NovelToon NovelToon
Vendida Al Mejor Postor

Vendida Al Mejor Postor

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Amor prohibido / Romance
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Juliana Torra

Mi vida tenía precio…
y alguien pagó por ella.
Desde que nací, mi destino ya estaba escrito.

casarme con un hombre al que no amaba, unir dos familias, obedecer sin cuestionar.
Ser perfecta.
Ser sumisa.
Ser suya.
Pero el día de mi boda… huí.
Sin plan.
Sin rumbo.
Sin saber que escapar no me haría libre…
Ya no soy mía.
Pertenezco a quien ofreció más.
Pero aunque mi cuerpo cambie de dueño, mi espíritu sigue siendo libre.
Solo el tiempo dirá si esta venta fue mi perdición...
o mi salvación.

NovelToon tiene autorización de Juliana Torra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20 — Mentiras que respiran

Respiré hondo antes de bajar.

Una vez.

Dos.

Como si el aire pudiera acomodar el caos que tenía en el pecho, como si bastara con llenar los pulmones para poner en orden todo lo que estaba fuera de lugar dentro de mí.

El peso seguía ahí.

Invisible.

Persistente.

Bajé el primer escalón con cuidado, sintiendo cómo el silencio de la casa se mezclaba con el leve murmullo que venía desde abajo. No era ruido desordenado. Era actividad.

Controlada.

Medida.

Cada paso que daba me anclaba más a esa realidad que todavía no terminaba de aceptar del todo. Mi mano rozó el pasamanos, fría, firme… como si la casa misma tuviera pulso.

Como si respirara.

Cuando llegué al último escalón, todo ya estaba en movimiento.

No había pausas.

No había dudas.

El personal no perdía tiempo.

Helena daba instrucciones con precisión impecable, moviéndose con una seguridad que dejaba claro que no necesitaba supervisión. Su voz no era alta, pero todos la escuchaban. Todos la seguían.

Clara organizaba la cocina con una rapidez que parecía coreografiada. Cada utensilio, cada ingrediente, cada movimiento tenía propósito. No había improvisación.

Marco revisaba detalles estructurales como si cada tornillo fuera vital, como si una mínima falla pudiera desencadenar algo mucho más grande.

Y los de seguridad…

Ellos no se movían.

No hablaban.

No intervenían.

Solo observaban.

Siempre observaban.

Era inquietante.

Porque mientras los demás hacían su trabajo, ellos parecían estar esperando algo.

O a alguien.

Sentí sus miradas al instante.

No eran invasivas.

Pero eran constantes.

Evaluativas.

Como si ya me hubieran medido… y aún así siguieran haciéndolo.

Especialmente una.

Lleliam.

No necesitaba buscarlo.

Sabía exactamente dónde estaba.

Era como una presión en el ambiente, como una presencia que no se escondía… pero tampoco se anunciaba.

Y cuando finalmente giré la cabeza…

Ahí estaba.

De pie, ligeramente apartado del resto, pero con los ojos completamente fijos en mí.

No curiosos.

No insistentes.

Solo… atentos.

Demasiado atentos.

Como si no se le escapara absolutamente nada.

Como si incluso mi respiración fuera información útil.

No aparté la mirada de inmediato.

No le di ese gusto.

Pero tampoco pude sostenerla demasiado tiempo.

Porque había algo en él que no era fácil de ignorar.

No intimidaba de la forma obvia.

Era peor.

Era silencioso.

—¿Terminaste?

La voz de Alessio rompió el momento.

Giré la cabeza hacia él.

—Sí.

Mi tono fue neutro.

Medido.

No preguntó más.

No mencionó la llamada.

No mencionó el hecho de que subí corriendo.

No mencionó la tensión que claramente había sentido.

Nada.

Y eso…

Eso me incomodaba más de lo que quería admitir.

Porque Alessio no era un hombre que dejara cosas pasar.

—Ven.

No fue una invitación.

Pero tampoco una orden directa.

Era… algo entre ambos.

Una de esas cosas que no te obligan… pero tampoco te dan opción.

Lo seguí.

Atravesamos la sala principal, y esta vez sí me permití observar con más atención.

Cada espacio tenía intención.

Nada estaba colocado al azar.

Los colores, los materiales, la iluminación… todo transmitía algo.

