Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
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Capítulo 3: El refugio del hechicero
Capítulo 3: El refugio del hechicero
Camino por las calles de la manada MoonBlack mientras el viento frío mueve mi cabello plateado. Nuestro pueblo es enorme y siempre está lleno de vida. Hay tiendas de ropa, panaderías, herrerías, edificios administrativos, restaurantes y hasta un colegio donde estudiamos todos los cachorros de la manada.
Sí, los hombres lobo también estudiamos.
Aunque las clases normales solo son una parte de nuestra educación. Más adelante comienzan los entrenamientos de combate, supervivencia y control del lobo interior.
Por ahora… sigo siendo demasiado pequeña para eso.
Mis pasos me llevan hasta los límites del territorio, donde el bosque se vuelve más silencioso y la niebla cubre los caminos de piedra. Allí, apartada de las demás casas, se encuentra la residencia de Charles.
El brujo de MoonBlack.
O al menos así le dicen todos.
Nunca entendí muy bien cómo terminó viviendo con nosotros, pero sé que ha acompañado a la manada desde la época de mi abuelo… o tal vez incluso antes.
Y aun así no parece anciano.
A veces pienso que hizo algún pacto con la Diosa Luna.
Aunque eso tampoco sería tan raro entre nuestra especie.
Los hombres lobo envejecemos diferente. Podemos vivir siglos manteniendo una apariencia joven. Mi padre, por ejemplo, parece un hombre de treinta y cinco años, aunque estoy segura de que tiene muchos más.
Así que imagino que Charles, siendo un brujo de alto rango, debe poseer alguna habilidad similar.
Llego frente a su casa y toco la puerta varias veces.
Nada.
—¿Charles? —llamo.
No responde.
Frunciendo el ceño, empujo la puerta lentamente y entro.
La casa siempre logra impresionarme.
La sala es inmensa y cálida. Una enorme chimenea ilumina el lugar con un fuego anaranjado que contrasta con las sombras violáceas del resto de la habitación. Sobre la repisa cuelgan antiguos símbolos grabados en plata oscura, y enormes estanterías cubren las paredes hasta el techo, repletas de libros envejecidos, pergaminos, frascos con líquidos brillantes y extraños cristales púrpuras que iluminan suavemente el lugar.
El aire huele a hierbas, madera antigua y magia.
Desde que aprendí a leer, este se convirtió en uno de mis lugares favoritos.
Camino distraída mirando algunos títulos cuando escucho una voz desde arriba.
—Veo que huyes de tus hermanos.
Levanto la cabeza rápidamente.
Charles está apoyado sobre la baranda del segundo piso observándome en silencio.
Y por un instante entiendo por qué tantos miembros de la manada parecen incomodarse cerca de él.
Charles es… demasiado hermoso.
Su cabello negro cae desordenado sobre su rostro, ligeramente húmedo, dándole un aspecto salvaje y elegante al mismo tiempo. Sus ojos color violeta brillan tenuemente bajo la luz del fuego, profundos y peligrosos, como si ocultaran secretos imposibles de comprender.
Su piel es clara, casi perfecta, y sus facciones son tan refinadas que parece más una criatura sobrenatural que un humano.
Viste completamente de negro.
Una túnica larga y elegante adornada con bordados oscuros y cadenas plateadas cubre su cuerpo. Varias joyas violetas descansan sobre su pecho y manos, irradiando una energía extraña que incluso yo puedo sentir.

Da miedo.
Pero también transmite una calma difícil de explicar.
Baja las escaleras lentamente mientras me observa con una pequeña sonrisa divertida.
—No me mires así, niña.
Se acerca y golpea suavemente mi frente con dos dedos.
—Ahora dime… ¿qué hiciste esta vez para que llamaran la atención a tus hermanos?
Resoplo mientras él vuelve hacia el enorme caldero que hierve sobre el fuego.
Sirve un líquido espeso en dos recipientes y me entrega uno.
Miro el contenido con horror.
Es una mezcla verde pantano… viscosa… y juraría que algo se movió ahí dentro.
Por la expresión de mi rostro, Charles termina soltando una carcajada baja.
—Bella, es un vitalizante. Te ayudará a recuperarte. No voy a envenenarte.
Lo miro con desconfianza.
—La vez pasada dijiste lo mismo y estuve enferma durante un mes.
Charles se ríe aún más fuerte.
—Eso fue un pequeño error de cálculo.
—¡Casi muero!
—Pero no moriste.
Entrecierro los ojos.
Definitivamente no debería confiar en este hombre.
Cierro los ojos y bebo el líquido de golpe.
Pero me sorprendo.
Aunque huele horrible y parece veneno, su sabor es dulce.
Muy dulce.
Charles sonríe satisfecho mientras bebe tranquilamente del suyo en una elegante copa oscura.
—Sabía que la luna me destrozaría si llegabas a enfermar por mi culpa.
—Mamá sí sería capaz.
—Tu madre es aterradora cuando se trata de ti.
No puedo evitar reírme un poco.
Paso las siguientes horas recostada sobre unos grandes cojines en una esquina de la sala leyendo libros mientras observo a Charles trabajar.
Nunca lo vi usar magia como en las historias humanas.
Nada de varitas ni luces brillantes.
Su magia parece más… antigua.
Más peligrosa.
Me gusta observar cómo mezcla hierbas, piedras pulverizadas y líquidos extraños mientras murmura palabras en idiomas que no entiendo.
A veces aparecen símbolos luminosos alrededor de sus manos.
Otras veces las llamas de la chimenea cambian a un color violeta oscuro.
Y en más de una ocasión siento que las sombras dentro de la habitación se mueven solas.
Pero Charles actúa como si todo fuera completamente normal.
El tiempo pasa tan rápido que ni siquiera noto cuándo cae la noche.
Hasta que alguien toca la puerta.
Toc.
Toc.
Al mismo tiempo, un fuerte sonido atraviesa todo el territorio.
La alarma de la manada.
Mi corazón se detiene.
Intrusos.
O un ataque.
Charles deja inmediatamente lo que estaba haciendo.
Por primera vez desde que lo conozco, su expresión tranquila desaparece.
Sus ojos violetas se endurecen.
Y la temperatura de la habitación parece descender de golpe.
Me mira fijamente.
—Bella, ve ahora mismo a mi habitación y enciérrate. No abras la puerta sin importar lo que escuches.
Trago saliva y asiento nerviosa.
Charles camina hacia la entrada y abre la puerta.
Del otro lado están Rafael y Andy.
Los tres se miran en silencio.
No hace falta decir nada.
Algo malo está ocurriendo.
Rafael respira agitado.
Andy tiene el rostro completamente serio.
Y Charles…
Charles parece molesto.
No asustado.
Molesto.
Eso me asusta más.
Minutos después, me encuentro encerrada en la habitación de Charles junto a mis hermanos.
Andy permanece atento cerca de la puerta.
Rafael mira constantemente por la ventana intentando escuchar algo afuera.
Y yo…
Solo intento controlar el miedo que aprieta mi pecho mientras toda la manada MoonBlack parece sumirse en el caos.