin llevarse algo a cambio.