Poder.

Control.

Silencio.

No era el típico lujo ostentoso que gritaba por atención.

Era peor.

Era el tipo de lujo que no necesita demostrarse.

El que simplemente… es.

—Aquí puedes hacer cambios —dijo mientras caminábamos—. Lo que quieras.

Miré alrededor.

Procesando.

—¿Todo?

—Todo.

Su respuesta fue simple.

Directa.

Pero cargada.

—Mientras no afecte la estructura.

—Obvio.

Mi tono fue ligero, pero mi mente no lo estaba.

Porque esa frase…

Tenía doble significado.

Siempre había algo que no debía tocarse.

Siempre había límites.

Subimos un pequeño nivel interno que no había notado antes.

Era sutil.

Casi oculto.

Pero el ambiente cambió de inmediato.

Más silencioso.

Más privado.

Más… suyo.

—Este lado no lo usa el personal.

Fruncí el ceño.

—¿Entonces?

—Es mío.

Ahí lo entendí.

Ese no era solo otro espacio de la casa.

Era su territorio.

Y eso…

Despertó mi curiosidad.

Pero también mi alerta.

Llegamos a una puerta.

Oscura.

Sólida.

Sin adornos.

Sin necesidad de destacar.

La abrió.

Y lo que vi…

No era solo una oficina.

Era un refugio.

Un despacho amplio, elegante sin exageración, con paredes parcialmente de vidrio que dejaban ver el exterior. La luz natural entraba de forma perfecta, sin invadir, sin deslumbrar.

Un escritorio grande, minimalista, impecable.

Tecnología integrada de forma casi invisible.

Una biblioteca perfectamente organizada, sin un solo libro fuera de lugar.

Pero lo que más llamó mi atención…

Fue el ambiente.

Silencioso.

Controlado.

Intocable.

Como si nada pudiera entrar ahí sin permiso.

Como si todo lo que ocurriera dentro… quedara dentro.

—Aquí trabajo —dijo.

Asentí lentamente.

—Se nota.

Di un par de pasos dentro, sintiendo cómo el espacio me envolvía.

—Es… muy tú.

—Lo sé.

Rodé los ojos apenas.

—Modesto.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

Breve.

Casi inexistente.

Pero estuvo ahí.

Y desapareció igual de rápido.

Como todo en él.

—Hay algo más.

Giré hacia él.

—¿Qué?

Sacó el teléfono que me había dado antes.

El nuevo.

Lo sostuvo entre sus dedos como si no fuera un objeto… sino una decisión.

—Quiero que uses este.

Fruncí el ceño.

—¿Solo ese?

—Sí.

—¿Por qué?

Se acercó un paso.

—Porque aquí están los únicos números que necesitas.

Mi respiración cambió apenas.

Más lenta.

Más consciente.

—¿Cuáles?

—El mío.

Hizo una pausa.

—Y el de tu padre.

El silencio cayó.

Pesado.

Innegable.

—Nadie más.

Sus ojos se clavaron en los míos.

—Cuando él llame… respondes.

—Ya me lo dijiste.

—Lo repito.

Su voz se endureció apenas.

—No importa la hora.

Asentí.

—Está bien.

Pero no me moví.

No tomé el teléfono.

No aparté la mirada.

Porque había algo más.

Y él lo sabía.

Siempre lo sabía.

—Tu otro teléfono… —continuó— puedes usarlo.

Eso me sorprendió.

Otra vez.

—Pero con cuidado.

Ahí estaba.

La condición.

Siempre había una.

—¿Cuidado con qué?

—Con quién hablas.

El aire se tensó.

—No soy una niña.

—No.

Se acercó un poco más.

Lo suficiente.

—Pero tampoco eres libre.

El golpe fue suave.

Pero directo.

Y dolió.

Más de lo que esperaba.

Más de lo que quería admitir.

—Entendido.

La palabra salió firme.

Pero por dentro…

No lo estaba.

Silencio.

Y entonces…

Lo dijo.

—Háblame de Cassie.

Mi corazón se detuvo un segundo.

Literal.

Un vacío.

Un golpe seco.

Pero mi rostro…

No reaccionó.

—¿Qué quieres saber?

—Todo.

Claro.

Por supuesto.

