Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
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BAJO EL MISMO TECHO, ENEMIGOS SILENCIOSOS.
El camino a la mansión Wu no era difícil de reconocer.
Era la última casa al final del camino.
Sin rutas alternas.
Sin desvíos.
Sin nada que indicara que podrían escapar de ella.
Era, prácticamente… una jaula de lujo.
Jinxiao apretó los puños al verla a lo lejos.
No.
No iba a rendirse tan fácilmente.
Aprovechando un descuido, intentó abrir la puerta del auto. Fue entonces cuando notó, por el retrovisor, que el chofer desviaba la mirada hacia el hombre sentado a su lado.
Su esposo.
O mejor dicho… el esposo de este cuerpo.
—Para el auto —ordenó Jinxiao con firmeza.
El chofer dudó.
—Si lo haces, estás despedido —dijo Quian con frialdad—. No creas que tu jueguito de escaparte me convence mucho.
Jinxiao giró el rostro hacia él, con una mirada afilada.
—Para mí no es un juego… ¿o ya olvidaste el cajón lleno de papeles de divorcio?
Un silencio incómodo llenó el vehículo.
Quian lo observó detenidamente, como si intentara descifrarlo.
—¿De verdad crees que mamá, papá y la abuela me dejarán en paz cuando sepan que firmaste eso?
Se inclinó hacia él, invadiendo su espacio personal.
Como siempre hacía.
No para herirlo.
Sino para… contenerlo.
Para “calmarlo”.
Para demostrar una falsa cercanía.
—No me interesa —respondió Jinxiao, apartándose con molestia—. Y poco me importa lo que les digas.
El auto finalmente se detuvo.
—Señor, hemos llegado —anunció el chofer.
Jinxiao abrió la puerta sin esperar.
—Para la próxima, si abres sin mi consentimiento… estarás despedido —añadió Quian, lanzándole una mirada fría al conductor.
Jinxiao ni siquiera volteó.
Salió del auto.
Respiró hondo.
Y caminó hacia la mansión sin mirar atrás.
En el otro auto, la situación era completamente distinta.
Lin no protestó.
No gritó.
No hizo ningún berrinche, como solía hacerlo el personaje original.
Estaba… demasiado tranquilo.
O al menos, eso aparentaba.
"Mi viaje a la playa…"
"Los hombres que hubiera podido conocer…"
Su expresión se torció levemente.
"Maldita sea…"
—Estás muy callado, ¿no crees? —preguntó Liang, observándolo de reojo.
No hubo respuesta.
Solo silencio.
Uno incómodo.
Uno peligroso.
Cuando el auto se detuvo, Lin salió sin decir una palabra y caminó directamente detrás de Jinxiao.
Ambos cruzaron las puertas a la mansión.
Su nuevo hogar.
Les gustara o no.
—Jinxiao, cálmate, vas a terminar rompiendo la puerta —dijo Lin al verlo forcejear con ella.
Lo apartó con cuidado.
Y la abrió.
Pero lo que encontraron dentro…
Los dejó paralizados.
La suegra.
Y la abuela política.
Esperándolos.
—Chicos, llevo rato esperando a que alguien se aparezca —dijo Yan Wu con una sonrisa elegante—. Por cierto… ¿por qué azotaron la puerta al abrir?
Jinxiao bajó la mirada apenado.
—Lo siento…
—Mi niño… ¿qué tienes? —preguntó la abuela, acercándose con preocupación—. ¿Fue ese tonto de Quian quien te hizo molestar?
Algo dentro de Jinxiao se tensó.
Pero decidió actuar.
Se acercó lentamente…
Y se arrodilló frente a ella.
—Madre… —dijo con voz quebrada—. Por favor… dile que me deje ir.
El ambiente cambió al instante.
—¿Ir? ¿A dónde? —preguntó Yan, alarmada.
—Madre… yo sé que su hijo ya tiene a alguien más en su corazón —continuó, bajando la cabeza—. Estoy dispuesto a firmar el divorcio… solo quiero estar lejos de él.
Sus manos temblaron ligeramente.
—Prometo… que nunca más apareceré frente a él.
El silencio se volvió pesado.
Entonces, Lin dio un paso al frente.
—Abuela… mi suegro está muy molesto… y yo también —dijo con voz dolida—. Tu nieto no llegó a cenar anoche… y lo peor… lo grabaron en un bar cuidando a esa chica.
Bajó la mirada, fingiendo tristeza.
—Por favor… déjanos retirarnos de nuestros matrimonios.
Yan Wu quedó completamente impactada.
Nana Liu ya le había advertido algo.
Que esa mañana… ambos habían actuado diferente.
Desde comer cosas que normalmente rechazaban… hasta abandonar la mansión sin explicación.
Pero esto…
Esto era demasiado.
En ese momento—
La puerta se abrió nuevamente.
Quian y Liang entraron.
—¿Qué creen que hacen ahí parados? —dijo Yan, girándose con severidad—. Vengan a arrodillarse.
—Mamá— intentó decir Quian.
—Abuela, no es lo que crees— añadió Liang.
—¡Arrodíllense!
Ambos obedecieron.
Sin más opción.
Los omegas mantuvieron la mirada baja.
Sus hombros temblaban levemente.
Lágrimas falsas… perfectamente actuadas.
—¿Acaso creen que estos matrimonios son un juego? —continuó Yan, claramente molesta—. Uno se la pasa las 24 horas en la oficina… y el otro persiguiendo a una chiquilla que nada tiene que ver en su vida.
El silencio era sofocante.
—Si continúan así… —añadió con frialdad— terminaré aceptando el único deseo de mis niños.
Ambos alzaron la mirada.
—Suegra… —susurró Jinxiao, con ojos brillantes por las lágrimas.
—Abuela… —añadió Lin con voz débil.
—No se preocupen —dijo Yan con firmeza—. Si estos dos se atreven a hacerles algo… no dudaré en pedirle a mi esposo que los desherede.
—¡Mamá!
—¡Abuela!
Ambos alfas tensaron el cuerpo.
Pero no dijeron más.
Mientras tanto…
Jinxiao y Lin intercambiaron miradas.
Una conexión silenciosa.
Clara.
"Un error más de ellos… y seremos libres."
Yan se levantó con elegancia.
—Ya me oyeron. Ahora vengan conmigo… quiero ir de compras con ustedes.
Se giró hacia los alfas.
—Y ustedes dos se quedan aquí. ¿Entendido?
—Sí, señora… —respondieron al unísono.
Jinxiao y Lin caminaron junto a ella.
Pero antes de salir…
Ambos voltearon ligeramente.
Y les dedicaron una mirada burlona.
Una pequeña victoria.
Por ahora.
Porque en esa mansión…
La guerra apenas comenzaba.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