Ella pasa una noche con un Ceo Y ese luego la secuestra al creer que ella esconde a su hijo
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Capitulo 18
Valentina se relajó en su abrazo.
Cerró los ojos.
—Necesito sentir calor… —murmuró.
Mateo bajó la mirada hacia ella.
—¿Y Necesitas algo más?— pregunto el,
Valentina pensó un segundo.
—Darte un golpe en la cara.
Mateo soltó una pequeña risa.
—Bueno… eso se puede negociar —dijo—. ¿Algo más?
Ella suspiró.
—Sí… necesito pintar.
Mateo asintió sin dudar.
—Mañana me encargo de eso.
Silencio.
Tranquilo.
—Ahora… vamos a dormir —añadió.
Valentina dudó un segundo.
Pero luego habló más bajo.
—¿Puedes dormir conmigo?
Mateo no lo pensó.
—Si es lo que necesitas… sí.
Sin decir más…
la tomó en brazos.
Con cuidado.
Como si fuera algo frágil.
La llevó a la habitación.
La recostó.
Pero ella no se separó.
Se acomodó sobre su pecho.
Aferrándose ligeramente a su camisa.
Y esta vez…
Mateo no dijo nada.
Solo la rodeó con un brazo.
Protegiéndola.
Valentina se quedó dormida rápido.
Demasiado rápido.
Como si por fin su mente hubiera encontrado un descanso.
Pero Mateo…
no podía dormir.
Miraba el techo.
En silencio.
Pensando.
—Mi hijo… —murmuró apenas.
Esa idea…
no lo dejaba en paz.
¿Dónde estaba?
¿Por qué ella lo ocultaba?
No lo entendía.
Porque ahora…
todo entre ellos estaba cambiando.
Mejorando.
Acercándose.
Y aun así…
esa parte seguía en la sombra.
—¿Cuándo vas a decirme la verdad…? —susurró, bajando la mirada hacia ella.
Valentina dormía.
Tranquila.
Inocente.
Como si no cargara ningún secreto.
Y eso…
lo confundía más.
—¿Cuándo vamos a ser una familia… de verdad?
Apretó un poco la mandíbula.
Intentando contener todo.
No quería presionarla.
No ahora.
No después de verla así.
Pero la incertidumbre…
lo estaba destruyendo.
Porque sentir que su hijo estaba en algún lugar…
lejos de él…
le dolía más que cualquier otra cosa.
Y por primera vez…
Mateo Arístides no sabía cuánto más podría esperar.
A la mañana siguiente…
Mateo ya estaba en su despacho.
Serio.
Tenso.
Esperando.
El informante entró con una carpeta en mano.
—Señor.
Mateo no perdió tiempo.
—¿Alguna noticia de mi hijo?
El hombre dudó apenas.
—No directamente.
Eso no le gustó.
—Habla.
—Solo tenemos una pista clara —continuó—. Ella estuvo internada en el hospital donde… supuestamente nació su hijo.
Mateo frunció el ceño.
—¿Supuestamente?
—Y la ecografía que encontramos en su departamento… es de ella.
Silencio.
Pesado.
—¿Es de ella? —repitió Mateo, más bajo.
—Sí, señor.
Pausa.
—De hecho… tiene historial médico en esa misma clínica.
Mateo apretó la mandíbula.
—¿Y el parto?
El informante negó.
—Ahí está el problema. No encontramos un registro claro de que haya dado a luz.
Mateo lo miró fijamente.
—¿Cómo que no hay registro?
—Está incompleto… o fue eliminado —respondió con cuidado—. Se nos complicó ese punto.
Eso…
no era normal.
Para nada.
Silencio.
—Pero hay algo más —añadió el informante.
Mateo alzó la mirada.
—Ella tiene un análisis de sangre positivo de embarazo.
Eso fue suficiente.
Para él…
confirmación.
Mateo se recostó en su silla.
Pensando.
Todo encajaba.
Demasiado bien.
—Entonces estuvo embarazada… —murmuró.
Sus ojos se endurecieron.
—Y me ocultó a mi hijo.
El informante no dijo nada.
Porque no hacía falta.
Mateo ya estaba armando todo en su cabeza.
Cada pieza.
Cada mentira.
Cada silencio de Valentina.
—Gracias —dijo finalmente, frío.
El hombre asintió y se retiró.
Cuando la puerta se cerró…
Mateo se quedó solo.
Mirando al vacío.
Pero por dentro…
todo se movía.
—No puede ser coincidencia… —pensó.
Hospital.
Ecografía.
Embarazo confirmado.
Pero sin registro de parto.
Eso solo significaba una cosa.
Alguien estaba ocultando algo.
Y no era cualquier cosa.
Era su hijo.
Mateo se levantó lentamente.
—Valentina… —murmuró.
Esta vez…
ya no había duda en su mirada.
Solo decisión.
Porque ahora no se trataba de sospechas.
Se trataba de verdad.
Y él iba a obtenerla.
Aunque tuviera que romper todo para conseguirla.