No podía ser algo simple.

Tomé aire lentamente, apoyándome apenas en el escritorio, como si necesitara ese punto de apoyo para no mostrar el leve temblor que comenzaba a formarse dentro de mí.

—Es… tranquila.

Empecé despacio.

Midiendo cada palabra.

Construyendo.

—Un poco tímida.

Sus ojos no se apartaron de mí.

—No lo parece.

—Lo es —insistí—. Solo que no con todos.

Hice una pausa.

Pensando.

Creando.

Ajustando cada detalle.

—Le gusta leer.

Escribir.

—¿Qué escribe?

—Historias.

Mis labios se curvaron apenas.

—De esas que nadie admite que le gustan… pero todos leen.

Su mirada cambió apenas.

Interés.

Curiosidad.

—¿Y?

—Le gustan las fiestas.

Eso lo sorprendió.

Lo vi.

En un pequeño gesto.

—¿Tímida y fiestera?

—Sí.

Me encogí de hombros.

—Es contradictoria.

—Como tú.

No respondí.

Porque no era necesario.

Porque tenía razón.

Y eso…

No me gustó.

—¿Qué más?

Tragué saliva.

—Le gustan los hombres complicados.

El silencio se volvió más pesado.

—¿Complicados?

—Difíciles.

Peligrosos.

Lo miré directamente.

—Los que no son buenos para ella.

Su mandíbula se tensó apenas.

—Interesante elección.

—No siempre elegimos.

—No.

Su voz bajó.

Más profunda.

—Pero siempre pagamos.

El aire cambió.

Otra vez.

—Es leal —añadí rápidamente—. Mucho.

—¿A quién?

—A quien se lo gana.

Silencio.

—¿Y tú te lo ganaste?

Esa pregunta…

No la esperaba.

No así.

No tan directa.

—Sí.

Respondí sin pensar.

Demasiado rápido.

Demasiado real.

Demasiado sincero.

Y lo notó.

Claro que lo notó.

Sus ojos se afilaron apenas.

Como si una pieza encajara.

Como si algo empezara a tener sentido.

Pero no dijo nada.

No todavía.

—Quiero conocerla.

El golpe fue inmediato.

—¿Qué?

—A Cassie.

Mi corazón se aceleró.

Fuerte.

Irregular.

—¿Para qué?

—Para ver si es como dices.

El aire se volvió más denso.

Más pesado.

—No creo que—

—Organízalo.

Su voz no dejó espacio.

—No es necesario.

—Lo es.

Dio un paso más cerca.

—Si es importante para ti…

Hizo una pausa.

Corta.

Precisa.

—Entonces quiero saber quién es.

Silencio.

Mi mente giraba.

Buscando una salida.

Una excusa.

Una grieta por donde escapar.

Pero no había.

—Ella… no es muy sociable.

—Ya me lo dijiste.

—No le gustan las personas nuevas.

—Se acostumbrará.

—Alessio—

—Valeria.

Su tono cambió.

Más firme.

Más definitivo.

—Quiero conocerla.

El silencio se estiró.

Y por primera vez…

No supe qué decir.

Porque no había salida fácil.

Porque había mentido.

Y ahora…

La mentira tenía que sostenerse.

O romperse.

Y ambas opciones eran peligrosas.

Muy peligrosas.

—Veremos —murmuré finalmente.

No fue un sí.

Pero tampoco un no.

Fue lo único que pude darle.

Y él…

Lo notó.

Claro que lo notó.

Pero no insistió.

No aún.

Y eso…

Eso solo significaba una cosa.

Esto no había terminado.

Apenas estaba empezando.

1
Luz elna Cordoba coba
terminar la novela
Anonymous
Póngame el otro capítulo por favor , porqué esperar tanto ?
Nini Marin
muy misteriosa y enigmatica🤔🤔🤔🤔🤔🤔 🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🫨🫨🫨🫨
Nini Marin
gracias escritora muchas gracias bendiciones éxitos en sus proyectos está muy interesante su historia 🙏🙏🙏🙏👍👍👍👍🙏🙏👍🫂🫂
T.gaitán: muchas gracias por los buenos deseos 🥰 me encanta que te guste mi novela
total 1 replies
Anonymous
Me gusta la novela aunque creo que va muy lenta
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play