Selina tiene 18 años y descubrió que aunque puede transformarse en loba, no tiene a su loba interna. Ha estado enamorada de su amigo Isaac Newman el beta de la manada White Moon, ella creía que su amor por el sería correspondido, sin embargo dolorosamente descubre la verdad de sus sentimientos y la traición de quienes ella más amaba. Inesperadamente la ayuda viene de quien ella más detesta...
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Mientras Leti guardaba, recibí en mi correo una respuesta de la universidad, a ella la habían aceptado y yo estaba a la espera de que me confirmen el ingreso. Estaba segura de que me iría bien, ya que tenía excelentes notas, mejores que Leti incluso.
Pero al abrirlo me llevo la sorpresa de que no me aceptaban, no decían nada más. 'Lamentamos que no pueda estar con nosotros en la academia'.
Al cumplir los 18 cualquier lobo era recibido en ella, y quienes no podían ir tenían la opción de entrar a instituciones que se encuentran dentro del clan. Mi sueño de poder irme de aquí un tiempo, se esfumaba, decidí que no esto debía verificarse.
Leticia estaba más que sorprendida, no entendía nada, ese día fue a mi escuela a qué me pudieran explicar. La dirección parecía esconder algo.
- Hola Selin. Te ves molesta_ escuché la voz de Danilo cuando salía de mi escuela
- En unos días tenemos la fiesta de graduación y yo estaba haciendo los trámites para estudiar en la universidad. No puedo creer que me rechazaran_ dije
- Vaya, me comentaste de que eres una excelente estudiante_ decía pensativo
- Tengo que impresión de que la dirección me esconde algo_ dije enojada
Se veían incómodos, culpables como si los hubieran manipulado_ dije pensando
Debes creer que estoy loca_ susurré luego, respirando con más calma
- No para nada. Debe ser un mal día para ti_ mencionó él
- Si, lo es_ susurré afligida
- Vamos te acompaño hasta tú casa_ se ofreció
Cuando llegamos, note su atención y preocupación. Le di las gracias por todo y me iba a entrar.
- Selina.¿Crees que en el futuro podemos ser algo más?_ preguntó de pronto, dejándome perpleja
- ¿Qué cosa?_ dije, pero fuimos interrumpidos
- Pecas, oye me enviaron para dejarte esto_ escuché que Bruno se acercaba
Por primera vez agradecía su intrusión, no sabía qué decirle en estos momentos a Danilo. Me había tomado por sorpresa.
- ¿De qué se trata?_ pregunté
- Mmmm no lo sé. Es una carta dirigida a ti, vine a buscarte para entregarla, ya que estaba en la casita que vivías antes_ mencionó él
- Quizás sea de la universidad y me aclaren que el rechazo fue un error_ dije emocionada y abriendo el contenido
La carta decía:
“Te han mentido durante años. Investiga sobre tu vida y tu don.”
Solo esas palabras.
—¿Sucedió algo? —preguntó Danilo.
—No… pero tengo que ver qué voy a hacer —respondí, guardando el papel antes de que pudiera leerlo.
Entré a la casa y cerré la puerta con más fuerza de lo necesario.
Las palabras no se iban.
Te han mentido.
¿Quiénes?
¿Desde cuándo?
Y lo peor…
¿Sobre qué exactamente?
La persona que escribió aquello no quería que supiera quién era. Pero sabía de mí. De mi condición.
Y eso… no lo sabía cualquiera.
A la mañana siguiente fui directamente a la casa del alfa.
Si alguien tuviera respuestas….era él.
—Necesito saber qué significa esto —dije, extendiéndole la carta sin rodeos.
El alfa la tomó con calma. Demasiada calma.
Sus ojos recorrieron cada palabra… más de una vez.
—¿Estás segura de que no sabes quién podría ser? —preguntó.
Pero no sonaba curioso.
Sonaba… tenso.
—Si lo supiera no estaría aquí —respondí, cruzándome de brazos—. Tú sabías lo que soy. Dijiste que era diferente.
Di un paso hacia él.
—Así que dime… ¿qué es lo que no me han contado?
Hubo un silencio.
Uno pesado.
—Selina… —empezó, midiendo cada palabra—. Hay cosas que no se dicen antes de tiempo.
—¿Antes de tiempo? —repetí—. ¿O cosas que nunca pensaron decirme?
Sus ojos se endurecieron apenas.
—Todo lo que hemos hecho ha sido para protegerte.
Sentí que algo dentro de mí se quebraba.
—¿Protegerme? —solté una risa sin humor—. Qué curioso… porque se sintió exactamente como lo contrario. Por eso no puedo estudiar en la Universidad.
El alfa no respondió de inmediato.
Pero esta vez…
Fue él quien evitó mi mirada.
—No todo es tan simple como crees, Selina —dijo el alfa finalmente, dejando la carta sobre la mesa.
—Entonces complícalo —repliqué—. Pero dime la verdad.
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Tu condición… no es algo que pueda explicarse en unas pocas palabras.
—Inténtalo —insistí, sin moverme.
El alfa exhaló lentamente, como si evaluara cuánto decir.
—Hay razones por las que has sido mantenida aquí. Razones que van más allá de tu seguridad.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿“Mantenida”? —repetí—. ¿Así le llamas ahora?
—Controlada —corrigió con frialdad—. Porque lo que eres… puede ser peligroso.
—¿Para quién?
—Para todos. Incluyéndote.
Di un paso atrás, procesando sus palabras.
—Entonces es verdad —murmuré—. Me han estado ocultando cosas.
—Te hemos protegido —respondió, firme.
—No. Me han usado.
El silencio volvió a caer entre nosotros.
Y entonces… Oí unos pasos.
—No deberías estar aquí.
La voz llegó desde la entrada.
Me giré.
Bruno estaba de pie en el umbral, con la mirada fija en mí… y luego en la carta sobre la mesa.
Su mandíbula se tensó apenas.
—Esto no te concierne —dijo el alfa, sin mirarlo.
—Claro que sí —respondió Bruno, avanzando un paso—. Todo lo que tenga que ver con ella… me concierne.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
—¿Desde cuándo? —pregunté, cruzándome de brazos.
Bruno no respondió de inmediato.
Solo me miró… como si evaluara algo.
—Desde siempre —dijo al fin.
Rodé los ojos.
—Qué conveniente.
—Selina —intervino el alfa—. No es el momento para esto.
—No, claro que no —repliqué—. Porque nunca es el momento cuando se trata de decirme la verdad.
Tomé la carta de la mesa.
—Alguien me dice que investigue mi vida… y lo único que obtengo de ustedes son evasivas.
Miré directamente al alfa.
—Así que voy a preguntarlo una vez más…
Bajé la voz.
—¿Qué es lo que no me están diciendo?
El alfa no respondió.
Pero esta vez…
fue Bruno quien habló.
— Pecas si empiezas a buscar respuestas… no vas a poder detenerte.
Lo miré, frunciendo el ceño.
—¿Eso es una amenaza?
—No —dijo, sin apartar la mirada—. Es una advertencia.
Di un paso hacia él.
—Entonces deja de advertirme… y empieza a hablar.
Bruno apretó la mandíbula.
—No puedo pecas.
—No quieres —corregí.
—No puedo —repitió, más firme.
Y por primera vez…
dudé. Sus ojos por primera se veían preocupados.
y el Ysacc anda entre las 2😡😡😡
de seguir al malvado de su padre y se ponga los pantalones por ella
sobre todo la perra de la amiga que es igual a Carol