📖 Sinopsis
Emma es una chica que siempre ha preferido el silencio. Desde niña, su timidez la mantuvo oculta tras las páginas de sus libros y las escenas de sus series románticas favoritas. Solo una vez fue valiente: cuando entregó una nota de papel preguntando: "¿Quieres ser mi novio?". Recibió un "Sí" de vuelta, pero el destino le arrebató ese amor el mismo día cuando sus padres la cambiaron de escuela sin previo aviso.
Años después, Emma trabaja en una fábrica de zapatos, atrapada en una rutina de cuero, máquinas y soledad, refugiándose en una cuenta de Instagram anónima donde escribe sus penas. Pero su mundo de cristal está a punto de romperse cuando recibe una notificación en su cuenta personal: “Hola, ¿tú eres Emma Rodríguez?”.
¿Es posible que el niño de la nota nunca la haya olvidado? ¿Podrá Emma superar su timidez antes de que el pasado se le escape de las manos otra vez?
NovelToon tiene autorización de rosse 345 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18: Entre el mercado y los sueños
El domingo llegó con esa calma que solo tienen las mañanas de descanso. Me desperté temprano, disfrutando del silencio, y seguí mi ritual de cada semana: una ducha reparadora, un desayuno ligero y vestirme para ir a la iglesia. Es mi momento de paz, el lugar donde me siento más cerca de mis padres y mi abuela.
Al salir de la congregación, pasé por el supermercado. Mientras recorría los pasillos comparando precios para que el presupuesto rindiera, el teléfono vibró en mi bolso. Era un audio de Julián.
—Hola, princesa. ¿Cómo amaneciste? Espero que muy bien y que ya hayas desayunado algo rico —su voz sonaba relajada, con ese tono matutino que me revolvía el estómago.
Le respondí con rapidez mientras hacía fila para pagar:
Emma: "Hola. Amanecí muy bien. Salí temprano a la iglesia y ahora voy saliendo del súper. ¿Y tú? ¿Pudiste descansar?".
—Sí, me estoy despertando justo ahora —me respondió en otro audio—. Tengo muchísimo trabajo hoy, me toca editar todas las fotos del evento de anoche y enviarlas al dueño. Es una montaña de archivos.
Emma: "¡Huy! Eso debe llevar mucho trabajo... pobre de ti".
Julián: "Algo... pero hablando contigo trabajo mucho más rápido, me inspiras. Jeje".
Solté una risita nerviosa frente a la cajera, que me miró con curiosidad.
Emma: "¡Oye! Rey de los piropos... Te escribo cuando llegue a casa. Voy a tomar el autobús y llevo muchas bolsas encima".
Guardé el teléfono y me enfrenté a la odisea del domingo: un autobús repleto. Me tocó ir de pie, aferrándome con fuerza al pasamanos mientras las bolsas del mercado tiraban de mis brazos. En ese momento, rodeada de gente y calor, la vida de Julián —con sus estudios fotográficos y sus eventos de gala— parecía pertenecer a otro planeta.
Finalmente llegué a mi parada, caminé las cuadras que me faltaban y entré en casa con un suspiro de alivio. Arreglé todo en la cocina, me di un baño para quitarme el cansancio del trayecto y me puse mi pijama más cómoda. Era el momento de mi serie... y de escribirle a él.
Al sacar el teléfono, vi un audio que no había podido escuchar en el bus:
—Emma... ¿por qué no me dices dónde estás? Podría haber pasado a recogerte para que no cargaras con todo eso. Avísame apenas llegues, por favor.
Me quedé sin palabras frente a la pantalla. ¿Julián pasando a buscarme en su auto mientras yo salía del súper con mis bolsas? La idea me parecía tan lejana y, a la vez, tan dulce.
Emma: "Ya estoy en casa, no te preocupes. Todo bien".
Al poco rato, el teléfono pitó.
Julián: "Ya me tenías preocupado... pensaba que te habías perdido entre las bolsas".
Emma: "¡Qué exagerado eres! Jajaja".
Me levanté a la cocina para prepararme algo de comer cuando, de repente, el teléfono empezó a sonar. Era una videollamada. Al atender, la imagen de Julián apareció en pantalla. Estaba sentado frente a su computadora, rodeado de pantallas con fotos brillantes, pero su rostro reflejaba un cansancio evidente. Tenía los ojos un poco rojos y el cabello revuelto, pero al verme, su expresión se iluminó de inmediato.